Monday 18 de December de 2006

Christmas Tree

Es cierto que hasta ahora me he resistido a hablar de la Navidad, pues suficiente se adelantan ya los anuncios de televisión y los escaparates de las tiendas decorados para estas fechas siempre tan señaladas. Pero encaramos la recta final hacia la Nochebuena y el día de Navidad y creo que ya es momento de comentar el jolgorio neoyorkino.

Reconozco que al principio me costó cogerlo. Puede que me esperara, como cuando te cuentan maravillas de una película, algo más. Manhattan es la ciudad que no duerme y que nunca se encuentra apagada. Por eso, ha sido difícil reconocer un espíritu diferente que se viera caracterizado en una iluminación especial por las calles o en un movimiento más intenso, como en el caso de otras ciudades europeas. Ambas cosas, luz y actividad, vienen adheridas por "defecto" a la piel de la metrópoli. Intentar percatarse de una dinamo más enérgica en Times Square es tarea casi imposible. Tampoco resulta fácil ver una mayor agitación en las compras. Puede que las tarjetas de crédito se achicharren un poco más en el periodo navideño pero comprar compulsivamente es algo que se lleva en cualquier época del año.

Con éstas, todo el mundo hablaba de una Navidad que se me escapaba delante de mis narices. Hasta mi propio cuerpo me contradecía cuando repleto de energía está acostumbrado por estas fechas a decaer en una pesadumbre bañada en melancolía. Por momentos me era imposible creer y sentir que la Navidad había llegado a Nueva York.

Sin embargo, ha habido un chispazo que ha encendido la estrella. En una ciudad cúmulo de tantas vibraciones, la concentración puede destellar como pocas veces. Y en el Rockefeller Center sucede. Presidiendo la plaza, su inmenso árbol de Navidad resplandece elegante, vivaz, magno... fantástico, en una palabra. Un abeto gigante de más de 20 metros y medio siglo de vida, inflado en su curiosa silueta de bizcocho envuelto en lucecitas rojas, amarillas y naranjas, reina en mitad de la Quinta Avenida. El sobrio Rockefeller, estirado hacia el cielo, le acompaña a sus espaldas con su iluminación de tridimensionales copos de nieve. Frente al árbol, grandes estrellas blancas y azules cuelgan de las fachadas de los edificios en un espectáculo musical de campanas. A sus pies, la pista de hielo parece una postal viva con su Prometeo de oro centelleando a cada flash de las cámaras y paso de los patinadores.

El deleite no es sólo para la vista sino que el ambiente absorbe en ese jazz navideño que recorre cada rincón de la plaza. El agua de las pequeñas fuentes del centro del paseo sigue su curso mientras unos ángeles con trompetas crean un pasillo colorido. Y en la muchedumbre gozosa, que no incomoda como en otros sitios de Nueva York, muchas personas hacen cola tranquilamente para cazar la foto ideal con los ángeles plateados a los lados y el árbol de Navidad de fondo.

Es un espacio reconfortante, que da lo que promete: sensación de calidez y notas de luces y de música flotando en torno a un gran árbol que te abraza en tiempo de frío.  

Posted by Fernando Navarro at 04:06:16 | Permanent Link | Comments (1) |
Comments
1 - Hermosura. Como una gran performmance que dura unos días.

Qué vívida la sensación de estar allí... (Comment this)

Written by: Rain at 2007/03/01 - 05:46:12
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