Wednesday, February 28, 2007

Hombre blanco con traje de portero de hotel

Un hombre de unos cuarenta años se para en medio de la calle, entre 33th St con Broadway. En ese momento no pasan coches. El hombre lleva puesto una especie de traje de diseño similar al que visten los porteros de las entradas de los hoteles, sólo que éste se ve más viejo con su azul marino y sus botones deslucidos. El hombre grita improperios apasionadamente, nadie le entiende y nadie hace por escucharle, está solo en mitad de la tarde neoyorkina cuando la gente corre más por la acera que los coches por el asfalto. Sus gritos no tienen una cabeza visible como objetivo. Grita y grita. Cuando se cansa, a los dos minutos, sale corriendo, da una patada a la puerta de un coche aparcado y se larga calle arriba mandando a la mierda al mundo.


* Las posdatas de Travis es un nuevo apartado, que gracias a la idea de K, utilizaré para dar a conocer a modo de retazo en este blog algunos de los personajes extravagantes que forman NYC. Esta sección nunca hará justicia a la complejidad que rodea a Travis, mítico personaje de Taxi Driver. Al menos, sea en su honor que muchas de las personas a primera vista más extrañas y que pueblan esta ciudad serán inmortalizadas en estas posdatas.

Posted by Fernando Navarro at 04:15:33 | Permalink | Comments (5)

Calor para combatir el frío

Sólo en las películas sucede que el bateador, bien sea el guapo de cara de turno o el niño cuyo padre no ha ido a verle jugar el partido de su vida, le pega de tal manera a la bola que ésta surca el cielo hasta no sé sabe que paraíso lejano, o atraviesa, como un meteorito, el marcador electrónico del estadio.

Como sólo en las películas pasa que el béisbol es un deporte excitante como ninguno. No basta con dedicar horas de estudio y vivir en Estados Unidos para entenderlo; hay que llevar los genes de los padres de la patria y algún tipo de bilirrubina extraña que se identifique con una práctica que tiene más de estrategia que de deporte.

Sucede al contrario con el hockey americano. No hace falta conocer las reglas. En el béisbol lo que muestra el cine no se cumple, pero en el hockey la pantalla no engaña. Es cierto. Es un deporte rápido y muy técnico, pero en donde unos tíos siempre terminan por pegarse en mitad del partido.

Rara vez la televisión ofrece el resumen de un encuentro sin sacar alguna pelea. De hecho, a veces es lo único que destacan; los mamporros que se pegan unos y otros. El reglamento recoge que los árbitros no están obligados a intervenir entre puñetazo y puñetazo, y el espectáculo exige que nadie detenga la bronca. A la afición le interesa más una buena paliza sobre el hielo que el resultado final.

De todos es sabido que algunos jugadores son seleccionados por su habilidad para pegar más que por su técnica con el disco y el ‘stick’. Cada dos por tres se expulsa a uno, que debe pasar, dependiendo de la gravedad de la infracción, unos minutos en el banco de castigos, también llamado congeladora. Pero con todo, se entra más en calor con el hockey sobre hielo que con el béisbol.

*Artículo publicado por el diario La Voz del Deporte en mi colaboración cada martes de la semana.

Posted by Fernando Navarro at 04:07:57 | Permalink | Comments (2)