Orfebre de buenos cafés
Escuchar un nuevo disco de un cantautor que te gusta es como quedar a tomar un café con un viejo amigo que te pone al día de su vida, de las cosas que pasan… - Ron Sexsmith
Ron Sexsmith es lo más parecido a un buen café, que puede tomarse a primera hora de la mañana o a media tarde, con lluvia o en un día soleado. Su música flota como el aroma del café recién hecho, con esos arreglos que endulzan el espíritu y esa voz, amable narradora de historias agradables, que atiende a los pequeños detalles.
Ron Sexsmith es, en otras palabras, un cantautor magnífico. Algunos dirán que cursi, pero entonces seguro que no les gusta el café recién hecho. Este padre de familia a los veinte años, seguidor desde chaval de Neil Young, estuvo el viernes pasado tocando por Nueva York.
El concierto fue en el Bowery Ballroom, en el Lower East Side, por donde cada año trepan más los tentáculos de Chinatown con sus negocios de letreros chinos que hace tiempo acabaron con lo que quedaba de Little Italy. El Bowery Ballroom es otra demostración neoyorkina de respeto y afición por la música. Una sala por la que se entra a un piso bajo, que es un pub no muy grande con amplios asientos y mesas para charlar bajo una tibia luz roja, y que se termina accediendo a ella en una especie de segundo piso, que está realmente a la altura de la calle. Buenísima acústica, tamaño recogido, visibilidad perfecta del escenario y, en lo alto, una terraza con mesitas y asientos.
Ron Sexsmith es todo menos una estrella del rock. Después de diez años de carrera nunca aparece en la listas de éxitos y su imagen es la de un hombre tímido, que con sus pronunciados mofletes parece el prototipo del gordiflón estadounidense (el conocido por estas tierras como chubby). Sin embargo, su mirada, como su música, cautiva porque esconde más de un secreto.
En directo, Sexsmith funciona igual que en sus trabajos en estudio. Suena de la misma manera sencilla y ligera. Al piano, a la guitarra o agarrado sólo al micrófono no aspira a nada más que a contar historias para quién las quiera escuchar. No es un sentimental. Es un tío emotivo. Nada más. Y con eso convence. Por ejemplo, a gente como Steve Earle, francotirador infatigable del rock estadounidense que se encontraba en el concierto justo a mi lado izquierdo y al que Sexsmith agradeció su presencia.
Es extraño. La música de Ron Sexsmith y Steve Earle no se parecen en casi nada, pues el último es una de las más importantes y necesarias venas de los USA, un verdadero chupito de carretera secundaria con su rock y country sin barreras. Así, el último trabajo de Earle hasta la fecha se titula The revolution starts now! publicado en un acto de compromiso consigo mismo semanas antes de las últimas elecciones presidenciales, que ganó George W. Bush y al que Earle no votó. Pero volviendo al concierto de Sexsmith, lo grande de la música es que los polos se atraen, y si a Steve Earle le gusta tanto Sexsmith como a mí puede que sea porque este hombre es un orfebre, de la escuela de Paul McCartney, ofreciendo canciones mesuradas, cuidadas, agradables y luminosas, dejando un regusto a café recién hecho, a viejo amigo.