Monday, March 19, 2007

St. Patrick

Hace ya muchos años, Nueva York llegó a tener más irlandeses viviendo en sus calles que la propia Dublín. Ahora, parece que la cosa ha cambiado, pero todavía por la Gran Manzana se asegura que si se quiere vivir una fiesta de Saint Patrick (San Patricio) es mejor venirse a Nueva York que irse a Irlanda.

No sé hasta qué punto esto es cierto. Pero dos cosas son verdad: la catedral de St. Patrick de la Quinta Avenida es más conocida por el mundo entero que cualquiera de las irlandesas y la que montan los neoyorkinos con la fiesta del patrón irlandés es tan a lo bestia que mucho tendrían que multiplicarse los dublineses para armar tanto ruido.

Desde las diez de la mañana hasta las cinco de la tarde duró el desfile que recorre cada 17 de marzo la Quinta Avenida desde la calle 44 hasta la 86. Un desfile que más bien parecía un pasacalle siendo menos espectacular de lo que por costumbre son los neoyorkinos, como en el día de Acción de Gracias o Halloween. Aún así fue, como siempre, igual de concurrido con miles de personas subiendo la avenida bien formadas en bandas de música, ordenes religiosas, educativas o militares. Música folclórica tradicional de Irlanda, hombres con faldas y una ciudad que despertó cubierta de la nieve que había caído el día anterior. Pero esto último no fue problema para que una buena parte de Nueva York, que serían decenas de miles, se tirara a la calle vestida de verde con gorros, bufandas, guantes, camisetas o pantalones, siempre verdes.

Nueva York está lleno de pubs irlandeses y todos estuvieron desde primera hora de la mañana del sábado hasta los topes, con largas colas para entrar. A las doce del mediodía ya había decenas de perjudicados por la cerveza recorriendo la ciudad. No había alternativa. La gran mayoría de bares y pubs anunciaron días antes su programación y ofertas especiales para el día de San Patricio. Era la mejor manera de recibir a todos los miles de irlandeses que abandonaron sus casas y se tiraron a la calle en manadas y a todos los que no lo eran pero que estaban dispuestos a bailar hasta la última canción celta durante ese día. De esta manera, por ejemplo, un conocido pub de motivos japoneses y ambiente relajado cedía a la fiesta y se decoraba por completo con banderas irlandesas, adornos verdes y música irlandesa. U2, los Pogues, Van Morrison, los Cranberries, los Chieftains, Sinead O’Connor, Alanis Morrisette… así hasta que uno se llegó a cansar con la vigesima canción repetida de Van Morrison. Con otros de la lista, en cambio, no hizo falta pincharlos más de una vez.

Tónica general: bailes y desparrame. Los irlandeses, como los americanos, cuando beben a puertas abiertas montan un jaleo sólo comparable a una guerra de independencia.

Conclusión final a tanta fiesta irlandesa: para éste que escribe vino al día siguiente; primero, un dolor de estomago causado por un barril cerveza que debí tragarme en algún momento; segundo, una gorra verde que no recuerdo haberla comprado en mi vida.

Posted by Fernando Navarro in 02:55:42 | Permalink | Comments (6)