Wednesday, May 9, 2007

Cheerleaders

En Estados Unidos, todavía hay un tópico que se cumple a rajatabla: todo buen jugador de baloncesto o fútbol americano aspira a montárselo con una de las cheerleaders del instituto o la universidad.

El tema de las cheerleaders en Estados Unidos viene de lejos y, curiosamente, está protagonizado por un chico. La historia cuenta que a finales del siglo XIX nació en la Universidad de Minnesota. Al parecer, a un estudiante llamado Johnny, que debió ser un pésimo deportista, se le ocurrió ponerse frente a un numeroso público que se encontraba en un partido de fútbol americano. Cogió y, en mitad de un descanso, se puso a cantar para animar a sus compañeros. Desde entonces, cundió el ejemplo y el ‘estilo Johnny’ cobró forma.

Las chicas se hicieron dueñas de lo de animar, más aún cuando ellas no podían jugar con ellos. A través de la pantalla, películas y series otorgaron fama a esta actividad, donde rubias y morenas combinan elementos del baile y la gimnasia.

En los años setenta, ser cheerleader ya era un asunto más serio. Se crearon los primeros campeonatos nacionales. Así hasta ahora que las cheerleaders son profesionales e, incluso, superestrellas. Madonna, Halle Berry, Paula Adbul o Sandra Bullock hicieron sus pinitos como adolescentes, con la minifalda y los pompones.

Es por eso que la señora Wanda Holloway, una madre de familia de Texas, lo tuvo claro en el año 1991. Contrató a un asesino a sueldo para liquidar a la madre de la chica que competía contra su hija por conseguir el trono de cheerleader del instituto. Las niñas tenían trece años y doña Holloway pensó que sería la mejor forma de conseguir que la otra chica no se presentase a la final. Holloway acabó en la cárcel, pero con dinero. Si llega a tener un niño, la pobre Holloway se queda en bancarrota contratando matones para cargarse a los padres de los jugadores de un equipo entero.

*Artículo publicado por el periódico La Voz del Deporte en la colaboración de cada martes.

Posted by Fernando Navarro in 14:46:10 | Permalink | Comments (4)

Monday, May 7, 2007

Después de Jackie

Jackie Robinson rompió la barrera del color antes que nadie en Estados Unidos. Fue el primer jugador negro de béisbol en ingresar en las Grandes Ligas en abril de 1947, mucho antes de que Martin Luther King liderara la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos, Elvis Prestley hermanase e hiciese bailar a medio país con sonidos negros  o Mohammad Ali golpeara con su locuaz discurso a cada prejuicio que le salía al paso.

Con su gorra de los antiguos Brooklyn Dodgers, Jackie destacó en el campo como un jugador repleto de cualidades, capaz de ponerse al frente de un equipo con el que ganó seis campeonatos, aunque no hubo nadie con su paciencia y perseverancia. Durante sus primeros años, Jackie fue diana de una colección de insultos racistas mientras su buzón se llenaba cada semana de cartas con amenazas de muerte. En el terreno de juego, tuvo que soportar que algunos lanzadores le tiraran a dar con la pelota a la cabeza o las piernas y más de un catcher le escupiera al pasar a su lado. Pero Jackie terminó por ganar la batalla. Llegó a ser reconocido el jugador más valioso del campeonato y su dorsal 42 fue retirado a modo de homenaje.

Sesenta años después de la fecha de su debut, se ha publicado el libro ‘After Jackie’, que recoge con entrevistas la historia oral de los grandes jugadores negros que ha dado el béisbol tras el paso de Jackie. Jugadores que llegaron a poblar este deporte, pero que ahora, según publica la revista ‘Time’, apenas representan un 8% del total. A los afroamericanos ya no les interesa el béisbol, así de simple, pero tienen la posibilidad de elegir. Era el sueño de Martin Luther King, que dijo que la historia de Jackie le permitió hacer su trabajo de manera más fácil. Después de Jackie, dejaría de haber vencedores y vencidos. 

*Artículo publicado por La Voz del Deporte en la colaboración de cada martes de la semana.

Posted by Fernando Navarro in 04:30:44 | Permalink | Comments (2)

Friday, May 4, 2007

Quemado al sol

Este mes de abril que se acaba de ir ha sido bastante duro. Aún me estoy preguntando cómo lo he hecho, pero todavía hoy necesito del último aliento antes de encontrarme en una situación, por fin, más relajada, que coincide con el establecimiento del verdadero buen tiempo en Nueva York. Aunque en esta ciudad nunca se sabe.

En Nueva York, por lo general, la gente es muy amable. Los neoyorkinos son realmente personas serviciales y atentas, de un primer tacto exquisito. El otro día alguien se preguntaba en uno de los comentarios de este blog que hasta la gente que pide dinero por la calle es amable. Es un hecho en más de una ocasión.

Pero también es un hecho, indudable, que Nueva York es puro movimiento, y el movimiento provoca roce. Los extremos siempre conviven en Nueva York. Y el lado desagradable, áspero, violento, parece que se calienta de más cuando los rayos de sol caen más a plomo. Desde hace un par semanas, el sol pega fuerte. Hay más gente que a la mínima estalla. No hablo de los locos o inadaptados que forman una posdata de Travis, seres más cerca de lo divino que de lo terrenal. No. Hablo de alguien como yo, corriente, que cuando forma parte del tráfico diario neoyorkino puede llegar a cagarse en la madre de más de uno sólo porque éste sube las escaleras del metro despacio y no me deja pasar cuando voy con prisas. O de alguien, que con la cabeza tan llena de obligaciones y tareas, le revienta hasta puntos insospechados tener que perder un tren.

Es un Nueva York real, donde parece que cuando el calor sube, florece lo peor de cada uno. Es un Nueva York tan abrasivo como éste, que retrata Spike Lee. Es Brooklyn pero podría ser cualquier otro sitio neoyorkino.

Haz lo que debas (Do the Right Thing - 1989)

alt : http://www.youtube.com/v/v4RAc2jZqgc

Posted by Fernando Navarro in 07:04:48 | Permalink | Comments (11)

Tuesday, May 1, 2007

Hombre blanco vestido de primavera

Dicen que la primavera llega a Nueva York como una invitación a la vida. Bien es cierto que el invierno es frío, duro, largo y desgasta. Un rayo de sol cambia la vista, crea una sonrisa, riega el espíritu maltrecho. Pero la primera vez pensé que era un tío salido de un cómic psicodélico, luego creí que iría alguna fiesta, y terminé por rendirme a la evidencia: aquel hombre de casi dos metros vestía así porque era su manera de saludar a la primavera.

Un sombrero con grandes flores de colores, una chaqueta con idénticas flores cubriéndole, flores grandes y pequeñas, unos pantalones chillones, de temporada primaveral que giran de arriba abajo entre el rosa de una flor, el rojo de otra, el amarillo de una más, el azul de aquella y el naranja de otra más. Visto de lejos, parece un payaso camino del circo. Visto de cerca, ni siquiera un dibujo animado da más color a las aceras de la calle 34. La gente le mira un poco, tampoco mucho, como temerosa de recibir agua de su chaqueta. Pero los hay quienes intentan captar una instantánea, para poder colgar la foto después en alguna página web. Es algo inusual, se piensa, pero lo que pasa es que al día siguiente vuelve a pasar por la misma acera, y a los tres días, y cuando se le pregunta qué hace un tipo como tú vestido de esta forma, contesta: Wonderful spring! Ese colorido hombre pasea en una masturbación constante y Central Park, con su primavera brotando, debe ser su Babilonia.

Posted by Fernando Navarro in 05:36:50 | Permalink | Comments (8)