¿Para quién escribo?
Con vuestro permiso, me lanzo a robar con guante blanco el título de un artículo que el último Premio Nobel de Literatura, Orhan Pamuk, escribió recién conocido el fallo del galardón para reflexionar sobre el camino que hay entre el escritor y el lector, o viceversa. ¿Para quién escribo?, se preguntaba el escritor turco. ¿Para quién escribo? Es la pregunta que a toda persona, que alguna vez ha cogido un bolígrafo o ha pulsado una tecla, antes o después le asalta en mitad del texto. Y es la pregunta que me formulo cada vez que me siento en esta habitación blanca sin más decoración que una lámina barata de El sueño de Picasso.
Es verdad que nunca he tenido muy claro que he querido hacer de “Serenatas”, seguramente porque yo tampoco tengo muy definido que quiero hacer de mí. Realmente, para que engañar a nadie, lo único claro que voy teniendo en la vida es lo que no quiero. Pero en los últimos días, una sucesión de momentos han querido que ahora más que nunca esta pregunta me rodee por todas partes.
Me han tentado con la idea de hacer de este blog un sitio diferente a lo que es, a modo de enlace con un medio, que tenga como punto de partida la actualidad noticiosa de Nueva York. Es una opción, pero ya sería muy difícil llamarlo “Serenatas” y no sería lo mismo.
En otro frente, la cuestión ha cobrado vida porque a lo mejor este cuaderno de bitácora carece de la profundización personal que se le concede a este fascinante mundo que es Internet. Bien es cierto que lo he pensado en alguna ocasión, pero siento que mientras esté esta ciudad por medio, poco tengo que decir de mí. Intento ser un mero intermediario, si se prefiere un secundario de una película en la que Nueva York es la protagonista, y a la que la debo este blog. Además, ni soy tan interesante ni quiero volver loco al personal con la montaña rusa que corre dentro de mí.
De nuevo, con más interrogación si cabe, la pregunta ha vuelto a despertar justamente en el día que pensaba comentar el arranque de la navidad en Nueva York con el alumbrado del árbol del Rockefeller Center; un acto al que, por cierto, no he asistido, ya no sólo por el frío y la aglomeración inhumana que estaba prevista en tan poco espacio con una espera de horas sino porque la fiesta corría a cargo de Cristina Aguilera y Sting.
Decía que hoy he vuelto a formularme esta pregunta cuando por sorpresa me he encontrado un mensaje que desconocía entre los últimos comentarios de la Primera nota. Iba yo feliz al ver pasar a Mary Kate, que tan buenos momentos me hace pasar en el indispensable Cielo vacío, y me he dado con el mensaje de Borja, al cual no conozco. No sé que mala jugada me ha gastado Internet para no hacerme conocedor de este mensaje más que por la casualidad de una visita al pasado. Leyendo a Borja, sólo he podido quedarme hecho una interrogación.
¿Para quién escribo? Decía Orhan Pamuk en su artículo que los escritores escriben para su lector ideal, para sus seres queridos, para ellos mismos o para nadie. También decía que los escritores de hoy escriben para los que los leen, y yo añado humildemente que da igual que sea escribiendo un libro o un blog. Quizá escriba para Borja, o para Mary Kate, o para tantos que pasan por aquí y todavía no conozco. Puede que para los que me conocen o al menos me recuerdan, o para los que saben más de mí que yo mismo. Tal vez, ególatramente o en un acto de purificación personal para mí, o pretenciosamente para Nueva York. No lo sé, de corazón. Pero si me preguntan por qué escribo, la respuesta me sale sola: porque no me veo haciendo otra cosa. Espero que el lector, sea quién sea, me comprenda.
ovedad de Bruce.