La rejilla
Entre Lexington Avenue con 52th Street, todavía permanece la más deseada de las rejillas del subterráneo de Nueva York, por la que cada día pasan neoyorkinos acelerados, inconscientes, seguramente, de lo que un día supuso esa salida de aire caliente que se dispara de vez en cuando de las mismas profundidades del organismo oculto de la ciudad.
En Lexington Avenue con 52th Street, esta rejilla fue protagonista hace ahora más de cincuenta años de uno de los momentos más cinematográficos de la historia. Bien es cierto que el ardor que desprendía obligó a cambiar su localización, pero la historia de la rejilla original, que el cine ha difundido por todo el mundo durante tanto tiempo, merece ser recordada. Su impacto ha salpicado hasta el último tonto de la fila, aunque sólo fueron los neoyorkinos más avispados los privilegiados testigos que disfrutaron de la rejilla y todo lo que la acompañaba en mitad de la madrugada de Manhattan.
Recomiendo leer encarecidamente Conversaciones con Billy Wilder (Alianza Editorial) donde el director en sus charlas con su compañero de oficio Cameron Crowe recuerda con su particular humor cómo se las ingeniaron para sacar adelante la escena ante la fuerte moralidad reinante en la industria del cine. El código Hays, un instrumento de autocensura dentro de la Asociación de Productores y Distribuidores de Cine, determinaba que era aceptable o no en una película. Se aplicaba con firmeza desde los años treinta y señalaba que el sexo o la obscenidad eran cosas vulgares y burdas que estaban prohibidas en la pantalla. Marilyn Monroe sobre esa bocanada de aire fue una escena censurada, como otras más de La tentación vive arriba (The Seven Year Itch, 1955) Pero Wilder, que era más inteligente que media industria pensando al mismo tiempo, se las arregló para maquillar y grabar su escena de otra manera menos explícita, pero con el mismo poder de sugerencia. Aún así Wilder y su equipo recibieron cartas de indignación por parte de los moralistas, entre otros, de la Legión Católica para la decencia.
Por suerte, lo que ha quedado para la posteridad es la película de Billy Wilder y las faldas de Marilyn Monroe, bajo las cuales descansó durante un tiempo la rejilla por donde, gracias al cine, todavía viaja echando humo el tren de los deseos.



No he visto esta película (!). La voz de MR es armoniosa y sus gestos le dan todo un bluf...
Hace tiempo que no decía esto: me gusta mucho este blog, por sus contenidos y diseño. El tíitulo me atrajo como un imán. Cuando un blog es interesante, bello por su estética y tiene un título sugestivo, una se encuentra ante un hallazgo.
Seguiré leyendo y mirando. (Comment this)
Grandes salutes. (Comment this)