Sin freno
Estos neoyorkinos no paran. El domingo, pocos días después de la espectacular fiesta de Halloween que celebraron, se quitaron las máscaras y las pelucas para ponerse las deportivas y las cintas en la cabeza y lanzarse a correr por las calles. La cita era un clásico: el Maratón de Nueva York.
Alrededor de 38.000 personas se vistieron de corto para participar en esta carrera que recorre los cinco grandes distritos de la ciudad. El maratón parte de la isla de Staten Island, famosa durante años por haber sido el vertedero más grande del mundo, y pasa por Brooklyn, Queens y El Bronx hasta terminar en Central Park, el pulmón de Manhattan. En total, 26 millas, que al cambio nuestro son 42 kilómetros y pico.
Una distancia que se atraganta a los estadounidenses, que no ven ganar a un corredor suyo desde hace 25 años. Tal vez, por eso, el New York Road Runners, entidad organizadora del maratón, se había decidido en esta edición a repartir 100.000 dólares entre los cincos estadounidenses mejor ubicados. Pero ni por esas. Ganó un brasileño en categoría masculina, una letona en femenina y un australiano en silla de ruedas.
Si se trata de cifras, eso sí, Nueva York está para batirlas. Este año se habían alcanzado las 90.000 solicitudes de participación, de las cuales más de la mitad no se cursaron. Al tiempo, más de cien países han estado representados y se han consumido un millón y medio de botellas de agua. Y otro récord: el de las más de cien bandas de música inscritas para tocar por las calles. El ritmo que no falte.
Como a Lance Armstrong, que acabó en el puesto 856. Sin bicicleta, el siete veces campeón del Tour de Francia cumplió su objetivo: terminar la carrera por debajo de las tres horas. A éste tampoco hay quién lo pare.
*Artículo publicado en el diario deportivo “La Voz del Deporte” dentro de mi colaboración con el periódico cada martes de la semana. Este blog recoge el texto siempre después de ser publicado en el diario.