Wednesday, March 21, 2007

Pete’s Tavern

Si la fiesta de St. Patrick se celebra por todo lo alto todos los años, un local lo ha hecho más veces que ningún otro en Nueva York. Su nombre Pete’s Tavern, enclavado desde hace más de cien años en el 129 East de 18th Street, en el siempre poco conocido distrito de Gramercy.

Cuenta la historia que Pete’s Tavern antes fue una licorería, que abrió sus puertas por primera vez en un caluroso verano de 1851, hasta que los mismos dueños decidieron abrir una taberna al uso irlandés en 1864. Por entonces, abrir una taberna irlandesa no era una cuestión de moda, sino toda una cuestión vital. Los censos nunca pudieron medir con exactitud la ola de inmigrantes irlandeses que llegaron desde principios del siglo XIX a la ciudad. A mediados de siglo, decenas de miles de irlandeses, que huían de la famosa crisis de la patata, poblaban las calles de Nueva York.

Desde ese día de 1864, Pete’s Tavern se ha mantenido siempre abierto, consiguiendo el privilegiado honor de ser el bar-restaurante más antiguo de Nueva York. Un honor del que hace gala sin pudor pero el cual se disputa con dos o tres locales más de Manhattan. Dependiendo de la guía o del neoyorkino al que preguntes, te dirán uno u otro, pero todos reconocerán que Pete’s Tavern merece la visita.

La entrada de Pete’s Tavern es una fotografía de postal, donde para encajar en cualquier buena tienda de souvenirs se cruzan una bandera irlandesa y otra estadounidense. Por dentro, sin embargo, Pete’s Tavern es una auténtica taberna irlandesa, que conserva su decoración tradicional con una barra de madera pulida y largos taburetes que descansan sobre un suelo de baldosas. De un techo de madera oscura y motivos florales cuelgan farolillos, como sacados de una residencia londinense.

La taberna tiene dos zonas bien diferenciadas: la barra, frente a la cual se disponen unas pocas mesas con ventanas que dan a la calle, y un salón, que hace de comedor. Este saloon era el preferido de O. Henry, pseudónimo que se puso el periodista y escritor William Sydney Porter tras pasar por la cárcel y llegar a Nueva York. Se dice que O. Henry escribió uno de sus más famosos relatos, El regalo de los Reyes Magos, bajo el humo de los cigarrillos y los hielos del whisky irlandés que servían en Pete’s Tavern. El escritor americano se bebía hasta la última gota de las botellas para dar tinta a su estilográfica.

Con sus numerosas botellas de whisky y toda clase de marca de cervezas tras la barra, es para creer que Pete’s Tavern fuese el mejor sitio de inspiración de O. Henry. La taberna no cerró ni durante la Prohibición de los años veinte, convirtiéndose en uno de los más legendarios speakeasies (término con el que se conocía a los bares clandestinos de la época que vendían alcohol y que utilizaban como contraseña para comprarlo)

Hoy, un antiguo jukebox, rodeado de paredes con incontables fotografías de famosos que han pasado por Pete’s Tavern, se encuentra en mitad de su interior y lo más normal al sentarse es escuchar música de Dean Martin y Frank Sinatra, mientras una colección de camareros irlandeses, alguno de ellos con rostros como sacados de una pesadilla de Poe, friega vasos y recoge platos. Camareros que utilizan el extravagante pardon en una ciudad que sólo sabe de sorry y excuse me. Camareros que si no fuera por los precios de las cartas creería que llevan trabajando en Pete’s Tavern desde 1864.

Posted by Fernando Navarro at 03:26:18 | Permalink | Comments (4)