Hombre blanco vestido de primavera
Dicen que la primavera llega a Nueva York como una invitación a la vida. Bien es cierto que el invierno es frío, duro, largo y desgasta. Un rayo de sol cambia la vista, crea una sonrisa, riega el espíritu maltrecho. Pero la primera vez pensé que era un tío salido de un cómic psicodélico, luego creí que iría alguna fiesta, y terminé por rendirme a la evidencia: aquel hombre de casi dos metros vestía así porque era su manera de saludar a la primavera.
Un sombrero con grandes flores de colores, una chaqueta con idénticas flores cubriéndole, flores grandes y pequeñas, unos pantalones chillones, de temporada primaveral que giran de arriba abajo entre el rosa de una flor, el rojo de otra, el amarillo de una más, el azul de aquella y el naranja de otra más. Visto de lejos, parece un payaso camino del circo. Visto de cerca, ni siquiera un dibujo animado da más color a las aceras de la calle 34. La gente le mira un poco, tampoco mucho, como temerosa de recibir agua de su chaqueta. Pero los hay quienes intentan captar una instantánea, para poder colgar la foto después en alguna página web. Es algo inusual, se piensa, pero lo que pasa es que al día siguiente vuelve a pasar por la misma acera, y a los tres días, y cuando se le pregunta qué hace un tipo como tú vestido de esta forma, contesta: Wonderful spring! Ese colorido hombre pasea en una masturbación constante y Central Park, con su primavera brotando, debe ser su Babilonia.