Thursday, March 22, 2007

New York vs. London

Hubo un tiempo en que mi vida ya estaba planificada para vivir en Londres. Después de decidir que dejaba todo y me iba al extranjero una larga temporada, la opción que se coló hasta quedarse casi definitiva fue la vivir en Londres. Allí habíamos viajado unos días del invierno pasado para ver a un gran amigo y aprovechar e ir cerrando cosas. Teníamos casa pillada, teníamos academias vistas, teníamos menos kilómetros con España, teníamos conocidos viviendo en la ciudad y yo tenía una opción de trabajo más que tentadora de colaborar con un importante medio de comunicación. Todo y casi todos decían que Londres, menos mi corazón.


En la última portada de la revista New York, aparece una morena de pelo corto que se ha enchufado unos guantes de boxeo y una camiseta con la bandera británica. Es la imagen central de un asalto, que es el reportaje especial de la revista, titulado: New York vs. London.

New York dedica este amplio y entretenido reportaje para medir que ciudad es mejor. Partamos de dos premisas: las comparaciones siempre son odiosas y la revista, como su propio nombre indica, podrá pecar de amor propio. Aún así merece la pena valorar algunas cosas.

La publicación no se deja ningún aspecto urbano. El nivel de vida, los servicios, los bienes inmuebles, el arte, el sexo, los negocios, la moda, la comida, la seguridad o el ocio en variantes como el cine, la música o el teatro. Cada apartado con sus expertos, periodistas, editores y personajes de cada tema de ambos lados del charco.

Londres es una ciudad que está en alza. Como dice la revista, la ciudad se Manhattaniza. Se ha aprobado un gigantesco proyecto urbano de construcción de rascacielos. Para el año 2020, Londres tendrá su propio skyline. Además, como aseguran los reporteros, junto a este incremento ya se ha dado otro humano: por las calles de Londres se puede escuchar polaco, turco, portugués, vietnamita, bengalí o español. Al menos el 30% de la población de Londres ha nacido fuera de ella. La ciudad pronto tendrá el mismo ratio de inmigrantes nacidos fuera como Nueva York los tuvo en la primera década del siglo XX. Añádase a todo esto que, mientras Nueva York tiene su 11 de septiembre, Londres tiene su 7 de julio.

Aseguran guionistas y actores de teatro que hoy en Londres los productores tienen hambre de nuevas obras. Por así decirlo, Broadway es un mundo cada vez más cerrado y elitista. Londres tiene un cine pujante y además a los neoyorkinos les han robado uno de sus más preciados tesoros: Woody Allen, cuyas últimas películas se localizan en la ciudad inglesa. Londres, asimismo, organizará los Juegos Olímpicos de 2012, a los que aspiraba Nueva York, aunque esto último para la revista parece más un alivio que una pena.

Pero los reporteros de New York añaden que los londinenses están obsesionados con Nueva York. Hay artículos y fotos de Nueva York casi todos los días en los periódicos, y uno se encuentra, sin dificultad, con tiendas como NY Shoe o Manhattan Donut. Y los Beckham llamaron a su primer hijo Brooklyn. De hecho, uno de los periodistas cuenta como una importante editora londinense se le acercó en una fiesta y, al preguntarle al neoyorkino de dónde venía, le soltó: “¡Dios mío! ¿Y qué haces aquí pudiendo estar en Nueva York?”

Puede que entienda la pregunta de esta editora. Puede que guste más o menos pero el modelo con todo lo bueno y lo malo lo ha exportado Nueva York al resto del mundo, incluso a Asia donde la revista asegura que la capital del siglo XXI estará en Beijing. Y me identifico con cada palabra que en el reportaje se recoge de Sukhdev Sandhu, el principal crítico de cine del diario londinense Daily Telegraph, cuando se encontraba pasando una temporada en Nueva York: “Era a mitad de un invierno durísimo. Mi cartera estaba tiritando. Me sentía cansado y solitario, y mi corazón muy pesado. Pero luego pensaba para mi mismo: Estoy cansado y solo, mi corazón pesado, ¡pero estoy paseando por Broadyway!”


Y a mí me paso que una noche soñé que andaba de nuevo por Nueva York, me desperté a oscuras con un sonido extraño que venía de la ensoñación, y cambié todo Londres por Nueva York en cuestión de un mes. Nunca sabré que hubiese pasado de ir a Londres, pero sí sé lo que no hubiese pasado.

Posted by Fernando Navarro at 02:45:12 | Permalink | Comments (9)