Thursday, November 2, 2006

Halloween de muerte

Es una de esas veces que sabes que cualquier cosa que digas no hará justicia al significado de lo que quieres explicar. Pero si tengo que hablar de la celebración de Halloween en Nueva York, lo primero que se me ocurre decir es que se trata de uno de los acontecimientos más espectaculares que he visto en mi vida. Sencillamente, sobrepasa cualquier expectativa, por muy grande que ésta sea.

El día comienza con todas las cadenas de televisión arrancando con especiales de la fiesta, donde abundan los desfiles de disfraces. Uno de los programas más originales fue el de la cadena ABC que reunió muchos años después, por la pantalla desde diferentes puntos del país, a varios de los actores de la primerísima Famila Adams, antigua serie en blanco y negro estadounidense.

Al salir a la calle, uno nota que se encuentra ante un día diferente, aunque sólo sea porque no es normal toparse en la estación del tren con una enfermera asesina y generosamente escotada o con varias personas que llevan pelucas de colores. A medida que avanza la jornada, los disfraces se multiplican, a cuál más disparatado. Así, si andas por un centro comercial de Manhattan no es extraño toparse con botes de ketchup y de mostaza parlantes y con patas. Y como en las películas, empiezas a comprobar que los niños a la salida del colegio van con sus disfraces y su bolsa de caramelos por los comercios, los cuales dejan para ese día a uno de los vendedores como encargado de dar dulces a los chavales.

El desfile recorre la Sexta Avenida desde Spring St hasta 23rd St y está programado a las siete de la tarde. Cuatro horas antes hay gente cogiendo sitio a pesar de que el recorrido cubre muchas calles. El ambiente va adquiriendo su forma hasta el punto que, alrededor de las seis y media, impacta ver la Sexta Avenida sin un coche y repleta de personas a ambos lados. Es un murmullo sepulcral bajo la noche de Manhattan que pone los pelos de punta.

No más que el desfile en sí mismo. Una fiesta increíble que se concentra en el Greenwich Village. Media ciudad está disfrazada, que en las cifras en las que se mueve Nueva York es como decir que millones de personas se disfrazan. Hay monstruos en el paseo central y en las aceras. Todo el mundo quiere participar en esta noche de fiesta. Es imposible aburrirte. Y si lo haces, realmente, tienes un problema.

Bandas de música, carrozas, dragones, muñecos, calabazas, esqueletos, locos sueltos y en grupo, animales… Por ahí ves pasar todo tipo de personajes, aunque no hay ojo capaz de captar todos. No se pueden enumerar, casi es preferible que alguien preguntase si estaba un disfraz cualquiera y contestar, porque había de todas las películas, series, comics, dibujos animados, publicidad y cuentos que se conocen en la cultura norteamericana. Un jolgorio interminable para bien, pues a las tres horas todavía seguían desfilando personas y carrozas con música. Brutal. Llegabas a pensar que todo era irreal, más aún cuando te movías en un ambiente de absoluta fantasía. Entre todo, los policías se hacían fotos con la gente disfrazada. En mitad del desfile un agente sacaba su cámara y se empezaba a tirar fotos sin ningún pudor.

No pasaba nada si no estabas disfrazado. Seguro, eso sí, que pertenecías al reducido grupo de raros. De una manera u otra, todo el mundo sabía que formaba parte de un acontecimiento especial, único en muchos aspectos, porque Halloween en Nueva York es una americanada digna de ser vivida.

PD. Finalmente, terminé disfrazandome de zombie rockero. Improvisé a última hora el disfraz. Mi cara no dejaba de ser parecida a la de cualquier día de diario recién levantado de la cama. Soy incapaz de colgar la foto, por ahora.

PD 2. Happy Halloween!!!

Posted by Fernando Navarro at 06:08:29 | Permalink | Comments (10)