Oda a Susan Sontag
Desde la semana pasada estoy en Madrid y mis días no dejan de ser un ir y venir de ver a muchísima gente. Por suerte, no paro y me encanta encontrarme de nuevo con tantos amigos. Mientras ando de aquí para allá, sin tiempo para mirar desde la distancia Nueva York, que me espera de nuevo a la vuelta del nuevo año, quiero recordar a Susan Sontag, de la que prometí hablar un día. Hoy se cumplen dos años de su muerte, por lo que creo que es un buen día para recordar a esta gran intelectual -aunque a ella no le gustaba que la llamasen así- neoyorkina de la segunda mitad del siglo XX. Por ello, os dejo un artículo que escribí sobre ella en la misma semana de su fallecimiento y que fue difundido por el CCS entre varios medios de comunicación. Sus ensayos y sus entrevistas son obligatorios.
Susan Sontag, matriz de la inteligencia no callada
Dice el filosofo Emilio Lledó cuando habla de la lectura y los libros como una necesidad urgente: “El hablar una lengua sea lo que sea, no significa nada. Es casi un hecho natural. Lo que hace falta es ser alguien con ella, decir algo con ella, ser persona desde ella, y a eso lo llamo lengua matriz” Susan Sontag era palabra en sí misma. Hablaba para vivir. O viceversa. Siempre haciéndose con palabras, valientes, escépticas, comprometidas, críticas. Siendo ella persona en la lengua que defendía, en la que creía; la lengua de la razón.
Sontag fue la voz crítica de Occidente. Su ética guardaba la belleza de la fuerza innata, capaz de combatir cualquier aspecto de la vida con un torrente de opiniones. Abordó todos los problemas contemporáneos y formó parte de la Academia de Estados Unidos. Su carrera como escritora comenzó a los 30 años con El benefactor, a las que sumó otras tres novelas: Estuche de muerte, El amante del volcán y En América. Por esta última mereció el Nacional Book Award. Pero alternó la novela, con el teatro, el cine y el ensayo, escribiendo centenares de artículos donde mostraba su individualidad intelectual. Vivió de cerca guerras como la de Vietnam, la del Yom Kipur y la de Bosnia. Fue una de las más dedicadas activistas en contra de la guerra de Vietnam. En Estados Unidos, había sido criticada con especial dureza en los últimos años por unas declaraciones contra George W. Bush después del 11-S y por su oposición a la guerra de Iraq. En el 2003 declaró: “La fórmula del Gobierno de Bush consiste en afirmar que tenemos enemigos en todas partes, que tenemos que embarcarnos en una guerra interminable y que cualquiera que se oponga al Gobierno es antipatriótico. Esa es una formula persuasiva, capaz de persuadir a mucha gente. La paranoia es persuasiva”
Fue galardonada con numerosos premios, uno de los últimos el Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 2003 por “la profundidad de pensamiento y calidad estética” En cierta ocasión aseguró: “Tengo la impresión de que la literatura ha ampliado mi capacidad de compasión” En la literatura encontraba lugares comunes a sus inquietudes. En el discurso que pronunció al recibir el galardón, Sontag dijo: “Imaginemos la literatura como una utopía…”
Era una humanista del siglo XX, una lectora apasionada. Carlos Fuentes ha escrito: “En las playas del Lido, Susan tenía por lectura ligera, de vacaciones, a Henry James. En los cafés de Manhattan, descubrió antes que nadie en América la gran novela de Italo Calvino Si una noche de invierno un viajero. Este sentimiento de la admiración y la sorpresa era habitual en ella y nos llevaba a sus amigos a leer lo que, sin ella, acaso hubiese pasado desapercibido”
Contó con la admiración de sus amigos y siempre fue reconocida por su trabajo, a pesar de que sus opiniones levantaban polémicas en muchas ocasiones. Tal vez, porque en un mundo cada vez más homogéneo, menos tolerante, ella iba contra la obviedad. En el lanzamiento de su libro En América afirmó: “Me disgustan la vanidad, la violencia, las armas de fuego, Hollywood, la cultura de masas que ha arrasado otro tipo de culturas. Quizá por eso me gusta ser extranjera. Me interesan más los derrotados que los vencedores”
Una de sus últimas polémicas tuvo como protagonistas a Fidel Castro y García Marquéz, en una entrevista a El País Semanal habló sobre el debate de Cuba: “García Marquéz no puede seguir siendo amigo de Castro y a la vez calificarse a sí mismo de periodista. Desde Bogotá, le exigí públicamente que explicara cómo podía estar en contra de la pena de muerte y a la vez defender que el régimen cubano ejecutara a gente por delitos menores, su respuesta fue lamentable. En resumen, insistió en que se oponía a la pena de muerte y aseguró que había ayudado a muchos disidentes para que pudieran huir de Cuba. Me pareció patético. Me afecta la posición en que se encuentra, porque le admiro muchísimo”
Susan Sontag muere acompañada de la palabra. El mundo pierde una matriz de las ideas que “bailaba con lobos”, como ha dicho José Saramago. Ella ya lo propuso en los años 60 en su ensayo Contra la interpretación: “La alternativa es inexorable: o soy viajero de las antiguas épocas, y me enfrento con un espectáculo prodigioso que me resultaría casi ininteligible o soy viajero de mi época, precipitándome en la búsqueda de una realidad desvanecida” Ella vivió en la segunda opción y lo contó.