Monday, October 16, 2006

CBGB closed!

Cuando leáis estas líneas, el legendario CBGB habrá cerrado sus puertas para siempre en la ciudad de Nueva York, tras 33 años localizado en el 315 de Bowery entre la primera y segunda calle. Era una muerte anunciada, pero reconozco que hay cierto lugar para la tristeza cuando pienso que esta noche de domingo este club de punk-rock ha puesto definitivamente el candado porque el dueño de la sala, Hilly Kristal, no puede hacer frente a la fuerte subida del alquiler. Para más pesar el club abrirá una réplica en Las Vegas, que poco o nada tiene que ver con lo que ha significado el CBGB.

Al menos el fin sí ha tenido más sentido con Patti Smith como encargada de oficiar el acto de defunción. Su voz ha sido la última en llenar de música la mítica sala, tras unos días en los que se han dejado ver en señal de despedida los Bad Brains, los Dictators o los dos miembros más célebres de Blondie, Debbie Harry y Chris Stein. Me hubiese gustado ir alguno de estos conciertos pero estaba todo vendido.

El CBGB abrió sus puertas en 1973 y desde entonces no había dejado de programar conciertos convirtiéndose en una de las salas más productivas del mundo. Según las estimaciones, ha rondado las 30 bandas por semana. Son datos que no son exagerados porque desde el principio el CBGB nació con la idea de dar a todo tipo de grupos la posibilidad de ir a tocar con total libertad, en unos años en los que había pocos sitios que programasen conciertos.

Las primeras actuaciones estuvieron encaminadas al blues y al country, pero el espíritu neoyorkino rápidamente le dio a la sala una personalidad irrenunciable. Durante mucho tiempo, noche tras noche Los Ramones hicieron volar por los aires todos los rigores del establishment rock, poniendo las semillas del punk con su sentido de la melodía y su descarada puesta en escena. El propio dueño del CBGB ha llegado a reconocer cómo estaba de asustado al principio cuando Los Ramones tocaron en diecisiete minutos diecisiete canciones sin parar. De ellos es una foto conocidísima a la puerta del local.

Por esos años setenta, Patti Smith, la musa maldita del rock, llegó a cantar cuatro noches por semana durante siete semanas. En el mismo escenario Blondie se convirtió en la banda con más tirón de la ciudad, mientras que en los ochenta Television o Talking Heads avanzaron nuevos sonidos para la escuela del rock.

Éstos son algunos de los nombres más relevantes de la historia de la sala, pero miles de bandas más han creado la leyenda de cuando había una verdadera escena de Nueva York. Un sentimiento que la sala todavía desprendía. Aún recuerdo cuando hace dos años pude entrar al local vacío, un mediodía de diario, y pasear solo. Al contrario de lo que pensaba era bastante pequeño. Y aunque todo el local estaba graffiteado, resultaba muy llamativo ver el cuarto de baño pintado con esa anarquía tan original.

El viernes, de nuevo, pude pasarme por allí por última vez. De esos días de vino y rosas de la sala me habló un veterano, que esperaba para entrar a ver a los Dictators, asegurándome que entonces el CBGB estaba siempre lleno y aún así había más gente fuera que dentro. Este ambiente extramusical, según muchos, dejó de existir hace años en el CBGB, a pesar de contar con una galería de arte. Un chico me decía que a la sala ya sólo le preocupaba hacer merchandising.

Y también es verdad. Es un síntoma de algunas de las mejores historias de Nueva York, que desde hace ya un buen tiempo parecen haber perdido su esencia por su presencia en el mercado. Sin embargo, es inevitable para todo amante del rock sentirse mal, aunque sea por un segundo, por el curso de los hechos. Primero porque CBGB ha sido siempre una seña de identidad de la ciudad de Nueva York. Y segundo porque nadie que haya movido sus caderas al ritmo frenético del Blitzkrieg Bop podría imaginarse que hubiese un final tan malo para tan buena música.

Posted by Fernando Navarro at 07:03:58 | Permalink | Comments (2)