Tuesday, March 13, 2007

Historias de Nueva York

Una temporada en Nueva York cambia a cualquiera, para bien y para mal. La vida en Nueva York es un deporte de velocidad y reflejos en el que, al final, decide la suerte. Eso tiene que ver, seguramente, con el tipo de persona al que atrae la ciudad. Pocas van a Nueva York para retirarse o para llevar una vida tranquila. A Nueva York se va a trabajar y a vivir con la mayor intensidad posible, lo cual acarrea riesgos.

Historias de Nueva York - Enric González


Nueva York es una ciudad para periodistas. Me dirán unos y otros que en Nueva York lo que realmente abundan son los actores, los bailarines, los dibujantes, los fotógrafos o las estrellas de teatro. Sí, por supuesto, Nueva York es la ciudad del cine, pero no se sabe si hay tantas películas como canciones de Nueva York, por lo que Nueva York también es una ciudad de músicos. No se puede negar que Nueva York es la ciudad de los negocios, con sus brokers manejando el dinero de medio mundo en Wall Street y su concentración de tiendas por toda la isla de Manhattan. Es, claro, la ciudad de la publicidad donde en Madison Avenue se roban ideas a cada segundo del día y te bombardean con ellas cada día. Nueva York es, ya se sabe, poesía en si misma, o al menos lo era, por lo tanto también es una ciudad de escritores. Nueva York es, además, una ciudad de regateadores, hombres bañados en oro, supervivientes y aspirantes a cualquier cosa. Pero dejadme que os diga que Nueva York es, especialmente, una ciudad para periodistas.

El que escribe y que vosotros leéis se conformaría con ser la mitad de buen periodista que es Enric González, que fuera corresponsal en Nueva York para el diario El País durante cinco años y ahora ejerce desde Roma para el mismo periódico con sus más que recomendables crónicas deportivas Historias del Calcio. No conozco a Enric González en persona pero se me presupone uno de esos tipos que si leyese un halago soltaría una risita tímida, casi pidiendo permiso para creérselo. Creo que cualquiera afirmaría lo mismo después de leer su pequeño gran relato neoyorkino Historias de Nueva York (RBA, 2006)

Sigo a Enric González desde mis primeros años universitarios cuando escribía para El País indistintamente desde Nueva York o Washington, antes había pasado por las corresponsalías de París y Londres. Estoy convencido que aprendí más leyendo cualquiera de sus artículos de prosa certera y estilo absorbente que con cualquiera de las asignaturas de la carrera.

Me parece apropiado hacer una advertencia, tal vez decepcionante, al lector europeo. Los ciudadanos de Nueva York gastan famas de cínicos, descreídos y materialistas porque así les ven los demás americanos; la verdad es que casi cualquier español es más cínico y descreído que el jefe supremo de los chulos del Bronx. En materia de nihilismo, los europeos carecemos de rival

Historias de Nueva York es un libro fabuloso, relatado en primera persona, donde el periodista y la persona se asocian para dar salida a los retratos que cuenta el primero y los sentimientos que sugiere el segundo. Siempre bañado todo con el talento de alguien que domina el arte de contar. Uno lee el libro como si un amigo de toda la vida le estuviese contando en la terraza de un café cómo fue su viaje a Nueva York. Claro, sin olvidar que este amigo no sólo es inteligente sino que además tiene las llaves de las puertas menos conocidas de la ciudad.

Trata termas mil veces leídos y escuchados como los rascacielos, el alquiler de apartamentos, los restaurantes, la mafia, los negocios o el baseball con ojo clínico de quién pasea por Nueva York empapándose de ciudad. Rescataría varios párrafos del libro, pero hoy, cuando escribo sobre él, los rayos del sol han dado un barniz diferente a una ciudad que ha soportado dos meses de temperaturas bajo cero y necesito rescatar este.

Hay que vivir en Nueva York el final de la primavera, cuando se olvida la nieve, se guardan los abrigos donde quepan (ésa es la operación tal vez más complicada, porque el espacio no abunda) y los neoyorkinos recuperan la calle y la brisa con aroma de mar, de alquitrán, de monóxido de carbono y de savia nueva: una combinación embriagante. Es un estallido suave, una invitación a vivir

Y, sí, leyendo a Enric González testifico que Nueva York es una ciudad para periodistas. Es el mundo del periodismo en estado puro; el reporterismo, la crónica y el artículo. Yo, al menos, así lo sentí la primera vez que caminé por Nueva York. Porque Nueva York, ya lo dice el propio Enric González, sólo adquiere su verdadero significado cuando se cuenta en presente.  

“En Nueva York, que no sabe de nuestra memoria sentimental ni de nuestro calendario, siempre es hoy y todos los momentos valen… El presente neoyorkino es tan poderoso que absorbe pasado y futuro”

Posted by Fernando Navarro at 04:13:36 | Permalink | Comments (11)