Monday 18 de September de 2006

New York City Serenade

Cuentan que un joven Bruce Springsteen, natural de un pueblecito de Nueva Jersey, compuso New York City Serenade maravillado por las calles de Nueva York. Entonces era un desconocido que cuando sacaba algún dinero entre actuación y actuación saltaba de un estado a otro para perderse por Manhattan y alrededores. Es posible que fuera lo mejor que podía hacer un chico de veinticinco años a principios de los años setenta en el estado de Jersey. Buscar fuera lo que no encontraba dentro.

No sé si la vida ha cambiado mucho desde aquella época. Supongo que sí, sobre todo, para el amigo Bruce. Tampoco sé que semejanzas ha podido tener o tiene Jersey con Madrid o cualquier otro lugar del planeta. Lo único que creo saber es que Nueva York invita a enamorarse como pocos sitios pueden conseguir en el mundo, y que si te engancha no quieres volver a soltarte. Nueva York se lleva dentro; no se explica, tan sólo se siente.

Este sentimiento justifica mi regreso a la ciudad, dos años después de haber estado viviendo allí una temporada. Ahora, en cambio, voy para quedarme más tiempo y acompañado de Nines. Puede que esté cegado por la luz. Es un riesgo que asumo. Pero todo amor necesita reencontrarse, reconocerse. Creo que no vuelvo por capricho: hace un mes que no duermo bien de pensar en cómo será de nuevo y ahora mis piernas tiemblan mientras escribo estas líneas.

El impulso es fuerte, pero, como a toda pasión, le sigue su miedo. Algunos días el temor nace de creer que a lo mejor Nueva York, mi Nueva York, fue un sueño, que mañana se volverá en mi contra hasta aplastarme. Otras veces las fabulaciones no son tantas. Únicamente se entiende que, cuando se tiene una ilusión, por el camino se quedan otras cosas. Imagino que es el precio que hay que pagar. Intento de cualquier manera agarrarme a una frase que me parece dijo el emperador Adriano a sus tropas: "En mi ejército no quiero hombres que no tengan miedo, quiero hombres que lo tengan y aprendan a superarlo".

La llamada de Nueva York es ya innegociable. Vuelvo porque, tal vez, sea lo mejor que puedo hacer. Regreso porque, seguramente, todavía no he encontrado aquello que ando buscando. La apuesta está hecha. Siento que partir es siempre el comienzo de algo. Este blog es la primera decisión del viaje. Serenatas de Nueva York debe su nombre a la canción de Bruce Springsteen, y como ella espera contar las maravillas de la ciudad. También las miserias. Como dice Billy a su chica en New York City Serenade, "camina erguida o, nena, no camines". El tren pasa muy pocas veces. Aunque se tenga "miedo de que esas vías le reduzcan la marcha" a uno, a veces, escribe Bruce, has de seguir caminando.

Serenatas de Nueva York es el cuaderno de bitácora de esta aventura. El futuro siempre es incierto, aquí o allí. La única certeza, o eso creo, aguarda en los caminos que marca el corazón. En ellos, todos los miedos y todas las esperanzas danzan en un baile de estrellas fugaces dentro de uno. Y, hoy por hoy, siento que no hay mejor escenario para esta serenata que Nueva York. Ni mejor compañía que la de Nines. La música no ha hecho más que empezar a sonar.

Posted by Fernando Navarro at 20:31:09 | Permanent Link | Comments (39) |