Fotografías de ficción
En el mundo de flashes de los Estados Unidos, las mejores imágenes llevan la firma de Annie Leibowitz. Por su objetivo han pasado la inmensa mayoría de las celebridades que han producido el cine, la música, la televisión, la literatura, el deporte e incluso la política estadounidenses en el último medio siglo. Aunque es la etapa que va desde la década de los noventa hasta nuestros días la que se recoge en 197 fotografías en la exposición Annie Leibowitz, a Photographer's life; 1990-2005, en el Museo de Brooklyn.
Hablar de Leibowitz es referirse a la retratista por excelencia de los personajes de la mayor industria de entretenimiento del mundo. De ella son algunas de las instantáneas que más fácilmente se recuerdan en la memoria colectiva, como la fotografía de John Lennon desnudo y abrazado a Yoko Ono, tomada poco antes de la muerte del ex Beatle, considerada asimismo la mejor portada de la historia de la revista Rolling Stone.
En la muestra de Brooklyn, se pueden ver imágenes de personajes de la pantalla como a Steven Spilberg recreándose ante la cámara como un niño, a un viejo Jack Lemmon con la sonrisa partida o a Jack Nickolson camuflado tras unas enormes gafas de sol con el brillo de su calva.
También hay varios músicos, tales como Iggy Pop de frente y de espaldas con el torso desnudo y arrugado sobre unos pantalones vaqueros a medio tirar, Willie Nelson recordando a un tótem indio con su legendaria cabellera suelta, o Johnny Cash con su mujer, June Carter, arropándose el uno al otro en una tarde gris en el porche de su casa. Entre los escritores, se encuentra, por ejemplo, un William Burroughs aducido, de frente y de perfil, por la vida.
Luego, existen otros retratos que cuesta creer que son reales porque es difícil pensar que los sujetos que posan no se han sonrojado al verse después en la imagen. Uno de ellos tiene como protagonista al gabinete de Bush en la Casa Blanca, con los desaparecidos Collin Powell y Donald Rumsfeld. El presidente y sus secretarios se erigen en pantomima tan triunfantes e idílicos con la bandera estadounidense detrás que parecen adolescentes que van a estrenar uniformes nuevos. Otro es el de Donald Trump con su mujer; él la mira de reojo desde un deportivo de escándalo mientras ella desciende a medio desnudar por las escaleras de un Boeing. 
Sin embargo, la estrella del escándalo es la famosa imagen de Demi Moore desnuda, sólo con su anillo conyugal, y embarazada. Publicada en agosto de 1991 en la revista Vanity Fair, la portada dio la vuelta al mundo y creó un precedente. Un texto de Leibowitz que se recoge junto a la fotografía asegura que fue Demi Moore quién tuvo la iniciativa de hacer tal pose a pesar de que Leibowitz sabía que tenían una bomba en las manos.
La exposición también tiene sus fotografías personales donde la artista acerca al público imágenes de sus padres y algunos de sus viajes por el mundo con su amante desaparecida, mi respetadísima y querida Susan Sontag, que algún día tendrá su capítulo en estas serenatas. Es la parte más floja del recorrido, tal vez porque se aleja de la ficción donde Leibowitz se mueve como pez en el agua. Es en ese mundo de famosos donde pesca los rasgos más acentuados de tales personajes en representación. Hace algo parecido a lo que hacían los grandes retratistas de la historia de la pintura que se fijaban en el detalle para sugerir en su obra la personalidad que escondía el retratado, sólo que Leibowitz se enfrenta con tal intensidad a sus sujetos que cuando da con el punto, el destello sobrepasa la imagen.



Ese vientre que alberga un bebé se ve glorioso. Y es tan apacible la faz de Demi Moore.
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