The Subway
Fallow no tenía miedo físico de ir en el metro de Nueva York. Se imaginaba a sí mismo como un tipo curtido, y, por otro lado, jamás le había ocurrido nada desagradable yendo en metro. No, lo que temía y lo suyo era auténtico pánico, era la suciedad, la miseria. Bajar las escaleras del metro de City Hall en compañía de toda esa gente oscura y mugrientas era como descender, voluntariamente, a una mazmorra, una mazmorra suicísima y ruidosísima. Por todas partes había muros de enguarrado cemento y barrotes de hierro negro, celda tras celda, nivel tras nivel: en todas las direcciones, un delirio encerrado entre barrotes. Cada vez que uno de los trenes entraba o salía de la estación, se oían agónicos chirridos, como si un enorme esqueleto metálico estuviera siendo abierto por una palanca de potencia incompresible. Fallow no comprendía que este país de vacas gordas, con sus obscenas montañas de riqueza y su todavía más obscena obsesión por la comodidad, hubiese sido incapaz de crear un metro tan tranquilo, ordenado, presentable y en fin decente como el de Londres. Pero tenía una respuesta: porque era un país infantil. Todo lo que estuviera bajo tierra, lejos de la vista, carecía de importancia.
La hoguera de las vanidades (The Bonfire of the Vanities) - Tom Wolfe
Fallow es un personaje de la década de los ochenta, pero desde entonces hasta ahora el metro de Nueva York (subway) no ha cambiado nada. La suciedad y el ruido siguen siendo las dos principales características del medio de transporte más utilizado en la ciudad.
En cuestiones de voltaje, el metro neoyorkino es lo más parecido a una bajada a los infiernos. Si uno es de oído fino, lo pierde. Si uno está sordo, termina por oír, asustado, eso sí. La superficie de la ciudad, al menos, va ayudando para el novato: las decenas de bocinazos y las locas sirenas de los camiones de bomberos van dejando los tímpanos en perfecta sintonía para lo que vendrá después en el subsuelo. No exagero. El paso a no sé cuántos kilómetros por hora de un tren Express es lo más parecido al bombardeo de Pearl Harbor.
En lo relativo a la higiene, el suburbano no presenta una cara muy amable. Sólo una nota permite ilustrar esto. Para los poco amantes de los animales urbanos, lo menos recomendable en la espera mientras llega un tren es mirar a las vías. Resulta casi imposible no toparse con ratas. En estaciones como la de Union Square salen de cuatro en cuatro.
Pero, sinceramente, qué diría un neoyorkino: ¿qué importa esto si el metro funciona como la seda? Seda envuelta en un estridente sonido metálico, más propio de una herrería, pero seda al fin y al cabo. Nueva York no sería Nueva York sin su subway. Es verdad. Parafraseando al señor Lou Reed, es una sangre cargada de heroína, pero es una sangre que da vida.
El metro neoyorkino recorre la ciudad de arriba abajo, de derecha a izquierda. Sólo el lado este de Manhattan estaba falto de una línea norte-sur, pero ésta ya ha empezado a construirse para un futuro lejano.
Esto glorioso mapa de estaciones tiene un problema. Es lo más complicado para el novato, y no tan novato. Creedme. Existen líneas por colores que a su vez se dividen por letras o números, que a su vez pueden significar línea Local o Express. La línea Local va parando en todas las paradas, mientras que la Express sólo en algunas estaciones. Así, puede haber una línea del mismo color (por ejemplo, naranja) con letras diferentes (B,Q,D,F), las cuales unas son Locales y otras Express dependiendo de la parte de la ciudad donde te encuentres. Este galimatías que no tiene ningún sentido ahora, ni verdaderamente se sufre hasta que no se coge un tren, es para decir que el metro de Nueva York funciona de maravilla. La línea Express permite recorrer 20 calles en un minuto de reloj.
Pero si te equivocas, claro, puedes liarla. Si coges la línea azul con la idea de subir de la calle 59 a la 72, en dos paradas, pero en vez de tomar la línea A azul, coges la línea Express C, también azul, lo que sucede es que de la 59 acabas directamente en la 125. Algo que es anecdótico en comparación a lo se piensa, aunque sólo sea por un segundo, dentro de un vagón Express: ¿Este tren está a punto de descarrilar y de aquí no salgo para contarlo? Lo mejor es que llegas a tu hora. Siempre.



Por cierto, ¿y el ferry? ¿ese ferry que sale en todas las pelis? (una sugerencia) (Comment this)
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Gracias Fer. (Comment this)
Cómo me gusta "La hoguera de las vanidades", recuerdo lo bien que lo pasé leyéndola... (Comment this)
Victor: Fantástica fotografía. La fauna neoyorkina del metro daría para un libro.
La interrogación: Creo que si lo explico otra vez lo complico más.
Juanky: Tres asientos están reservados para vosotros en agosto.
Amaya: A veces uno se marea más dentro del vagón! (Comment this)
Heart in a cage que canta The Strokers. Plena regurgitación de adrenalina concentrada en el metro que parte.
Para llevarme a Nueva York, viajaría varias veces en su metro.
(Con decirte que tengo una relación especial con los subterráneos). (Comment this)