Wednesday, November 29, 2006

Nighthawks (Trasnochadores)

 

Al llegar a la quinta planta del Whitney Musuem of American Art, si se gira hacia la izquierda, uno se encuentra con este bar, expuesto con estos tipos en la barra, perdidos en la profundidad de la noche, bajo el aura fantástica que los envuelve en su condición de simples personajes urbanos.

Como el propio Edward Hooper dijo, no es más que un restaurante de la Greenwich Avenue en la confluencia de dos calles. Tal vez, sea la mejor forma de situarlo por parte de su creador, pero visto desde la perspectiva del espectador, frente al cuadro, el efecto de esas calles y ese bar esboza el hito de la soledad en la gran ciudad.

Puede uno llegar al sitio de frente, como cruzando la calle, y así observar, que a medida que se acerca, la luz del bar es lo único que ilumina ese pequeño rincón de una naturaleza extraviada. Hay un mundo mostrándose en su interior, silencioso como la oscuridad de afuera, pero al que van a parar los náufragos cuando la vida se desborda y se inunda de anhelos pasados.

Si se va por la derecha, la acera se estira algo hasta el cruce con la esquina. El hombre de espaldas enseña su perfil cortado y la sombra en la que se consume. Los que han hecho de este sitio un lugar de estudio aseguran que es el mismo Hooper, sentado dentro de su propio conflicto humano. Hasta ahora lo cierto es que el hombre, ligeramente encorvado y de cualquier manera, carga con una resignación sin cura.

Al llegar por la izquierda, uno se percata aún mejor del ventanal curvo, que hace visible el cristal. El bar rodea a los individuos como un recipiente herméticamente cerrado. La pareja se halla ensimismada, pero por separado, cada uno en su propio aislamiento. Ella parece buscar la gracia a un paquete de cerillas, puede que vacío, incapaz de encender nada. Su acompañante es apuesto, de gesto rígido y mirada penetrante, pero con su cigarrillo entre los dedos y su sombrero gris es fiel reflejo de un hombre sin atributos, un ciudadano sin sueños. Al camarero, por su parte, se le adivina buena persona aunque falto de soluciones, como un recogedor de suspiros, que sólo puede ofrecer cafés de medianoche

En conjunto, estos trasnochadores, refugiados en una luz que cae picada, forman un acontecimiento simple y natural. A pocos pasos de ellos muestran el mismo aspecto abandonado que sugieren, más intacto si cabe con una existencia cromática de una intensidad teatral. Es una escena congelada, en la que cada personaje parece querer cobrar vida a cada segundo que pasa, pero no pueden evitar ser figuras ambivalentes en la duermevela.

Siempre he tenido trastornos del sueño, tal vez por eso sienta tanta empatía por estos tipos. No soy el único, pues hace poco me enteré que el guionista Douglas Steinbeck ha llevado la silenciosa intriga de Nighthawks al teatro, para explicar qué sucede en la vida de los personajes. No lo sé, pero he podido conocerles en persona y no puedo por menos que asegurar que estos noctámbulos de paso fugaz merecen quedar retratados para la eternidad.

Posted by Fernando Navarro at 05:57:35
Comments

3 Responses to “Nighthawks (Trasnochadores)”

  1. K says:

    Aquí sí hay sentimientos. Los transmites bien, con ese punto de lejanía que es tu firma de autor.

    Yo huyo de la soledad viviendo en lugares pequeños. La constancia de la soledad como un hecho sólido, real, en un lugar hiperpoblado me sería muy difícil de tolerar. O bueno, tal vez tenga miedo de la adicción; ese mantenerse apartado de algo que te puede enganchar para siempre.

    ¿Es eso? ¿Por eso estás ahí?

    Un saludo.

  2. Fer says:

    Querida K, menos mal, pensaba que me veías como una persona sin sentimientos :-)
    ¿Por qué estoy en Nueva York? Hoy te digo que por un día que recordé el sonido de la sexta avenida con la 34 y decidí que me volvía para acá. Mañana te digo que por estudiar inglés. Pasado la razón son las películas y la música, que me han comido la cabeza. Al otro, a saber. En las adicciones siempre hay mucho de huída.

  3. Rain says:

    Cuando vi Nighthawks por primera vez, su desolación me recordó los personajes de Auster y luego la vida misma cuando uno camina, mira, aborda diferentes lugares de la ciudad donde vive. Porque es como Edward Hooper ha universalizado estos personajes en un bar: que hay en diferentes lugares del mundo. Aquí está en Nueva York, con su color, su extraña irradiación de susurros y miradas.

    Sólo que esa soledad de bares se repite aqui y allá . O soledad a secas…

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