Wednesday, October 11, 2006

Gran Manzana Transgénica

El otro día en el tren, de camino a Manhattan, había una fila de cuatro asientos y en cada extremo se encontraban dos personas, un hombre y una mujer, ambos de tamaño enorme con muslos de circunferencia olímpica, que ocupaban por cuatro. Un chino intentó tomar asiento entre los colosos a pesar de que muchos en el vagón veíamos demasiada dificultad en la empresa. El pequeño hombre de ojos rasgados dobló su cuerpo como buenamente pudo. Lo fácil sería decir que el chino se puso amarillo, así que diremos que se puso rojo como un tomate. Emparedado como estaba, duró menos de una parada en el asiento hasta que se levantó y se fue al final del vagón.

Sin ánimo de ofender, Nueva York está llena de gente excesivamente gorda. Una situación que no pasa de lo amable si no fuera porque esta obesidad exagerada, que se deja ver en mujeres y hombres por igual, se ha convertido en una cuestión de debate en la ciudad. La culpa la tiene un informe que el Departamento de Salud ha hecho público hace bien poco, donde se indica que las enfermedades del corazón son la causa primera de mortalidad en Nueva York.

Por eso, acaba de proponerse una ley para eliminar de todos los restaurantes las grasas transgénicas, conocidas como “trans”. Estas grasas se encuentran en todos los alimentos fritos y en muchos procesados químicamente. La propuesta de las autoridades sanitarias espera disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y la tendencia de muchos habitantes neoyorkinos a enfermedades crónicas como la diabetes y el colesterol. De aprobarse, la ciudad de Nueva York se convertiría en la primera de Estados Unidos en prohibir las grasas trans.

La propuesta de ley toca a una de las espinas dorsales de la ciudad. Muchos comerciantes y dueños de restaurantes se han opuesto a la medida al considerar que pueden tener pérdidas económicas.

Comer fuera de casa es una auténtica pasión en Nueva York. A cualquier hora, en cualquier momento del día, se puede y se debe comer algo si el estómago pica un poco. Es difícil no ver a alguien comiendo mientras camina por la calle o en el metro, en el autobús e incluso conduciendo. Así, por la mañana temprano, se puede observar a los neoyorkinos tomando su desayuno compuesto de bagels (rosquillas) y café, de camino al trabajo. En los puestos callejeros, a partir del mediodía, desde un yuppie hasta un turista piden el clásico hot dog para matar el hambre. También están disponibles las nueces con miel, los pretzels (galleta tostada en forma de rosquilla, espolvoreada con sal), los pinchos de carne y, cada vez más abundantes, los kebabs. Y si el tiempo acompaña, los helados con sirope chorreando nunca faltan. Todo esto en situaciones de tránsito, porque luego están los miles y miles de restaurantes, siempre con gente en ellos, que forman la oferta gastronómica más amplia del mundo. No falta de nada, por ende sombran los alimentos grasientos y se multiplican los problemas para la salud y, claro, para sentarse en el metro.

Posted by Fernando Navarro at 01:51:14 | Permalink | Comments (7)