TV (Parte III)
Que me perdone Latinoamérica desde el Caribe hasta la Patagonia, pero nunca conseguiré explicarme cómo un continente que ha dado, entre otros, a García Márquez, Neruda, Vargas Llosa, Fuentes, Buñuel, Cortázar o Alejo Carpentier puede tener una televisión tan chapucera. Llevo días pensando cómo definir a la televisión latinoamericana de Estados Unidos y siempre me viene el mismo adjetivo. Así que lo escribo, aún a riesgo de que me nieguen la entrada en algunos de los fascinantes países que forman América del Sur y a sabiendas de que las definiciones son tan odiosas como las comparaciones.
Existen tres canales hispanos en la televisión pública; Univision, Telefutura y Telemundo. Por cable, luego existe la posibilidad de hacerse con paquetes digitales con la mayoría de los canales más importantes del continente. No es para menos. Se estima que la población hispanohablante en Nueva York ronda el 30 por ciento, según las cifras oficiales que se dejan siempre por el camino a un gran número de indocumentados.
Precisamente, la televisión digital en España tiene un canal el cual, si la memoria no me falla, se llama Telenovela, con 24 horas del género. En Estados Unidos, casi se puede afirmar que Telenovela existe en cualquiera de los tres canales hispanos a disposición. La programación está protagonizada por estos seriales de apuestos hombres y radiantes mujeres que apenas actúan mejor que una piedra con esas lágrimas postizas de cocodrilo y esas miradas miopes de corta distancia. Desde primera hora de la mañana hasta la noche, pasan innumerables telenovelas, una detrás de otra. Incluso hay reposiciones de éxitos del pasado. Al menos, a los guionistas imaginación no les falta. Un protagonista terminara sabiendo que el padre, al que nunca conoció, es su hermano pequeño y que su futura esposa pasará, antes del futuro divorcio, por un vaivén de romances, accidentes y violaciones para terminar reconociendo que está enamorada del hermano pequeño de su antiguo esposo, es decir, del padre del protagonista.
El verdadero problema viene cuando la cadena se sale del guión del serial suramericano. Presentar a bombo y platillo “La semana de los machos”, en donde se programan las mejores películas de Steven Seagal y Patrick Swayze, decepciona tanto como troncha de la risa. Y, para alguna película buena que emiten, has de afrontar el doblaje latino con los oídos más humildes. Cuesta acostumbrarse a escuchar las características voces de Harrison Ford, Sean Penn o Robert de Niro en boca del ostentoso español americano.
Cuando lo que sólo se busca es información, los canales latinos ofrecen sus dosis diarias de noticias que se mueven entre el profundo sentimiento de comunidad hispana y los consejos para telespectadores. Esto quiere decir que se pueden picar noticias, llamémoslas de interés mundial o general, entre las que afectan exclusivamente a la población latina (leyes contra o a favor de la inmigración, sucesos con latinos por medio, noticias de los países suramericanos…) y las recomendaciones que se dedican a dar en mitad del informativo para prevenir tanto el alto consumo de calefacción en invierno o el aumento de peso en las navidades. Quitando las abundantes historias sensacionalistas, el fuerte sentimiento de comunidad, con documentados e indocumentados, es comprensible y gratificante cuando en la mayoría de las veces sólo se tienen ellos mismos para con las autoridades estadounidenses, pero el ofrecer en unas noticias (noticiero, como lo llaman ellos) consejos para que el amor en pareja no caiga en la rutina roza el disparate informativo. Claro que si se quieren escuchar los primeros consejos de cómo ahorrar dinero con la calefacción, se encuentran tales como apagar la calefacción, mirar que esté a temperatura baja o utilizar mantas para dormir que nos ayudan a no depender de la calefacción.
En estos días tan próximos a San Valentín, además se puede ver como el noticiero muestra fotos a pantalla completa de distintas parejas de enamorados. Los atravesados por la flecha de Cupido mandan su instantánea y los presentadores del informativo la dan paso al final del todo con alguna dedicatoria especial. Por cierto, es imposible que te pique la curiosidad cuando el presentador de todas las noches falta a su puesto dentro del televisor. El encargado de sustituirle te indica, sólo más abrir el noticiero, qué es lo que le ha sucedido al conocido rostro de la pantalla. “Fulanito está de vacaciones y se ha ido unos días de viaje y hoy estaré yo, Menganito, con ustedes” o “Alfonsina se encuentra indispuesta y esperamos desde este noticiero que se recupere pronto porque la queremos tener entre nosotros cuanto antes” son algunos de los motivos que se dejan oír.
Así que puesto a ver Univision, Telemundo o Telefutura me siento como Alfonsina y necesito hacer como Fulanito: irme unos días de viaje a lejanos mundos y apagar el televisor.