Un tiempo atrás
Cuando los líderes de la Cosa Nostra ya vivían en mansiones, hubo un tiempo que los bajos fondos de Nueva York estaban repletos de aspirantes a mafiosos y matones de poca monta. Lejos de los lazos de cualquier familia, muchos de estos personajes se pasaban la vida en las calles, intentando salir al paso con lo que conseguían de trapicheos y pequeños golpes. Tal vez, ahora suceda lo mismo pero seguro que no es igual.
Era un tiempo en el que en Little Italy no había letreros colgando sobre la entrada de los comercios por los portazos que se daban todos los días en la parte de atrás de cada uno. En Nueva York reinaba el sálvese-quién-pueda de siempre pero gobernaban alcaldes desastrosos que coreografiaban las deudas millonarias, la huída de empresas y la falta de servicios a ritmo de fiascos y escándalos, que habían dejado de sorprender en una ciudadanía que vivía entre el desencanto y el hedonismo. Fue también el tiempo de las drogas, el sexo ilícito y las bandas callejeras.
Era, por supuesto, un tiempo en que el rock´n´roll explotaba cada día con un nuevo single en las narices de los señores y señoras de la época dorada. Para todos esos maleantes y jóvenes desorientados, que pinchaban canciones en sucias gramolas y echaban el humo de los cigarrillos a la cara, era un tiempo en el que los viejos tiempos se habían ido por la alcantarilla.
Era un tiempo en el que Martin Scorsese sacaba de Nueva York las historias que nunca antes se habían contado. Era un tiempo en el que Scorsese, además, hacía un cine tan carnal que se podía cortar con una cuchilla y ver la sangre derramarse. Era un tiempo en el que Robert De Niro estaba a punto de comerse el mundo y hacía tragar saliva con cada una de sus interpretaciones. Por entonces, encima, hacía una pareja incendiaria con otro que tendría mucho que decir como Harvey Keitel. Era un tiempo que llamar a alguien mook (un palabro que todavía no tiene ningún significado aparente, pero que debe sonar muy mal) era motivo de una buena pelea. Era un tiempo, en definitiva, donde en Nueva York abundaban las malas calles, y los chicos que las habitaban.
Malas Calles (Mean Streets, 1973)



Esta tarde hablaba con los chicos sobre Taxi Driver y uno de ellos (el más listo) se preguntaba si lo que le pasa a Travis sería posible en otra ciudad, en otro lugar, porque le parecía que la imagen de la ciudad, lo que Travis ve a través de la ventanilla de su taxi es determinante en su evolución. Me pareció muy buena reflexión (y generó un interesante debate). Añadió otra aún mejor. Dijo: hay muchas visiones de Nueva York. La Nueva York de Scorsese no tiene nada que ver con la de Woody Allen, aunque procedan de la misma década. Son mundos distintos.
Bueno, pues te dedico la reflexión de mi alumno inteligente esta noche.
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K: Ese alumno creo que apunta a sobresaliente :-)
El NY de Travis me parece que influye bastante en él. No puede ser de otra manera, sólo habría que ver qué era entonces Times Square con sus putas, sus yonquis y demás, con la buena parte de Disneyland que es ahora. También es cierto que Travis los habido de siempre y los hay hasta en Castilla. ¿No es Pascual Duarte un Travis?
Y lo fascinante de esta ciudad: cómo pueden convivir a la vez Scorsese y Woody Allen, y si me apuras con Cassavetes. Es que lo que sucede en el Downtown no tiene nada pero que nada que ver con lo que pueda estar sucediendo en el Upper. Tom Wolfe en "La hoguera de las vanidades" también lo ilustra muy bien. En fin, NYC es un mundo formado por mil mundos. Como ves, la reflexión da para más de un café. Por cierto, me hubiese gustado que mis profesores dieran pie a reflexiones de este tipo en clase y no tener que haber cogido tantos apuntes. (Comment this)
Lo que veo es que las reflexiones se entrelazan y la cosa podría convertirse en varias toneladas de cafés :) (Comment this)