TV (Parte I)
La televisión en Estados Unidos es, por lo general, un martirio. Desde hace tiempo me considero una persona despegada de ese aparato por falta de tiempo y, especialmente, por falta de interés. No soy un amante del televisor ni necesito relajarme frente a la pantalla intentando masticar lo que me ponen. Antes prefiero dejar de comer. Sí, se puede decir que soy un irremediable sibarita de la televisión.
Viviendo en Nueva York, me sigue pasando lo mismo, a pesar de que por eso de hacer oído con el inglés concedo más oportunidades a lo que en otro caso nunca haría. Me sigue faltando tiempo e interés, pero no quita para que pueda asegurar que sin la televisión por cable la situación, mi situación, pueda llegar a desesperar.
Primero, porque cada cinco minutos cronometrados de serie o programa irrumpen otros cinco minutos cronometrados de anuncios. En horario de máxima audiencia (prime-time), este mandamiento se cumple a rajatabla. Es como tener que aguantar sobre la cabeza el picoteo regular e incesante de un pájaro. Se necesita paciencia y buenos modales para tener que soportar que interrumpan cada dos por tres un discurso del Doctor Gregory House o entre un coche de una conocida marca en la isla de los supervivientes de Perdidos. El colmo se lo llevan los chicos del informativo de la mañana de la cadena ABC. Los cuatro sonrientes presentadores de Good Morning America hacen siempre la misma jugada repartiéndosela una mañana cada uno. "Volvemos enseguida", dicen. Cinco minutos de publicidad. Vuelven, y depende del día, sonríe uno de ellos diciendo: "Nos vamos, que tengan buena mañana, nos vemos mañana". Cinco minutos de publicidad esperando diez segundos de despedida.
Segundo, porque la programación es realmente infumable, por mucho que la calidad de la última hornada de las series estadounidenses sea un hecho que no se puede cuestionar. No se salvan ni con esas. Es casi imposible que emitan una película, que van a parar a los canales de pago. Por ejemplo, a la hora de comer, es casi imposible no ver algo que no sea un juez resolviendo casos y disputas patéticas. Y, a la hora de cenar, es casi imposible tragarse nada.
Tercero, por los reality shows, que se han hecho con la hegemonía absoluta de la televisión. Lo que empezó con tanta habladuría de experimento social y demás estupidez magnificada es hoy un fenómeno que no tiene quién lo pare, porque las cadenas ante una audiencia tan segmentada no pueden justificar los elevados costes de producción de las series de ficción. Un reality show es más barato y ofrece más posibilidades de reunir a todo tipo de públicos. Así, una de las últimas en encontrarse en la trinchera contra el reality ha caído. NBC anunció hace un mes que no volverá a emitir ficción en la franja de las ocho de la tarde, el horario en el que nacieron comedias tan legendarias como Cheers, Seinfeld o Friends. Desconozco la mayoría de ellos, que están por igual en la televisión pública como en el cable, y se han convertido en un abanico inabarcable. Hay incluso una cadena temática, Fox Reality.
De todas formas, entre todos, uno de ellos es Amish in the city (Amish en la ciudad), que agasaja a varios jóvenes amish con los beneficios de la vida moderna para que luego decidan si quieren volver a sus campos de maíz. Otro es The bachelor (El soltero), donde un guaperas tiene que tomar la difícil decisión de quedarse con una de todas las chicas que suspiran por él. Cada semana va dando una rosa a las dulces concursantes hasta que una se queda compuesta y sin flor, saliendo de patas del concurso. Y hay peores como Are you hot? (¿Estás buena?), donde un burdo Lorenzo Lamas señalaba la celulitis de las concursantes con un puntero láser, o Gay, Straight or Taken?, donde una mujer tiene que adivinar conviviendo con tres hombres cual de ellos es homosexual.
Sin embargo, el que parece estar en lo más interesante estos días es Beauty and the geek (Belleza y cretino, concursantes en la foto) que promueve el duelo entre siete mujeres sex bomb, formadas principalmente por silicona, y genios del campo de los frikis, poco agraciados físicamente y formados supuestamente por cerebro. Ellas tienen que aprender todo tipo de conocimientos que ellos les enseñan tales como mecánica o matemáticas, mientras que ellas les enseñan cosas más sociales como bailar, aprender a dar un masaje o lecciones de estilo de ropa. Primero se forman las parejas entre ellos y luego cada pareja dormirá en una habitación equipada hasta que se vayan eliminando y quedar una, la ganadora. De hecho, la cadena H&M ha sacado una línea de ropa basada en la serie.
¿Conocéis algo peor que alguna de estas cosas?



Lo que más me flipa es lo de la publicidad. Nos había contado un profe en clase que en USA los canales de televisión respetaban los cortes narrativos "estructurales" de las series, es decir, los fundidos a negro que marcan los finales de los diferentes actos: presentación, publicidad, careta, primer acto, publicidad, segundo acto, publicidad, etc. Si eso no es verdad... cuánto más de lo que nos contó tengo que cuestionarme? ¿O es que ha cambiado en los últimos diez años? Claro, es que han pasado diez años...
Qué sinvivir.
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No tener cable en NY viene ser como que un domingo por la mañana dejes entrar a los testigos de Jeova en tu casa a que te cuenten el Atalaya.
Y ya que has puesto TV parte 1, una peticion, escribirias alguna serenata sobre los canales hispanos? sus anuncios , sobre todo los de cursos de ingles para recien llegados, son dignos de estudio.
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Cuando estaba en Canadá, yo me dedicaba sobre todo a ver la BBC y una cadena en la que ponían siempre series de humor estadounidenses (Friends, Sendfield, Los Simpsons...) Y con el cable, por supuesto, también tienes acceso a un montón de canales culturales, de historia, etc... (Comment this)
Bueno, yo ahora consumo series por pirateo. Me veo seis capítulos seguidos onseguidos en Internet de Lost y me quedo estupendamente. No se puden poner puertas al campo; tendrán que cambiar su modelo de negocio ¿no? (Comment this)
Surren: Lo de la tv latina es otro episodio de esta serie. Aún más disparatada.
Dani: Aquí no dejamos de ser inmigrantes, sin número social, que tanta falta hace para todo. Si queremos cable, al no tener número social, debemos pagar un depósito de 200 $ que te lo van descontando hasta los dos años. En fin, que al final estás pillado y acabas con la tv pública, y tanto anuncio.
No Surrender: Pues yo tampoco lo entiendo :-)
Lo que dices de piratear es lo que yo mismo hago. Ya sabes, a bajarse los Sopranos!!! Por cierto, tengo que contar una muy grande del último capítulo de los Soprano de la sexta temporada que acabo de terminar de ver. (Comment this)
Por cierto, felicidades por tus artículos, que son excelentes.
Saludos (Comment this)
para no desaprovechar este beneficio.
Más adelante , tendrás en casa, la oportunidad de ver lo que te interesa sin esos molestos cortes. Espero nos los cuentes. (Comment this)