Brooklyn Bridge
Posiblemente, el puente de Brooklyn (Brooklyn Bridge) sea la fotografía más bonita de Nueva York. Al menos, su instantánea, se coja por donde se coja, guarda siempre el mejor brillo.
Desde la orilla de la isla de Manhattan, el lugar más recurrente es Seaport, donde tras dejar atrás unos barcos y remolcadores reformados, que no sin asombro invocan a otra época de vapor y vela en mitad de los rascacielos, se gira hacia la izquierda y se da de bruces con la maravilla. La contemplación se lleva sobre la madera del muelle, con el East River dejándose morir en su encuentro con el Hudson, a la altura de la Estatua de la Libertad.
Al otro lado del río, en su territorio de origen, la opción más seleccionada es la que ofrece el paseo del Promenade, con vistas igual de espectaculares, entre las lujosas casas de enredaderas que miran al skyline de Manhattan y de las cuales una es residencia de Norman Mailer.
Una de las panorámicas del puente más difíciles de encontrar en las recomendaciones de cualquier guía es la que diariamente está más al alcance de la vista del neoyorkino. La línea naranja del metro, en sus letras B y D, da la posibilidad de observar el Brooklyn Bridge en altura al paso del tren por el puente de Manhattan. La sensación que produce la única imagen en movimiento del puente de Brooklyn es sencillamente asombrosa.
Pero a la contemplación que tengo más cariño, y que es igualmente difícil de encontrar en las páginas de las guías, se halla al bajarse uno en la estación de York St, en Brooklyn Heights. Si se va de noche, conviene ser un amante de las películas de mafiosos para no amilanarse al recorrer callejones de piedra rodeados de fábricas vacías y oscuros parkings para coches. Con luz puede reconocerse la zona como el sitio donde un Al Pacino ciego le pide conducir el Ferrari a un joven Chris O´Donnell en Esencia de mujer.
Como los buscadores de oro, ha de seguirse el camino hacia el río y, bajo el puente de Manhattan, se encuentra el Brooklyn Park. Este parque, reformado recientemente, acoge una serie de bancos que permiten sentarse como el pequeño hombre con sombrero que se ve en una de las láminas más famosas que existen sobre el puente. El asiento se toma entre la tremenda longitud de ambos puentes, quedando el de Brooklyn a la izquierda, en todo su esplendor cuando cae la noche con los rascacielos de fondo. El río ofrece su rumor a la vista mientras un sonido metálico y estridente se oye en las alturas con el traquetear del tren por el puente de Manhattan. Poco más se puede hacer que no sea cegarse de Brooklyn Bridge, con sus cables de acero adornados de luces y su gótico romántico sobre East River.
Totalmente de acuerdo: el Brooklyn Bridge es una visita obligada en todos los viajes a NYC.
Un paseo al atardecer desde Brooklyn a Manhattan te hace sentir que estás ante una de las vistas más bonitas del mundo, aparte que te ofrece una perspectiva de la ciudad como lo que es: una enorme isla viva 24h donde no pueden pasar más cosas a la vez… la sensación de estar en el centro del mundo.
Tienes toda la razón José. Por cierto, fuimos a tu exposición recomendada y nos gustó muchísimo. Ya contaré por aquí. Por ahora, se me acumulan las cosas.
Viajo. Estoy allí y es de noche.
GRACIAS.
FER, “Brooklyn Bridge” es la QUINTA-avenida/ESENCIA, la estrella de NY. La riqueza al alcance de todos. Por el día es la VIDA ruidosa y en movimiento en todo su esplendor y por la noche es la PAZ silenciosa y en reposo iluminada y arropada por las innumerables velas de todos los despiertos edificios manhattianos. “The bridge” une los caminos de la materia capitalina y la convierte en ESPÍRITU. Un auténtico sueño.
Una misa gosspel, un paseo por el níveo CentraL Park (cuya blancura desconozco y que he admirado sigiendo tus calurosos relato y fotos del invierno) y uno o miles de recorridos de punta a punta por “the bridge” son “the american dream” (expresión tuya, FER) … que “engancha”.
Rain y Ángel gracias a los dos por pasar por aquí. El Brooklyn Bridge es NYC en estado puro con su sabor a vida y su fotografía eterna.