Seguro que al abrir este blog ya sabéis cómo se han repartido los premios de los últimos Oscars, pero a cinco minutos de haberse terminado la ceremonia quiero recoger unos rápidos apuntes, a vuelapluma.
No se ha producido el milagro español: Penélope Cruz no se ha llevado el Oscar a la mejor actriz. La ganadora ha sido Helen Mirren por The Queen. Ha sido curioso porque cuando han presentado a la actriz española en la habitual ronda de nominadas han ido a escoger el momento en que Penélope Cruz hace que canta “Volver”, porque está doblada por la voz de Estrella Morente. Es un momento bastante emocionante en la película, pero podrían haberse dado cuenta del detalle, incluso la misma actriz ha sido pillada en un pequeño renuncio con unos ojos de sorprendida como diciendo esa voz no es mía.
Tampoco El laberinto del fauno se ha llevado la preciada estatuilla a la mejor película de habla extranjera, y eso que comenzó metiendo la directa con premios secundarios, en los que estaban representantes españoles. Una pena por la cinta y su director, Guillermo del Toro. No he visto el resto de nominadas en esa categoría, pero me parece muy difícil conseguir una obra a la altura de El laberinto del fauno.
Aparte de todos los premiados, dos han sido los protagonistas de la gala. Jack Nicolson no ha dejado de chupar cámara con ese glamour extravagante que le caracteriza. Añádasele su cabeza sin un pelo y un cuerpo más hinchado de lo común en él. Con todo, ha acaparado la atención de la cámara y repartido el Oscar a la mejor película, precisamente, su película, Infiltrados (The Departed) El otro ha sido Al Gore, que fuera presidente de los Estados Unidos de América por unas horas y ahora ganador de un premio de la Academia por su documental Una Verdad Incomoda (An Incovenient Truth). El demócrata ha aparecido por el escenario en un par de ocasiones y se ha llevado los elogios del público por su campaña. El mismo Leonardo Di Caprio ha apoyado con sincera energía su documental. Una Verdad Incomodad es un trabajo necesario, que, según leí el otro día en la revista Time, su onda expansiva por suerte no tiene límite: conciertos multitudinarios para combatir el cambio climático, miles de libros para las escuelas, una campaña de dvds gratuitos por el país y más de 1.000 voluntarios alrededor del movimiento.
El capítulo de recordatorios a los que han muerto durante el último año ha empezado con Glenn Ford hasta terminar con la imagen congelada de Robert Altman y el aplauso emocionado del auditorio. Otro homenajeado ha sido el viejo e irrepetible Enno Morricone, hacedor de algunas de las mejores bandas sonoras de la historia. Ha recibido el Oscar de manos de Clint Eastwood, que ha traducido como buenamente podía el italiano de Morricone, único en no dirigirse en inglés a los presentes durante toda la noche. Una alegría ver a este hombre reconocido como se merece.
Sin embargo, para mí, el momento más emocionante lo ha protagonizado mi querido Forest Whitaker cuando ha subido al escenario a coger el Oscar al mejor actor por El último rey de Escocia (The Last King of Scotland) Con ese parpado caído y ese gesto de conserje de instituto, ha dado un discurso intenso como pocos. El premio a Whitaker vale la ceremonia.
Pero si los Oscars tienen un nombre este año ese es el de Martin Scorsese, con el premio al mejor director y película por Infiltrados (The Departed) Parece mentira que nunca hubiese ganado uno antes y a la séptima haya sido la vencida. Como parece mentira que la Academia del Cine siempre llegue tan tarde a tantas cosas. No he visto Infiltrados pero se me antoja inferior a las obras célebres de Scorsese y a otras candidatas de este año. Lo que puede que demuestre que esto de los premios hace justicia menos que más, pero parece que sirve para entretener un rato al respetable, a mí incluido.