Realidades extraordinarias
Al contrario de lo que pueda parecer, el sobresalto que ha causado el accidente de una avioneta en uno de los edificios del Upper Side de Manhattan ha sido mucho menor que lo que indican muchos medios de comunicación. Según nos han contado desde España, cadenas de televisión y radio han abierto con el suceso, interrumpiendo programación incluso para adelantar la noticia. En Estados Unidos, la cobertura ha sido parecida, pero la telerrealidad poco tiene que ver a veces con el verdadero impacto de los hechos.
Puedo asegurar que Nueva York ha seguido con su ritmo habitual de vida durante todo el día. Nosotros nos encontrábamos en el Midtown a la hora del siniestro. Y hemos estado por la calle 34 y alrededores hasta tres horas después del accidente. La única preocupación de las personas que había por allí en ese tiempo era resguardarse de la tromba de agua que ha caído. Los turistas seguían con sus compras, los taxistas con sus zigzags por las avenidas y los vendedores de perritos calientes leyendo los periódicos gratuitos en su larga jornada.
El accidente, espectacular y desgraciado (se ha confirmado la muerte de dos personas, una de ellas el pitcher de los Yankees de Nueva York, Cory Lidle), ha ocurrido en la calle 72 Este. Estoy convencido que a tres manzanas de allí el sentimiento de normalidad era similar al que nosotros hemos tenido en todo momento mientras televisiones y radios se hacían eco de la noticia.
Tres manzanas en Manhattan son un mundo. Hace diez días, por ejemplo, una grúa de construcción cayó sobre un edificio, tirándolo abajo y matando a dos obreros, en la calle 13 Este con la Cuarta Avenida. Todavía en la calle 14 y en la Quinta Avenida en torno a esa altura el mundo seguía como si nada. La noticia también salió por todos los medios, pero nosotros quisimos saber qué pasaba en la calle 14, a tan sólo una manzana del accidente, y la gente no se preocupaba. Se puede decir que el dinamismo de la ciudad a doscientos metros de cualquier suceso no se detiene.
Incluso, alguna vez he oído decir a algún corresponsal de algún medio de comunicación español que el impacto del 11-S, sin dejar de ser un hecho brutal y sin precedentes que dejó en estado de shock a todos, no pudo impedir que unas dos cuartas partes de la ciudad retomase el pulso diario en un tiempo especialmente corto.
Los neoyorkinos parecen únicos en librarse de una fuerza terrible como es la histeria de las masas. Tal vez porque están acostumbrados a arreglárselas siempre con todo, pues tienen una temperatura variante como pocas, transportes atestados de gente, servicios inadecuados para tantos o viviendas viejas como ninguna.
Me parece que ésta sí que es una realidad extraordinaria.