Tuesday, October 31, 2006

Supermarket

Cualquiera puede pensar que un supermercado americano no se diferencia de uno español, pero sería la primera vez que estos estadounidenses no hacen de un sitio algo peculiar, y más si a comida nos referimos.

Lo primero que llama la atención paseando por los pasillos es que aquí lo grande abunda. No es difícil ver galones de todo, como tampoco lo es encontrarse con botes que podrían alimentar a un regimiento. El ketchup, famosísima salsa que puede acompañar tanto un desayuno como una merienda, se puede comprar en botes de 72 oz., que al cambio, son más de dos kilos de rojo condimento. Le siguen de cerca algunos botes de mantequilla o yogurt que se pesan en un kilo y medio.

Así, si tenemos en cuenta las gigantescas y variadísimas cajas de cereales que se venden, uno podría hacer un desayuno con el galón de leche entera, los mastodontes vitamínicos de manteca y cereal y un completo surtido de galletas de chocolate. De lo que se entiende que las numerosas familias que compran a lo grande, no sólo desayunan mucho, sino que lo hacen sobre una amplia mesa de billar o similares. Asimismo, la mantequilla es un producto estrella que incluso se vende en botes de spray. Pero el trono lo tiene la crema de cacahuete (peanut cream), que servidor no la cambia por la nocilla que tan buenas tardes le hizo pasar a la salida del colegio.

En este orden de exageraciones, hay otra que también supera a España. El precio de la buena comida. Si quieres buena carne, hay que pagarla. Amen de nuestras aceitunas (olives), que lejos de ser baratas forman parte de los platos exóticos y exquisitos. En mis circunstancias neoyorkinas el bolsillo manda, y uno se ha terminado por hacer especialista en ofertas de supermercado, donde se lleva cinco botes de judías verdes por un dólar y medio y, luego, pasa factura masticando cada céntimo que se ha ahorrado por comprarlas de esa marca de nombre impronunciable pero tan barata. Como casi todo de esa marca que venga enlatado, judías especialmente, los filetes de vaca (beef) o de cerdo (pork) o de lo que sea también parecen chicles adquiriendo su forma de bola de niño en el interior de la boca.

Precisamente, los niños donde más disfrutan cuando van acompañando a sus padres (mummies and daddies) es en la sección de refrescos. Dedican varios minutos a seleccionar el bote más colorido. Una fiesta de sabores y burbujas de la merece la pena que nombrar los refrescos más llamativos: manzana, fresa, lima, vainilla, cereza, té helado, tuttifruti, tropicana o piña. En mi caso, lo tradicional me puede y prefiero decantarme por la Coca Cola de toda la vida (Classic Coke), que conviene apuntar que no tiene el mismo sabor que la de España. Aquí, Coca Cola y Pepsi libran diariamente batallas descarnadas por conquistar una estantería de supermercado o un minuto de televisión más que el enemigo.

Y si hay algo que ya se lleva muy mal es lo del pan. Una baguette decente no baja de cuatro dólares, y menos de ese precio se hace siempre incomestible. En Estados Unidos, nuestra querida pistola, la de untar el plato, no existe. Lo más parecido se llama igual y mata, como mucha de la comida que tienen en sus supermarkets.

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Monday, October 30, 2006

Película de miedo

Odio las películas de miedo. Nunca me han gustado. Ni de pequeño ni ahora. Y este fin de semana he visto una que me ha producido más miedo que cualquiera de las que se anuncian bajo el nombre de “película de terror”.

Había oído hablar de esta cinta, y preferí reservarla cuando llegase a Nueva York, o tal vez cuando regresase para quedarme definitivamente en Madrid. Finalmente, la vi este fin de semana. Y reconozco que es una de las mejores películas que se han hecho en los últimos años, pero hubiese preferido que nunca se hubiese hecho, como tantas y tantas que he visto y me quedan por ver en mi vida.

Y es extraño porque en este caso conocía el final; de alguna manera, había compartido el dolor de ese final, viviéndolo desde la distancia y sintiéndolo tiempo después algo más cerca. Pero siempre desde el privilegiado asiento del espectador.

La película es “United 93″ (2006), que relata la historia de la tragedia del 11 de septiembre a través de una meticulosa recreación de los acontecimientos que rodearon el vuelo 93 de United Airlines, el último avión secuestrado aquella mañana. La película está rodada como si fuera un documental, con una fuerza interna descomunal, relatando en tiempo real la dramática historia de lo que ocurrió en el aire con los pasajeros, los terroristas y la tripulación, y en tierra con los controladores aéreos y los centros militares. Ha contado con el apoyo de los familiares de las víctimas y sus testimonios.

Una vez más, la realidad da más miedo que los fantasmas y los monstruos, que los fines del mundo y los dioses vengativos. “United 93″ está basada en hechos reales y esa muchas veces es la peor historia que se puede contar. Para Nueva York, tal vez, sea “United 93″ y “World Trade Center” (2006); pero sólo hace falta coger la impresionante filmografía que existe y ponerse a buscar. El mundo está lleno de películas de miedo, que aunque no se hayan visto no quiere decir que no hayan dejado de existir.

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Saturday, October 28, 2006

On my way

Reconozco que me hacía falta ir a un concierto, encontrarme de lleno con la música en vivo, más ahora que como habéis apuntado algunos ha estado Bruce Springsteen de gira por España y me lo he perdido. Desde que estoy en Nueva York no escuchó toda la música que me gustaría ni voy a todos los conciertos a los que suelo asistir en Madrid. Tampoco leo tantos libros ni veo semanalmente las películas que tengo por costumbre. Hasta ahora ha sido por una falta real de tiempo, y supongo que también por una falta de organización. Con este concierto siento que las cosas empiezan a volver a su sitio y así lo espero, porque os aseguro que me notaba cada día más desajustado por dentro.

El caso es que he ido a ver a Ben Kweller, un cantante estrictamente neoyorkino. Si no le conocéis, os lo recomiendo. No cambiará la vida a nadie pero su música desprende una agradable empatía hacia la inocencia que se le supone al rock´n´roll. Uno de sus padrinos es Nils Lofgren, guitarrista de la E Street Band de Bruce Springsteen, y ha contado en la producción de sus trabajos con el gran Ethan Johns, colaborador entre otros de Ryan Adams, Whiskeytown, Emmylou Harris, Rufus Wainwright y Kings of Leon.

El concierto fue en el Webster Hall, que se encuentra en la calle 11, a pocos pasos de Union Square. Esta sala es una de las tantas maravillosas que tiene Nueva York, demostrando que la ciudad aprecia más la música que el aire que respira. Madrid queda a años luz en este aspecto, de verdad. El Webster Hall recuerda por dentro a una especie de templo budista, decorado con motivos florales y dragones e iluminado en una perfecta combinación de oscuro y violeta. Es una sala espaciosa y ancha, con una barra que no molesta en la entrada y otra en una habitación lateral. El sonido es muy bueno.

La producción musical de Nueva York no tiene semejanza con nada. Muchas salas programan hasta tres teloneros que acompañan al cantante o grupo principal. Todo está debidamente anunciado y los horarios se cumplen sin problemas. Hay una oferta musical inabarcable, siendo el jazz, el rock y el folk las propuestas más abundantes.

La actuación de Ben Kweller me sorprendió realmente. La fragilidad de sus discos (mi preferido es On my way, 2004) se tradujo en un concierto personalísimo. Se podría decir que es un songwriter de los de antes enamorado de los clásicos del rock´n´roll.  Empezó con la guitarra en una puesta de escena folk, para acercarse al piano en la cuarta canción. A partir de entonces salió la banda ofreciendo una fiesta sencilla, sin sobredimensiones, que traía el mejor espíritu rockero buenrollista, en el buen sentido del término.

Después de lo visto, me atrevo a decir que Ben Kweller, adorado por la juventud neoyorkina, es un rara avis a medio camino entre el Billy Joel de The Stranger (1977) y el Bruce Springsteen de The River (1980). Un tipo que con su corazoncito neoyorkino te conquista con buenas palabras y buenos acordes. Para qué queremos más cuando no se puede tener todo.

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Friday, October 27, 2006

Preparando Halloween

Un mes llevan los comercios de Nueva York decorados con adornos de calabazas y brujas para Halloween. Según cuentan los libros, es una fiesta que trajeron los irlandeses en el siglo XIX. Y según se sabe por Hollywood, se celebra por todo lo alto en Estados Unidos. Sin duda, así tiene que ser por lo muchísimo que se preparan para la noche del 31 de octubre, que sin ser la Navidad es esperada como tal.

Los supermercados han sacado una variedad incalculable de dulces pensados para los niños de todas las edades. Desde hace días se han colocado en todos los establecimientos productos destinados al consumo de esta fiesta. Y siempre se ve a alguien comprando alguno.

Pero los dulces no llaman tanto la atención como los disfraces, el otro punto fuerte de esta fiesta. En Nueva York se han abierto tiendas exclusivamente para vender disfraces para Halloween, luego no se sabe que será de ellas. En estos establecimientos, que durarán abiertos sólo este mes de octubre, cualquiera que se quiera disfrazar tiene mil opciones.

En cada una de ellos hay muchos vendedores, que están principalmente para aconsejar sobre los disfraces o intentar dar con aquello que uno anda buscando para ser el más original de la fiesta. Y está claro que por imaginación no será.

Hay disfraces clásicos como los de vampiro, pirata o duende. La influencia de la pantalla también se deja notar y se ven disfraces de los personajes del Mago de Oz, de las Guerra de las Galaxias o de las más famosas series de televisión americanas. Por ver, se puede ver un disfraz de Bill Cosby.

Para las mujeres hay de todo, pero abundan los picantes. Disfraces de hada, conejita playboy, bruja mala, caperucita o catwoman. Todo con accesorios desde colas de gata hasta broches, collares y pelucas, pasando por las pinturas, maquillajes, medias y gafas.

Algunos vienen con el pack completo y aún emulando la realidad no dejan de ser graciosos los disfraces de policía o bombero, aunque el de rapero (rarpper) pasado de rosca con su fajo de billetes, sus dientes, medallón y anillos de oro es poco probable que triunfe entre los latinos de Queens y el Bronx. Y ya para los enfermos de esta fiesta o para aquéllos que no les importa ridiculizar a su mascota, se venden disfraces para perros y gatos de Superman, Batman, Yoda o Darth Vader.

Halloween se celebra el próximo martes con un espectacular desfile y una fiesta que promete, aunque sólo sea por lo que uno se puede encontrar. No sé si alguna vez os habéis disfrazado o si estuvierais por aquí qué os pondríais. No soy muy dado a los disfraces, por lo que se admiten todo tipo de sugerencias, porque creo que si quiero salir a dar una vuelta esa noche me toca disfrazarme.  

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Thursday, October 26, 2006

Superclásico

El domingo Nueva York amaneció indiferente al ’superclásico’ que se jugaba al otro lado del charco. El taxista escuchaba por la radio la misma música de siempre y el vendedor de perritos calientes leía en el periódico el último suceso ocurrido en la madrugada del Bronx. No se respiraba ningún ambiente especial, a menos que uno rebuscara entre tantas calles y avenidas hasta dar con un oasis llamado La Nacional.

Este restaurante español, que en su día sirvió de refugio a gente tan letrada como Machado, García Lorca o Buñuel, es un lugar de acogida para todo aquél que quiera comer una tortilla de patatas y, en situaciones tan apremiantes como la de esta semana, ver un Real Madrid-Barcelona. Media hora antes del pitido inicial, decenas de personas llenaban el bar desde el niño vestido con la equipación completa hasta el padre con la bufanda al cuello.

Reencontrarse con un partido de estas características siempre es gratificante, pero hacerlo en pleno Manhattan a las tres de la tarde entre fotos de Manolote y anuncios de “se dan clases de flamenco” es más que extraño. Tanto como ver a un neoyorkino disfrutar de su primer partido de fútbol. Ajeno a algunas reglas del juego y a las importantes ausencias de Etoo y Ronaldo, nuestro amigo reía y gritaba con las faltas, como si de fútbol americano se tratase, y se desgañitaba con las caras de Capello.

Aunque hay cosas que no cambian cuando se trata de un derbi con la máxima rivalidad. Se sufren las ocasiones pérdidas o se pide penalti fuera del área. Ni en Nueva York falta el que le echa la culpa al árbitro, el que opina en alto con las bravas en la boca y el que festeja el gol de Raúl subido a una silla a grito de combate.

En fin, superclásico.   

*Artículo publicado en el diario deportivo “La Voz del Deporte” (http://www.lavozdeldeporte.com/) dentro de mi colaboración con el periódico cada martes de la semana. Este blog recoge el texto siempre después de ser publicado en el diario.

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Wednesday, October 25, 2006

Chinatown y el cine

Resulta que en Chinatown los chinos están que trinan porque la ciudad de Nueva York no deja de conceder licencias para el rodaje de películas y series de televisión por las calles del barrio. Tanto se han enfadado, que una asociación formada por más de 150 comerciantes ha hecho llegar una queja por escrito a la Oficina de Cine, Teatro y Radiofusión de Nueva York exigiendo el fin de las concesiones, que han ascendido a más de treinta en el vecindario en el último año.

Dicen los dueños de los comercios que pierden dinero porque les cortan las calles y la muchedumbre se agolpa en aceras más estrechas que no dan abasto. Hace unos días, estuvimos paseando por la pequeña China y es cierto que llamaba la atención la cantidad de camiones que se encontraban aparcados por la zona. Sin embargo, y a pesar de las protestas, Chinatown seguía evocando a pasajes lejanos con su movimiento que no cesa y su rara mezcla de entornos, siempre con asiáticos comprando pescado fresco y turistas a la caza de la falsificación perfecta, sea un reloj de Rolex, un bolso de Gucci o una colonia de Ralph Lauren.

Es curiosa esta queja en la ciudad más cinematográfica del mundo, donde todos los días se organizan tours que pasan por lugares filmados en películas. Desde que estoy aquí no exagero si digo que he visto al menos cuatro rodajes, aparte de las cámaras de los canales de televisión con sus unidades móviles que me encuentro cada dos o tres días. Cualquiera puede recordar alguna cinta rodada en Nueva York y un buen cinéfilo seguro que se arranca a decir títulos y tiene para rato.

Me viene a la memoria la entrevista que este pasado verano hicimos a Leticia Dolera en el programa de la radio para hablar de Un café en cualquier esquina (Man Push Cart, 2005). La actriz nos comentaba lo qué significaba rodar por las calles de Manhattan. Y lo que le pareció más llamativo es la actitud de los neoyorkinos al respecto. No se inmutaban con las cámaras. Ni sobresaltos, ni amontonamientos, ni nada parecido. Aseguraba Leticia Dolera que los figurantes salieron gratis. Nadie fastidió la película mirando a la cámara. De hecho, en una ocasión el equipo se puso a grabar cuando el protagonista (un vendedor de perritos calientes que terminó por convertirse en actor no profesional de la película) improvisó un largo diálogo con un par de personas de la calle y quedó mejor que si lo hubiesen ensayado.

Así que si te lo han dicho ya créetelo, y si todavía no lo han hecho también: estar en Nueva York es sentirse dentro de una película, por mucho que se enfaden los chinos.

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Tuesday, October 24, 2006

Insinuaciones

Hoy desde la segunda planta de un restaurante con un gran ventanal que daba a la Séptima Avenida, la vida me ha parecido más ligera. En lo alto, los taxis amarillos recorrían el asfalto quemando sus ruedas en un juego inocente y las personas caminaban por las aceras como personajes de algún cuento. Había una sincronización directa entre mi pulso y el ritmo de la calle.

Al otro lado de los cristales, la ciudad invitaba a pasear. He dejado a mis pies seguir su camino. El viento soplaba pero no despeinaba. En el Bryant Park, dos ancianos bajo sus coloridos gorros jugaban al ajedrez, mientras una pareja se decía cosas al oído en su mesita de madera y unos niños corrían por entre las hojas para montarse en el tiovivo.

Sentado en una de tantas sillas verdes, tan sólo he observado en silencio a la búsqueda de mi intimidad.

Desde hace un par de días, el otoño se ha insinuado a Nueva York.

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Sunday, October 22, 2006

Katz´s Deli

En la esquina de Ludlow y East Houston, se encuentra Katz´s Deli, uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad de Nueva York. Se trata de un restaurante aclamado por todos los neoyorkinos y transitado diariamente por turistas. Es posiblemente el lugar más visitado del Lower East de Manhattan.

Los delis (delikatessen) son comercios de profundas raíces neoyorkinas que provienen de la tradición judía en la ciudad. Fueron los judíos quienes abrieron este tipo de establecimientos pensados en principio para ellos. El vecindario del Lower East ha sido siempre un caldo de cultivo de las diferentes comunidades de inmigrantes, y los judíos, en sus primeros asentamientos, pronto añadieron nuevos platos a la carta gastronómica neoyorkina. Ahora, la ciudad no se entiende sin delis y el Katz´s es posiblemente el más clásico de todos. Lleva abierto desde 1888 sin defraudar a nadie con sus generosas raciones.

 Cada día se despachan centenares de bocadillos de pastrami o corned beef servidos con su correspondiente plato de pepinillos (pickles). Al entrar, uno se encuentra con una amplia barra, al más puro estilo americano, decorada con una pared de la que cuelgan salamis. Una fila de lamparitas recorre la barra y, bajo cada una, un cocinero espera para prepararte el sándwich que pidas. Lo más normal es que haya que esperar un poco de cola porque el local siempre está con gente, algunas veces llegan autobuses repletos de turistas. Pero es un establecimiento muy agradable. Tiene cómodas mesas de madera y cuenta con una dinámica de restaurante antiguo como en las mejores películas.

La especialidad de la casa son los bocadillos de pastrami, que es una carne sacada del buey que se sirve al natural y es poco corriente en España. Es recomendable untarla con mostaza, que siempre enriquece el sabor final. El bocadillo de pastrami puede salirse de presupuesto pues cuesta 13$, pero es un plato sin desperdicio, una maravilla de la cultura de bar. Eso sí, conviene tener mucho apetito porque a los buenos estómagos les cuesta terminarse uno entero, por lo que se puede compartir. De cualquier manera, siempre se puede pedir que lo que sobre de bocadillo te lo empaqueten para llevar, algo que por otra parte es muy corriente en Estados Unidos.

Otro plato estrella es el bocadillo de corned beef, dos dólares más barato y de igual dimensión. También está muy bueno. Cualquiera de estos sándwiches, si se quiere, está bien acompañarlos de mi querida cole slaw o ensalada de col, típica de este país y que en el Katz´s no es el cuenquito de degustación español sino que es un gran plato de comer y no acabarse. Su precio es 3,95$. También sus hot dogs merecen la pena. No sé si tanto como afirma la revista Gourmet que asegura que son los mejores de la ciudad.

Los más cinéfilos conocerán este restaurante por la película Cuando Harry encontró a Sally (When Harry Met Sally, 1989), donde Meg Ryan finge un orgasmo en mitad del gentío. Uno puede sentarse en la misma mesa y silla donde la rubia grita apasionadamente ya que un cartel en forma de flecha cuelga del techo indicando el sitio. Pero no son los únicos actores que han pasado por allí. El Katz´s se enorgullece de los famosos que alguna vez han pisado el local. Decenas de fotografías cuelgan de las paredes recogiendo el momento en el que gente como Ed Harris, Johnny Deep, Dani De Vito, Samuel L. Jackson e incluso Bill Clinton han probado algunos de sus sándwiches.

Sinceramente, creo que Katz´s Deli es parada obligatoria y su sándwich de pastrami un rascacielos de la comida neoyorkina, sobresaliendo con su carne rosada por encima de tantos bocadillos.

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Saturday, October 21, 2006

Yankees

Los Yankees de Nueva York son el equipo más laureado del béisbol estadounidense, pero este año pasará a la historia como uno de los más negros que se les recuerda.

Su pitcher -lanzador-,  Cory Lidle, gran aficionado a volar, era uno de los dos pasajeros muertos en la avioneta que se estrelló la semana pasada contra un edificio del Upper East Side de Manhattan. Este trágico suceso, que dio la vuelta al mundo, ha venido a ensañarse con el equipo neoyorkino, que pocos días antes fue eliminado por segundo año consecutivo de la serie de la Liga Americana. Una auténtica catástrofe deportiva para un club que aspira cada año a ser campeón.

En Nueva York hay auténtica fiebre por el béisbol, que aún siendo uno de los grandes deportes nacionales no deja de ser un pasatiempo en parte de la geografía de Estados Unidos. Los Yankees, con su legión de seguidores, vendrían a ser el Real Madrid, mientras que los Mets, el otro equipo de la ciudad, desempañarían sin problemas el papel del Atlético de Madrid. La rivalidad entre ellos es tan cierta cómo la de los equipos españoles, sólo que en la Gran Manzana los aficionados no se distinguen tanto por el color de sus camisetas sino por el de sus gorras; negra la de los Yankees, azul la de los Mets.

Un equipo lleno de superestrellas y una nómina de 200 millones de dólares no han servido para que en esta temporada los Yankees hiciesen honor a su gloriosa historia. Joe Di Maggio o Babe Ruth son los Gento y Di Stefano del club, nombres que todavía producen encendida emoción entre los aficionados.

Hoy estos seguidores tienen que conformarse con esperar a que los Mets también sean eliminados, que es como pedirles que no sean Yankees, siempre pendientes de sus propios éxitos.

*Artículo publicado en el diario deportivo “La Voz del Deporte” (http://www.lavozdeldeporte.com/) dentro de mi colaboración con el periódico cada martes de la semana. Este blog recoge el texto siempre después de ser publicado en el diario.

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Friday, October 20, 2006

Revolution man

Echando un vistazo a la Historia, ésta nos enseña que el poder no sólo corrompe, sino que es demasiado importante para el que lo tiene como para dejarlo escapar. Muchos son los ejemplos de poderosos que han hecho lo imposible por acabar con sus enemigos, e incluso con todos aquéllos que pueden llegar a convertirse en una amenaza en algún momento. De esto habla “The US vs. Lennon”, el documental recientemente estrenado en Estados Unidos y que fui a ver el otro día.

Aparte de un grandísimo artista, John Lennon fue una amenaza, o al menos así lo entendió la administración del presidente Richard Nixon. En el documental, se relevan documentos del FBI y la CIA que se usaron con la idea de deportar al ex Beatle por razones políticas. Lennon, tras la disolución de los Beatles, se había erigido como representante de buena parte del activismo antibélico de finales de los sesenta y principios de los setenta. Eran los años de la guerra de Vietnam, la guerra fría y la paranoia política norteamericana ejemplificada en la conocida caza de brujas.

La cinta, que sólo está en dos salas de cine de Nueva York, muestra todo este periodo convulso de discursos políticos y movilizaciones, centrándose en la figura de Lennon como portavoz político más que como artista. Periodistas, escritores, políticos, antiguos activistas y amigos personales del cantante son entrevistados mientras se muestran excelentes imágenes de archivo acompañas hábilmente por la discografía en solitario de Lennon, con algún tema de los Beatles. Yoko Ono, que vivió esos años sin separarse de él, también analiza cada detalle.

Se ve la evolución del artista, como en una entrevista con los otros miembros de los Beatles. Lennon sale demarcándose con un mensaje político, ante la cara incrédula de los demás, especialmente, de Paul McCartney. O cuando se pone a pensar en alto que si millones de personas se sabían la letra de “I Want to Hold Your Hand” y cantaban con él, por qué no cantar sobre algo con más sustancia, siendo el resultado “Give Peace a Chance”, el himno para el movimiento en contra de la guerra de Vietnam.

Al margen de los Beatles y con Yoko, Lennon utilizó toda su repercusión mediática para llevar a cabo su campaña pacifista. Algunas de las secuencias nos enseñan un artista con aires mesiánicos, que entra en contacto con algunos de los líderes activistas más radicales entre los que se encuentran Jerry Rubin, Abbie Hoffman y Bobby Seale del partido de los Panteras Negras.

Sin duda, era una época de gran intensidad, donde el personaje termina por comerse a la persona. John Lennon representaba el cambio, no falto de situaciones cómicas algunas, ridículas otras y tremendas la mayoría. Todas nacidas de la personalidad extravagante del artista.

Por todo, Lennon pasó a ser objetivo del gobierno de Nixon. El documental enseña cartas y cintas que señalaban con el dedo al cantante. Altos cargos de la administración estaban detrás de una campaña sistemática que buscaba deportar a Lennon. El ex Beatle reconoce en una entrevista que empieza a tener miedo y Yoko sale diciendo que se hicieron constantes las visitas de los hombres de la compañía de la luz en su casa de Nueva York. El gobierno quería pincharles el teléfono.

“The US vs. Lennon” comienza con imágenes del concierto que se organizó para pedir la liberación de John Sinclair, activista encarcelado por posesión de marihuana. En ese momento, todo el mundo espera que Lennon salga al escenario. Por ahí han pasado todos menos él. Cuando presentan a Lennon, le llaman Revolution man.

Entonces y ahora, tantos años después, se podía y se puede afirmar que Lennon, con todos sus desajustes, fue un revolucionario en lo artístico y en lo humano. Y si hay algo que el poder teme más que a la muerte es a los revolucionarios. O en palabras de Gore Vidal, que habla en el documental: “Lennon representaba la vida, y el Sr. Nixon la muerte”.

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