Tuesday, January 16, 2007

Born to run

Cuando escuché por primera vez “Born to run” sentí que se me revolvía el estómago. Recuerdo que estaba tirado sobre la cama y acabé de pie, en esa medianoche cualquiera, preguntándome el camino que tomaban esas guitarras desbocadas al unísono, ese órgano desorbitado y ese saxofón trepidante cuando ese melenudo de la cazadora de cuero se partía la voz, cada segundo más, para terminar diciendo aquello de “vagabundos como nosotros, nena, nacimos para correr”.

Desde entonces y durante unos meses, intenté explicar torpemente a mis amigos más cercanos el significado de esa música y esa letra. Nada me hacía más ilusión que cogieran ese disco y se lo llevarán a casa y al día siguiente me dijeran que también acabaron de pie, en mitad de la habitación preguntándose no sé el qué. Pero fue vano. No es que me molestara pero llegué a sentirme muy frustrado porque nadie de la gente que más quería era capaz de engancharse a la canción como yo.

Esa canción se convirtió en una especie de himno para mí. Cuando estaba solo en casa me la ponía y me arranca a soñar. Cuando estaba con los amigos y surgía la posibilidad de escucharla, me sentía en mi territorio, extraño conocedor de algún secreto, mientras unos y otros, incrédulos y cálidos, me decían “tu canción”. Cuando iba algo borracho y sonaba esa zumbante batería, saltaba de un brinco y podía acabar soltando alguna lágrima.

Sin embargo, el tiempo hizo que esa canción quedase aparcada en algún rincón, como un viejo coche en perfectas condiciones pero eclipsado por otros modelos más modernos. También fue algo natural. No quería cargarme el coche y lo reservaba para el momento oportuno, si lo había.  

Cuando dudé si me venía a Nueva York por encima de todas las cosas, pinché esa canción y esperé a la reacción. Hoy, un buen amigo, gran profesor que he tenido en la carrera de Historia y mejor maestro, me ha recordado, vía Internet, lo qué significa Nueva York. Con su sabiduría, me ha asegurado que el coche aspira a llegar al final del camino, bajo el sol, bajo las estrellas. Hoy, todavía, muchos años después, he sentido las mismas tremendas ganas de escuchar “Born to run” y sigo preguntándome hacia dónde lleva ese camino, dispuesto ahora a saber si es real.

Posted by Fernando Navarro at 06:44:24 | Permalink | Comments (9)