Thursday, November 16, 2006

Ballad of a thin man

Con su letra menuda y utilizando el anuario del colegio, aprovecha para dejar una larga declaración a una tal Echo Helstreim, en la que se puede leer: “Eres la mejor actriz del colegio. La más bella. No tengo palabras para ti. Me alegro de conocerte, de verdad”. Corre el año 1959. Es el mismo chaval que en otro libro del colegio aparece registrado como Little Richard. La letra de este joven no varía mucho cuando escribe un poema con dos versiones (la good y la bad) sobre un papel amarilleado, donde expresa su deseo por “conseguir unas buenas motos para recorrer carreteras interminables”. Su incipiente talento al verso no le sirve, en cambio, para sacar más de un “Bien” en el análisis de los personajes de la obra de John Steinbeck, Las uvas de la ira (The Grapes of Wrath, 1939). El chico asegura en su ensayo que quiere aprender de lo que dicen los personajes de Steinbeck, aunque el profesor le deja una nota diciendo que parece que quieres ayudar pero no sabes cómo. Y, tal vez, no lo sabía, pero el joven decide dejar todo para perseguir su musa, y llegar hasta Nueva York.

Bob Dylan llegó a Nueva York con apetito de comerse la vida. Así lo muestra la exposición que se puede ir a ver a The Morgan Library & Museum, que presenta la trayectoria de un joven que, tras abandonar Hibbing y Minneapolis, terminó haciendo de su arte un punto de inflexión en la historia de la música popular. Bajo el título Bob Dylan’s American Journey, 1956-1966, la muestra recoge más de 150 objetos entre fotografías, libros, recortes de periódicos, entradas de conciertos, camisetas, instrumentos, posters o carteles, acompañados de material visual y sonoro de los discos de Dylan, desde su primer trabajo de cantautor hasta que revolucionó a todos con Highway 61 Revisited (1965) y Blonde on Blonde (1966). Una exposición que está centrada en pequeños detalles y curiosidades, como las escritas anteriormente, que ayudan a conocer el retrato de Dylan y, para los dylanitas, permite gozar de un material nunca expuesto.

Gracias a un apartado especial, se puede ver a un cantante que venía impulsado por los vientos de libertad que las composiciones del irrepetible Woody Guthrie hacían soplar en su corazón. De Guthrie se exponen varias cosas, como una guitarra Martin Acoustic de 1940 o la camiseta que llevó puesta cuando ingresó con enfermedad incurable en el Grey Stone Hospital, llamado Gravestone Hospital (Hospital de la sepultura de piedra) por la lengua afilada de Guthrie. La pasión de Dylan por el cantautor queda reflejada en una fotografía donde calca el look de Guthrie.

Pero el joven Dylan también aprendía de los viejos blues y del extenso legado de canciones folk al mismo tiempo que se empapaba de literatura. En el recorrido se ven libros de la época, con las tapas desgastadas, de Byron, Kyats o Donne. Como uno que ha cedido Suze Rotolo, la novia de Dylan que le introdujo en el conocimiento de varios poetas. Se puede reconocer a un artista que necesitaba el arte más que el aire.

Hay otro apartado muy especial dedicado a su relación con el Greenwich Village. Dylan pagaba un alquiler de 60 dólares mensuales por un apartamento cerca de Washington Square, que pisaba poco pues se dedicaba a recorrer las calles y los cafés de la zona más activa de Manhattan, punto de encuentro asimismo de los miembros de la generación Beat con Kerouac, Burroughs o Ginsberg a la cabeza. Eran los años, como dijo Dylan una vez, en los que absorbía tantas influencias con tanta rapidez que le costaba mucho apagar la luz por la noche.

Y entre covers de las canciones del rey del folk, que en pequeñas habitaciones pueden escucharse y seleccionarse apretando un botón, se da paso al verdadero salto de genio, cuando Dylan agarró la guitarra eléctrica y desató todas sus fieras. Highway 61 Revisited es un catálogo de talento artístico a raudales. Representa las auténticas virtudes de Dylan. Su independencia, su derroche, su búsqueda y su lucha. Uno de los momentos más fascinantes de la historia del rock. De ese disco se recoge una dedicatoria de Dylan, cedida por un fan, sobre la portada del álbum en la que se lee: “How does it feel be on your own just like a Rolling Stone!”.

Es el viaje de un chaval que buscando se convirtió en prodigioso trovador folk y volvió a romper con lo que tenía para pasar a ser uno de los mayores innovadores del rock. Es un viaje que está documentado de forma magistral por Martin Scorsese en No direction home (2005). Y suena así.

Posted by Fernando Navarro at 03:03:03 | Permalink | Comments (3)