Monday, November 13, 2006

El espíritu del baile

Es difícil encontrar un término medio en Nueva York. En el tema de los conciertos así sucede. Las entradas para una actuación de Brian Wilson, ex líder de los Beach Boys, pueden oscilar entre los 140 y los 400 dólares en el Beacon Theater. Precios similares se ven con otros nombres igual de ilustres. Incluso existen situaciones tan prohibitivas como un concierto de los Rolling Stones, también en el Beacon Theater, con tickets por 4.000$ en el 60 aniversario al ex presidente Bill Clinton (entradas agotadas). Pero fuera de esta línea, la ciudad ofrece un amplio abanico de opciones mucho más económicas y, seguramente, más atractivas. Por 25 dólares, se puede disfrutar en una misma noche de uno de los rockeros más gratificantes de la década de los setenta y de una de las leyendas vivas del blues.

Con sus abundantes mesas para comer y sus camareros paseándose con platos de hamburguesas de un lado para otro, el B. B. King Blues Club no deja de ser un buen local de música negra para consumo de blancos, situado en mitad de la 42th St. en el entorno recreativo y turístico de Times Square. Una sala dedicada a una de las guitarras del blues más famosas de todos los tiempos que cuenta con una programación muy recomendable, aparte de una gran acústica y estupenda visibilidad.  

Sobre su escenario, el primero en pasar haciendo las funciones de telonero de la noche fue Gary Us Bonds, una de mis debilidades musicales. El bueno de Gary forma parte de la escena de Asbury Park, donde descorchó su rock´n´roll festivo de tintes clásicos en temas como “Jole Blond”, “Quarter to three” o “Dear Lady Twist”. El cantante es amigo de Bruce Springsteen y el propio jefe ha reconocido su admiración por él, rescatándole del olvido con la versión en directo de algunos de sus temas. Decir Gary Us Bonds es hablar de buena parte del Springsteen más movido de The River (1980), donde se reconoce una comunión especial con el público por la herencia que se deja oír con el rock´n´roll primigenio. Rock a la vieja usanza, de meneo de caderas, que levantó a varias parejas de sus sillas para hacerlas bailar en el B. B. King Blues Club. También para emocionar a más de uno con la versión de “I´ve Got Dreams to Remember“, del eterno Otis Redding.

Se puede afirmar que Gary Us Bonds es uno de los pocos embajadores que quedan del espíritu del jukebox, que tan grandes momentos ha dado a la juventud estadounidense. Por sí sólo podría ser cabeza de cartel, si no fuera porque después de él venía todo un bluesman, uno de los últimos grandes del Missippi; Pinetop Perkins. A sus 93 años, el anciano pianista salió al escenario caminando muy despacio, apoyado en su bastón, con traje amarillo y sombrero blanco. Las colaboraciones de este hombre con los mejores bluesmen se cuentan por decenas, llegando a trabajar durante once años para Muddy Waters.

Pinetop Perkins, que debe su nombre al maestro Pinetop Smith, es fiel representante del boogie-woogie, estilo preferentemente instrumental nacido en el sur de Estados Unidos y de ritmo bailable y melodías sencillas y repetitivas. Las jam-sessions ligeras de Pinetop son una delicia para los oídos. Ciertamente es un hombre de blues que guarda el secreto del género porque le bastó repetir mil veces “I´m alone” para introducir a los presentes en su mundo personal, mientras sus dedos saltarines paseaban por el camino de teclas. Curioso, asimismo, era ver cómo iba a su bola, ajeno a la banda que le acompañaba, o su manía de viejo zorro de cerrar las canciones siempre a su manera. Pocos creímos que volvería a salir en los bises después de lo muchísimo que le costó levantarse e irse ayudado por uno de los guitarristas. Pero salió y cerró la fiesta con media sala bailando, jóvenes y viejos, todos embriagados, y éste que escribe entusiasmado con la sonrisa torcida de Pinetop Perkins.

Posted by Fernando Navarro at 03:19:21 | Permalink | Comments (5)