Monday, March 5, 2007

Ratas

Lo siento. Tengo que decirlo antes de hablar del tema. Llevo desde la semana pasada dándole vueltas, deshojando la margarita; “escribo de ello… no escribo de ello… escribo…” Así hasta que me he decidido por escribir, impulsado por un gran sentido del deber para con vosotros. Pensé que podría evitar hablar de este tema en toda mi estancia aquí, al menos por mí no iba a quedar, pero no ha podido ser. Lo siento. Seguro que no debería sentirlo tanto, pero sólo por pensar en ello, de nuevo, me entran ganas de dejar de escribir. A mí, me puede. Pero el deber es el deber.

En Nueva York, llevamos una semana hablando de ratas. Ratas por todas partes. No se salva nadie del tema. La televisión abriendo con reportajes sobre las ratas de Nueva York. El periódico dedicando espacios al tema de las ratas, e incluso el diario gratuito AmNY sacando en la portada del viernes la inmensa cara de una rata auténtica mirando fijamente al lector, bajo el titular: “La carrera de las ratas.” Así están las cosas.

¿Por qué? Porque uno de los miles de establecimientos de comida rápida de esta ciudad tenía ratas dentro, un KFC/Taco Bell localizado en Greenwich Village, de esos que sirven pollo refrito y seudo comida mejicana. Claro, que eso, que todo el mundo sabe pero de lo que nadie habla, se ha convertido en noticia de portada porque unos chicos grabaron con su cámara a las ratas en el interior del local cuando estaba cerrado. El vídeo corrió por Internet como un reguero de pólvora y estalló en todos los medios de comunicación. Toda la ciudad empezó a preguntarse cómo tantas ratas podían correr a sus anchas por un local de comida.

¿Es el único? Claro que no, vamos, ni en los mejores sueños del más utópico. El problema es que saber cuántos locales de comida, con sus sótanos y almacenes, pueden estar en una situación parecida es como buscar la respuesta de la creación. Las cifras hablan por sí solas. Nueva York tiene 20.000 restaurantes y 100 inspectores del departamento de salud trabajando en ellos. Y aunque los inspectores se dediquen a multar a los restaurantes, muchos terminan por pagar las infracciones pero sin solucionar el problema. De hecho, el KFC/Taco Bell invadido por las ratas tenía una elevada multa pendiente.

Saber que un restaurante puede tener ratas es asqueroso. Saber que un restaurante las tiene es aún más asqueroso. Ver cómo las tiene es lo más asqueroso. Ver la juerga que las ratas se pegan en esta ocasión es lo más asqueroso y puede llegar a traumatizar. Así me pasó a mí cuando lo vi. Pero ya soy un neoyorkino sin cura porque el mismo día, aún con el shock encima, cené fuera, y repetí el fin de semana. Será porque me dio por pensar más en los patos. Así que si estáis preparados, mi consejo es el siguiente: pensar después en los patos, aunque también os acordéis de mis santas muelas. No se os ocurra indagar más en los vídeos de los reportajes de las cadenas de televisión ya que contienen más imagenes aún peores. Estáis avisados. Me niego a colgarlo en el blog, pobres patos, por lo que tenéis que pinchar para ver el festín de las ratas.  

Posted by Fernando Navarro at 03:00:29 | Permalink | Comments (7)