Friday, November 17, 2006

Otoño en Central Park

Cuando Nueva York se vuelve endiablada, uno puede reencontrarse con la vida paseando por Central Park. Por sus caminos sinuosos, sin dirección predeterminada, lo más fácil es sentirse aislado de una ciudad que, como todas las grandes metrópolis, tiene un perfil enfurecido por la lucha de ponerse en pie todos los días sobre el mismo cemento desgastado. Quizá cualquier parque pueda ofrecer un poco de descanso al hombre del traje gris y a la mujer de la agenda, pero ninguno consigue que cada hoja que cae en estos días de un avanzado otoño parezca bailar con la brisa en una melodía perfecta, pensada sólo para ti.

Con su sugerencia de colores, Central Park es un refugio donde cada detalle del parque forma parte de una obra creada para ejercitar el espíritu. Pinceladas otoñales de amarillo castaño, verde nublado, marrón chocolate y naranja agridulce, envueltas sobre el rojizo vivo que guardan las copas de los árboles más altos. Los paseos se eligen al azar por sus trazos curvos y sus recodos inesperados, mientras farolitas negras cuidan de los pasos sobre la arena y el césped. A medida que uno avanza y se adentra en su naturaleza, va adquiriendo nuevas tonalidades hasta reconocer una sensación de promesa compartida, que no puede engañar a nadie.

Por la vista pasan niños jugando con sus madres, patinadores y ciclistas sin orden entre corredores de footing y calesas con amantes, perros sueltos y transeúntes ligeros de equipaje. Hay hojas mojadas en el suelo que recuerdan a huellas en el camino, habitado a menudo por ardillas que abandonan las ramas de los árboles. De fondo, el hombre de jazz busca unas monedas, hace sonar el saxo y desprende más vibraciones a las que se quedan con el vuelo de las palomas, el graznido de los gansos y el rumor del agua. El cuadro hechiza como en una fantasía, trae una melancólica canción de Van Morrison.

Los bancos esperan para el reposo de los pies y el sosiego interno. Bajo un cielo plata, Central Park tiene el don del primer amor, aquel que arrebata y se refugia en la soledad.

 

Posted by Fernando Navarro at 06:53:40 | Permalink | Comments (3)