Thursday, November 23, 2006

Exhibicionismo neoyorkino

Imagino que muchos ya sabéis la última del mago David Blaine, que no es otra que permanecer suspendido durante tres días sobre Times Square atado con grilletes a un giroscopio. Una de tantas excentricidades de este neoyorkino nacido en Brooklyn que antes pasó 44 días en una jaula a base de agua sobre el río Tamésis, permaneció sepultado durante siete días en un ataúd o se sacó el corazón en mitad de un programa de televisión. Todo este circo está patrocinado por una multinacional vendiendo una campaña de ayuda a niños necesitados. Una estúpida solidaridad que no deja de ser un ejercicio de marketing.

Pero este tema me ha hecho pensar en el exhibicionismo que, como una chapa incrustada en la solapa, se reconoce en cada neoyorkino. Un rasgo que llama poderosamente la atención al foráneo, tan ávido de las situaciones más inverosímiles que suceden por estas calles. En este sentido, Times Square se lleva la palma, ya que desde que llegué he visto una exposición de motos Harley Davidson en plena avenida o la plaza cortada al tráfico para crear un patio de butacas donde visionar por una de sus enormes pantallas el estreno de Madama Batterfly en el Metropolitan Opera. Sin embargo, me refiero a un exhibicionismo tan genuino como el de los grandes acontecimientos y que goza de una salud a prueba de bombas. Hablo de la manifestación individual neoyorkina, tan diferente a todo lo conocido que no tiene mejor adjetivo que el de la ciudad. 

Un ejemplo me viene que ni pintado para explicarlo. El otro fin de semana paseando por Central Park a media mañana nos topamos a la altura de Sheep Meadow con un grupo de neoyorkinos que, según dicen ellos mismos, practican el arte de la danza sobre patines. La mayoría son miembros de la asociación Central Park Dance Skaters Association Skate Circle. Verdaderos frikis (freak) que acotan una zona del parque para patinar mientras un Dj en una mesa de platos pincha funky, hip hop y todo aquello que pueda incitar al baile, sobre patines. Con la música a todo trapo, los curiosos se amontonan alrededor de la pista y los turistas gastan la batería de sus cámaras digitales.

La risa llega a primera vista. Una pareja de ancianos, que debieron ser patinadores profesionales, practican sus bailes de salón sobre ruedas. Otra de la misma quinta vuela de un lado para otro en mangas de camisa rosa y maquillada. Un gran negro danza tal cual bailarina y otro corre de espaldas emocionado por el ritmo. Hay patinadores solitarios, de dos en dos o en grupo. Mientras tanto, los del staff se encargan de animar a los del otro lado de la valla a participar en la fiesta.

Cada uno responde a ese impulso de exhibición tan propio de aquí, nada extraño. En conjunto, forman una marca de fábrica neoyorkina, con la que os podéis entretener un rato, como yo lo hice, en el siguiente vídeo que me he encontrado buceando en la red.  

Posted by Fernando Navarro at 02:55:02 | Permalink | Comments (3)