Friday, February 23, 2007

Little Italy

Little Italy no es más que una calle de caras pastelerías y restaurantes italianos por la que pasean turistas ávidos de los decorados que vieron en El Padrino (The Godfather) Apenas se abandona Mulberry Street y la pequeña Italia se esfuma entre los comercios del gigante chino, que crece sin pausa más allá de su histórico enclave en Chinatown.

Pero Mulberry Street se ha convertido en una parodia de sí misma. Todavía se ven los quesos, las salchichas y los salamis importados colgando de los escaparates pero, como los capuchinos de las cafeterías y las pastas de las panaderías, son productos destinados a satisfacer la recreación turística y al ciudadano despistado o, por qué no, más nostálgico de lo normal. Los cada vez menos italianos que por ahí andan son de postillo. Para ir a las zonas verdaderamente italiamericanas de la ciudad hay que dirigir los pasos a Belmont, en El Bronx, o Carroll Gardens, en Brooklyn.

Como si de la entrada a un parque se tratase, en la acera se puede ver un letrero que da la bienvenida a los llegados a Little Italy. La decoración es tan perfecta en algunos casos cuesta creérsela. Los camareros esperan en las puertas de los restaurantes intentando atraer al personal con su variedad de acentos. Debidamente uniformados, todos están dispuestos a saludar en el idioma que haga falta y orgullos de ofrecer la ‘mejor’ pasta de Nueva York. Y, precisamente, pasta es lo que hace falta para comer en Little Italy. Ninguno de sus restaurantes es sitio recomendado para el mochilero.

No hay carros de frutas. No hay un gentío incontrolado por sus aceras. A un lado y otro de la calle, se disponen las numerosas tiendas de souvenirs, aparte de los restaurantes. No hace falta recorrer muchos metros para percatarse que Little Italy es una colección de cromos. El viejo Vito Corleone, el joven Vito Corleone, el joven Michael Corleone, el viejo Michael Corleone, la familia Corleone al completo, Toni Soprano, Christopher Soprano, la familia Soprano al completo… cada uno de ellos y todos juntos se encuentran a la venta en postales, fotografías y posters que se amontonan en cajas para el manoseo diario. Los mafiosos comparten espacio con las imágenes y autógrafos de algunas de las leyendas italianas del béisbol americano.

Si el día acompaña y los rayos de sol caen en horizontal, al menos, cuando se alza la mirada se puede apreciar una estampa inquietante sobre las azoteas de los edificios de Mulberry Street. Parece como si todavía ese escalonado paseo de azoteas con sus chimeneas y escaleras de incendios permaneciese intacto al circo del tiempo. Dicen que fue lo único que Francis Ford Coppola no tuvo que retocar para convertir Little Italy en la antigua pequeña Italia de principios del siglo XX. De ese tiempo a esta parte, el cine y la televisión han pasado por Little Italy. Poco importa si para bien o para mal porque Nueva York siempre termina por imponer su regla, como ha hecho en otros barrios y otras cosas de la ciudad. Pero nadie quita que Little Italy quede asociada para siempre a un monumento del séptimo arte como El Padrino. Si la historia de Vito Corleone y su familia se forjó en Little Italy, entonces, valga el decorado y toda la parafernalia.

Posted by Fernando Navarro in 13:22:11 | Permalink | Comments (2)