Friday, March 2, 2007

Patos (II)

El taxista era un listo.

-Aquí no puedo dar la vuelta, amigo. Esta calle es de dirección única. Tendremos que seguir hasta la Diecinueve.

No tenía ganas de discutir:

-Está bien - le dije. De pronto se me ocurrió preguntarle si sabía una cosa-. ¡Oiga! -le dije-. Esos patos del lago que hay cerca de Central Park South… Sabe qué lago le digo, ¿verdad? ¿Sabe usted por casualidad adónde van cuando el agua se hiela? ¿Tiene usted alguna idea de dónde se meten?

Sabía perfectamente que cabía una posibilidad entre un millón. Se volvió y me miró como si yo estuviera completamente loco.

-¿Qué se ha propuesto, amigo? -me dijo-. ¿Tomarme un poco el pelo?

-No. Sólo quería saberlo, de verdad.

No me contestó, así que yo me callé también hasta que salimos de Central Park en la calle Diecinueve.

El guardian entre el centeno (The Catcher in the Rye - J. D. Salinger)


A los pocos días de llegar a Nueva York cogí un tren que recorre a cielo abierto Nueva Jersey hasta la ciudad de Newark. Pasé por los mismos paisajes que salen en muchos capítulos de Los Sopranos. El tren iba por esos puentes industriales de acero y hierro. El skyline de Manhattan aguardaba cada vez más pequeño a lo lejos, hasta desaparecer envuelto en el humo de las chimeneas de las fábricas de Jersey.

En mitad del viaje, al otro lado de la ventanilla, una bandada de patos apareció de la nada. Me acordé de Toni Soprano, que nunca fue el mismo después de la marcha de los patos. Así se lo confesó a su psicóloga. Y, en cambio, la vida de Toni no varió mucho, si acaso se complicó un poquito más. Pero entiendo a Toni. Aquel día, los patos volaban rumbo al horizonte naranja de una tarde en retirada. Y es cuando me lo imaginé más que nunca sentado en su piscina y sin patos. Me dio mucha pena.

Han pasado los días. El frío se adueñó de Nueva York hace tiempo con nevadas y temperaturas de -20 grados bajo cero. Y tengo algo que decirle a Holden Caufield. Fui a Central Park. Y los patos, colega, se abren paso no sé cómo cuando el agua se hiela. Terminan por reunirse todos juntos, como cuando vuelan, en un pequeño espacio de agua en mitad del lago congelado. Tal vez, Toni tendría que venir también a verlo a Central Park South. Mientras tanto, lo único importante es preocuparse por los patos. Creo que lo estoy aprendiendo. Lo demás es superfluo.

 

Posted by Fernando Navarro at 04:53:33 | Permalink | Comments (6)