Nathan’s
Como todo 4 de julio, el más famoso restaurante de hot dogs del mundo celebra su campeonato anual de tragar perritos calientes. Nathan’s, alma mater de la ahora decante Coney Island, es el encargado de convocar tan conocido concurso donde un estómago entrenado a base de salchichas es un estómago competitivo. Las reglas son las siguientes: devorar el mayor número de hot dogs en 12 minutos.
Por fin, este año, Estados Unidos está de enhorabuena. Un estudiante de ingeniería natural de California y que responde al nombre de Joey devoró más perritos calientes que su contrincante, Takeru Kobayashi. Durante los últimos seis años, el pequeño Kobayashi, que cuenta con un club de fans, había tenido la osadía de llevarse el galardón frente a los típicos tripones americanos y los jóvenes universitarios con la cara repleta de granos que preparan la cita como si fuera la lectura de la tesis. La victoria de este asiático escuálido, que no supera el metro setenta, en casa propia y en el Día del Independencia era poco menos que un atentado para el orgullo yankee. Pero el otro día todo cambió.
Joey no sólo arrebató el premio a Kobayashi, sino que además batió el record: se metió para el cuerpo 66 hot dogs, que se caracterizan por ser más grandes que los típicos perritos calientes de los carritos de Manhattan. Joel contó con el apoyo de miles de personas (sí, miles) que se congregaron para apoyarle al grito de “Joey”.
Todo sea dicho. Si se visita Nueva York, merece la pena comerse un hot dog marca Nathan’s. Sesenta seis puede que sean muchos. El perrito caliente de Nathan’s es una institución y no puede ser de otra manera. El restaurante empezó a vender perritos en 1916 al precio de un nickel la unidad. Cuenta la historia que el perrito caliente nació como un alimento para los obreros que trabajan en Coney Island. El concurso, por su parte, surgió tras un pique entre los obreros a ver quién comía más hot dogs para demostrar su patriotismo. La tontería se ha convertido en un acontecimiento nacional. La cadena deportiva ESPN tiene los derechos de retransmisión y medio millón de espectadores enchufan la televisión cada 4 de julio para ver a unos tíos reventando a base de salchichas.
En nuestros días, Nathan’s está expandiéndose por todas partes. En Manhattan no hay que andar mucho para dar con una sucursal. Sin embargo, el establecimiento anclado en Coney Island fue durante toda la vida el único. Todavía permanece original e intacto con el olor a mar de fondo. Este Nathan’s fue el restaurante preferido de muchas celebridades. Al Capone siempre que pasaba por Brooklyn para resolver sus asuntos con otras familias tenía que hacer una parada en Nathan’s. También Cary Grant, quién a veces escribía cartas pidiendo que le reservasen una mesa para determinada fecha.
Puede que esta aura de reliquia traiga todavía algún nostálgico hasta casi el fin del mundo, que para alguien de Manhattan se llama Coney Island. La última vez que estuve en el auténtico Nathan’s una pareja de recién casados estaba fotografiándose al lado del restaurante. Debían de ser de Coney Island. Luego, los amigos se dedicaron a pedir hot dogs como locos. Es normal: un hot dog de estos entra a cualquier hora del día y en cualquier momento.
