Fuera de juego
Se preguntan los neoyorkinos y demás compatriotas estadounidenses cómo puede triunfar un deporte en el cual el marcador puede quedar empate a cero al final del juego. Se refieren al fútbol o soccer, su nombre por estas vastas tierras. Según queda demostrado diariamente, la cultura del espectáculo norteamericana no admite un entretenimiento deportivo con pocos puntos o goles y, sobre todo, sin victoria ni derrota en un partido.
Sin duda, el fútbol es un deporte minoritario en Estados Unidos. Más aún, es un deporte falto de prestigio que no cuenta con apoyo popular ni mediático. Las cadenas de televisión nunca retransmiten un partido de soccer. Tampoco los numerosos programas deportivos dedican espacios a comentar la liga nacional o el resto de campeonatos internacionales. Y las grandes marcas comerciales pescan en los mares del béisbol, el basket, el hockey o el fútbol americano, que lejos de parecerse al balompié es un rugby con armadura y casco, para firmar contratos multimillonarios de publicidad con sus peces gordos.
Visto el panorama, por el fútbol aquí no se llega a los senderos de gloria, tan buscados por el sueño norteamericano. Tampoco es el mejor camino para fomentar las relaciones sociales. Pregúntale, por ejemplo, a un neoyorkino en el ascensor de uno de los tantos rascacielos de Manhattan por el último partido de los Yankees o el mercado de fichajes de la NBA o, incluso, apurando, por las carreras de caballos, y seguro te da conversación. Anímate a hablar de soccer, de la Champions League, de Ronaldo y compañía y te quedas mirando cómo el ascensor marca, uno por uno, los cincuenta pisos en la pantalla mientras el neoyorkino despliega el New York Times hasta crear una pared de papel entre los dos.
Definitivamente, un aficionado al fútbol, o al soccer si se prefiere, está fuera de juego en Estados Unidos.
*Artículo publicado en el diario deportivo “La Voz del Deporte” (www.lavozdeldeporte.com) dentro de mi colaboración con el periódico cada martes de la semana. Este blog recoge el texto siempre después de ser publicado en el diario.