Wednesday, October 25, 2006

Chinatown y el cine

Resulta que en Chinatown los chinos están que trinan porque la ciudad de Nueva York no deja de conceder licencias para el rodaje de películas y series de televisión por las calles del barrio. Tanto se han enfadado, que una asociación formada por más de 150 comerciantes ha hecho llegar una queja por escrito a la Oficina de Cine, Teatro y Radiofusión de Nueva York exigiendo el fin de las concesiones, que han ascendido a más de treinta en el vecindario en el último año.

Dicen los dueños de los comercios que pierden dinero porque les cortan las calles y la muchedumbre se agolpa en aceras más estrechas que no dan abasto. Hace unos días, estuvimos paseando por la pequeña China y es cierto que llamaba la atención la cantidad de camiones que se encontraban aparcados por la zona. Sin embargo, y a pesar de las protestas, Chinatown seguía evocando a pasajes lejanos con su movimiento que no cesa y su rara mezcla de entornos, siempre con asiáticos comprando pescado fresco y turistas a la caza de la falsificación perfecta, sea un reloj de Rolex, un bolso de Gucci o una colonia de Ralph Lauren.

Es curiosa esta queja en la ciudad más cinematográfica del mundo, donde todos los días se organizan tours que pasan por lugares filmados en películas. Desde que estoy aquí no exagero si digo que he visto al menos cuatro rodajes, aparte de las cámaras de los canales de televisión con sus unidades móviles que me encuentro cada dos o tres días. Cualquiera puede recordar alguna cinta rodada en Nueva York y un buen cinéfilo seguro que se arranca a decir títulos y tiene para rato.

Me viene a la memoria la entrevista que este pasado verano hicimos a Leticia Dolera en el programa de la radio para hablar de Un café en cualquier esquina (Man Push Cart, 2005). La actriz nos comentaba lo qué significaba rodar por las calles de Manhattan. Y lo que le pareció más llamativo es la actitud de los neoyorkinos al respecto. No se inmutaban con las cámaras. Ni sobresaltos, ni amontonamientos, ni nada parecido. Aseguraba Leticia Dolera que los figurantes salieron gratis. Nadie fastidió la película mirando a la cámara. De hecho, en una ocasión el equipo se puso a grabar cuando el protagonista (un vendedor de perritos calientes que terminó por convertirse en actor no profesional de la película) improvisó un largo diálogo con un par de personas de la calle y quedó mejor que si lo hubiesen ensayado.

Así que si te lo han dicho ya créetelo, y si todavía no lo han hecho también: estar en Nueva York es sentirse dentro de una película, por mucho que se enfaden los chinos.

Posted by Fernando Navarro at 04:25:48 | Permalink | Comments (1) »