Big Man
Mirad a este tipo, como hace él con vosotros. Os observa desde su rincón. ¿Asusta? ¿Produce rechazo? ¿Da pena? ¿O todo a la vez? Este gran hombre responde al nombre de Big Man, sin más. Tal vez, porque lo que más le define es su tamaño enorme. Ahí donde le tenéis es un gigante que sentado mide más de dos metros y pesa más de dos toneladas. La uña del dedo gordo de uno de sus pies es como mi mano. Para que os hagáis una idea.
Si os fijáis bien, no tiene nada de vello por el cuerpo. Su gran cabeza está calva, su cara imberbe, su pecho desabrigado y sus piernas blancas. Se podría decir que es como un recién nacido que sabe que es un gigante incomprendido. A pesar de sus enormes dimensiones, parece una persona inofensiva, un crío sin juguete o, a lo mejor, sólo un gigante que se esconde en su esquina.
Por eso, su rostro no puede evitar mostrar cierta mueca de descontento, quizás de enojo, que produce una rara dejadez con esa mirada descreída. En la fotografía no se aprecia tanto, pero si se está delante de este hombre se puede contemplar cómo ningún rasgo de su cuerpo parece superficial, ni siquiera su solitario lunar que sobresale de uno de sus carrillos. El ojo se puede fijar en las arrugas de unas pronunciadas rodillas, en las venas que recorren unos celulíticos muslos o en la oreja que se sostiene moribunda en el lado de la cabeza que se deja ver.
Este tipo asombra por su tamaño pero aún más por lo real que parece su vigoroso cuerpo de fibra de vidrio. Big Man es de un realismo atroz. Es una de las onces esculturas de Ron Mueck que se recogen dispersas en la quinta planta del Museo de Brooklyn, un magnífico y majestuoso centro de arte que vive a la sombra del Metropolitan y el MOMA.
Ron Mueck es un escultor amigo del detalle escrupuloso. Proviene de los efectos especiales en películas como La Máscara 2 (Mask II, 2001). Dejó Australia para pasar por la industria del cine en Los Angeles y Londres, mientras desarrollaba sus obsesiones en esculturas, algunas enormes, otras diminutas. Da igual que sean dos ancianas enanas sobre una mesilla mirando de espaldas, un recién nacido colgado de una pared, una mujer mayúscula en la cama o nuestro Big Man; cada uno de ellos expone congelados sus temores, los de personajes absorbidos por una realidad que está a punto de vencerles o ya lo ha hecho.
El realismo de Mueck se muestra en hipérbole. No parece que por gusto sino por necesidad. Cada escultura es un individuo que no sabía que se movía en un mundo sin freno. Es el caso de Big Man. Ahí, sentado en un rincón de la sala principal, nos intenta decir que su fealdad, su gigantismo y su delicadeza extrema son consecuencias del mismo disparate con el que se convive diariamente y crece sin mesura. Tiene miedo a lo normal y a lo corriente. Es incrédulo a los tiempos modernos.
Si me lo permitís, Big Man es el resultado de cómo ha quedado un siglo después El Pensador de August Rodin, del cual una de las veinte piezas que se conocen autorizadas por el autor se exhibe en el Metropolitan Museum de Nueva York. El bronce y el mármol han dado paso a la fibra de vidrio. La lucha interna de El Pensador ha terminado en una batalla pérdida, moldeando una figura que se sugería humana y ha terminado por convertirse en realmente monstruosa dentro de su humanidad.

tero pensando en hacer más dinero. Aquellos seguidores que no podían ver ni en pintura a los Yankees se quedaron sin equipo. Hasta que en 1962 un abogado fundó los Mets.
La ABA fue una liga profesional de baloncesto que se fundó en 1967, atrayendo la atención de los mejores peloteros hasta que se fusionó con la NBA en 1977. En sus orígenes, los New Jersey Nets echaron raíces dentro de esta competición y se engalanaron con los colores de la bandera (rojo, blanco y azul) para hacer juego con la pelota de la ABA. Fueron los años dorados de los Nets que ganaron los campeonatos de 1974 y 1976, bajo la batuta de Dr. J., el legendario Julius Irving.
s lugares con más solera de Nueva York. Hace un mes por aquí se habló del cierre del CBGB, ahora se acaba de anunciar que ocurrirá lo mismo con Astroland, el parque de atracciones de Coney Island. Será en el otoño de 2007 cuando este centro de diversión caiga en manos de la constructora Thor Equities, que quiere remodelarlo con un proyecto que se antoja hortera con elefantes dorados y hologramas. La horterada imagino que terminará siendo espectacular.