Friday, January 19, 2007

Viaje a Queens

Para muchos, adentrarse en Queens es un riesgo que no merece la pena. Para mí, Queens es una aventura que tiene un atractivo irrenunciable y que me gusta repetir.

Queens es el más grande de los cinco distritos (boroughs) de Nueva York con una población que supera los tres millones de habitantes, de los cuales se estima que más de la mitad son latinoamericanos. Al mismo tiempo, es el distrito menos atractivo para las guías de viaje y el menos visitado por el turista y el neoyorkino natural de Manhattan. No existen edificios simbólicos ni museos de renombre ni grandes tiendas donde comprar. Hoy por hoy, además, se iguala con el Bronx en cuanto a índice de asesinatos.

Razones suficientes para que, tal vez, Queens no tenga bazas importantes a su favor. Pero la sensación misma de coger el tren para llegar hasta Queens es un pretexto perfecto para disponerse a viajar.

Se deja en casa la brújula neoyorkina, que guía a lugares comunes, y se coge el Metro de la línea 7, dirección a Jamaica. Con ese aire a cuento, el tren elevado atraviesa los barrios de Queens, como a principios del siglo XX hizo su compañero de fatigas de la Tercera Avenida. Desde ese camino de hierro forjado en las alturas, se extiende un manto con prominencias, de tejados y azoteas, y entre sus descosidos se abren calles que dejan ver un hervidero rebozado de un aceite especial. Como en el verdadero viaje a Macondo, que contó García Márquez en la primera parte de sus Memorias, el tren se detiene en estaciones sin pueblo, ubicadas a varios metros a ras del suelo. Cuando se llega a Jackson Heights, después de dejar el Woodside irlandés y alejarse de Queens Boulevard, el rechinar toma un auténtico acento suramericano.

Al bajar las escaleras, el corazón de Jackson Heights late cada día desconsolado, entre los comercios que no saben de horarios, los coches que se saltan los semáforos y el ruido infernal que rompe cada pocos minutos cuando el tren pasa a toda velocidad sobre las vías elevadas que recorren Roosevelt Avenue. Desde la década de los sesenta no han dejado de llegar inmigrantes ilegales a esta zona de Queens. La inmensa mayoría son suramericanos que vienen huyendo de la pobreza de sus países de origen, impulsados por los desajustes, rebotados por la vida.

Roosevelt Avenue es una Latinoamérica que se estira recta por el cemento, a la sombra del metro en alto, pero con el mismo mapa desdibujado, en ese avispero al que siempre le falta la avispa reina. Es Latinoamérica, que ha dejado las pantuflas por las deportivas blancas y el olor a madreselva por el refrito. Trescientos mil colombianos, casi el mismo número de ecuatorianos y dominicanos, un gran número de argentinos. Por Roosevelt Avenue, las tiendas tienen los letreros en español y sólo en algunas más preparadas que otras se pone el cartel de “se habla también inglés”. Por las aceras, las mujeres venden maíz tostado o cuencos de mazamorra (maíz con leche) para llevar.

En el número 81-01, haciendo esquina, se encuentra una pequeña casa colonial de dos plantas llamada Casa Mario, también conocida como el Palacio de los Frisoles. Este restaurante colombiano, abierto las 24 horas, está especializado en pollos a la brasa. Con los marcos rojos de sus puertas y ventanas, sus mesas del mismo color y sus sillas a cuadros, Casa Mario acoge al viajero entre plantas que trepan por las escaleras. Los pollos dan vueltas en el asador mientras se abre apetito con cualquiera de sus sopas por 5 dólares (de mondongo, de tostones o de albóndigas). Medio pollo cuesta 3,5$ pero es insuficiente cuando el cuerpo de los visitantes pide uno entero por 7,50$. Se acompaña con arepa con queso, tostones, yuca frita o chicharrones. Pero mi acompañamiento preferido son los frijoles (3,75$ el plato grande, 2,75$ el pequeño), que junto con un buen trozo de pollo a la brasa y ensalada, me hace sentir que el viaje no sólo es una alegría para el alma, además es un banquete para el estómago.

Posted by Fernando Navarro at 03:57:28 | Permalink | Comments (4)

Thursday, January 18, 2007

Lo más normal

Lo más normal es ver por el metro (subway) carteles que, tanto en inglés como en español, piden la colaboración ciudadana para que se avise a las autoridades de objetos sospechosos y personas sospechosas. El cartel reza: “Contamos contigo”. Lo más normal es que un policía, como el de las películas con sus gafas de sol, su casco y su pistola del calibre 38, dedique una mañana de diario a repartir papeles como la hoja que hoy un agente del orden me ha dado en un centro comercial (el famoso mall americano).

En letras mayúsculas y en negrita, una gran frase: “Si tú ves algo, di algo”. Luego, más abajo la explicación: “La oficina de justicia está trabajando mucho todos los días para prevenir el terrorismo en América”

La hoja es más que una petición. Realmente, es un catálogo resumido de práctica policial, porque como recoge la tercera frase del papel: “Hay algunas cosas que tú puedes hacer” Y, seguidamente, te dicen que hay ejemplos de actividades relativas a los centros comerciales que quizá puedan preocupar a las fuerzas del orden. No me resisto. Os pongo todos los ejemplos.

  1. Individuos que lleven o transporten paquetes o embases inusuales dentro de los locales.
  2. Conducta sospechosa de un individuo intentando entrar al establecimiento mientras lleva voluminosas ropas que parecen inapropiadas. Puede influir que el sujeto esté solo o actúa excesivamente nervioso.
  3. Individuos actuando nerviosos, como flanes, intranquilos, distraídos y eludiendo los contactos visuales.
  4. Escuchar conversaciones entre individuos o clientes que no son corrientes o son alarmantes.
  5. Individuos que se encuentren en zonas que están fuera de los límites de los clientes tanto lugares de acceso privado, tejados o zonas prohibidas.
  6. Individuos grabando, fotografiando o paseando por los locales sin razón aparente.
  7. Vehículos sospechosos aparcados fuera de los locales, especialmente si parecen abandonados.
  8. Objetos y paquetes sospechos sin reclamar por nadie.

Finalmente, se cierra la tabla de ejemplos con un teléfono abierto 24 horas a cualquier denuncia o consulta ciudadana. Después de quedarme con el papel, me ha dado tiempo, antes de regresar a casa, de ver  lo siguiente:

  1. Varios raperos con abultadas ropas mirando a todo el mundo de forma desafiante en el metro.
  2. A una mujer negra que sólo se dedicaba a gritar como loca no-sé-el-que en la estación de tren.
  3. A otro hombre blanco sujetado a un cartel que auguraba el fin del mundo por todos nuestros pecados.
  4. A decenas de personas haciendo fotos como locos, otros grabando en vídeo.
  5. A un par de hombres que con barbas desarregladas iban vestidos con kipas negras y flecos en el pelo y cargaban con dos grandes libros en sus manos.

¿Qué hago? ¿Llamo por teléfono?

Posted by Fernando Navarro at 02:36:07 | Permalink | Comments (7)

Wednesday, January 17, 2007

Orfebre de buenos cafés

Escuchar un nuevo disco de un cantautor que te gusta es como quedar a tomar un café con un viejo amigo que te pone al día de su vida, de las cosas que pasan… - Ron Sexsmith

Ron Sexsmith es lo más parecido a un buen café, que puede tomarse a primera hora de la mañana o a media tarde, con lluvia o en un día soleado. Su música flota como el aroma del café recién hecho, con esos arreglos que endulzan el espíritu y esa voz, amable narradora de historias agradables, que atiende a los pequeños detalles.

Ron Sexsmith es, en otras palabras, un cantautor magnífico. Algunos dirán que cursi, pero entonces seguro que no les gusta el café recién hecho. Este padre de familia a los veinte años, seguidor desde chaval de Neil Young, estuvo el viernes pasado tocando por Nueva York.

El concierto fue en el Bowery Ballroom, en el Lower East Side, por donde cada año trepan más los tentáculos de Chinatown con sus negocios de letreros chinos que hace tiempo acabaron con lo que quedaba de Little Italy. El Bowery Ballroom es otra demostración neoyorkina de respeto y afición por la música. Una sala por la que se entra a un piso bajo, que es un pub no muy grande con amplios asientos y mesas para charlar bajo una tibia luz roja, y que se termina accediendo a ella en una especie de segundo piso, que está realmente a la altura de la calle. Buenísima acústica, tamaño recogido, visibilidad perfecta del escenario y, en lo alto, una terraza con mesitas y asientos.

Ron Sexsmith es todo menos una estrella del rock. Después de diez años de carrera nunca aparece en la listas de éxitos y su imagen es la de un hombre tímido, que con sus pronunciados mofletes parece el prototipo del gordiflón estadounidense (el conocido por estas tierras como chubby). Sin embargo, su mirada, como su música, cautiva porque esconde más de un secreto.

En directo, Sexsmith funciona igual que en sus trabajos en estudio. Suena de la misma manera sencilla y ligera. Al piano, a la guitarra o agarrado sólo al micrófono no aspira a nada más que a contar historias para quién las quiera escuchar. No es un sentimental. Es un tío emotivo. Nada más. Y con eso convence. Por ejemplo, a gente como Steve Earle, francotirador infatigable del rock estadounidense que se encontraba en el concierto justo a mi lado izquierdo y al que Sexsmith agradeció su presencia.

Es extraño. La música de Ron Sexsmith y Steve Earle no se parecen en casi nada, pues el último es una de las más importantes y necesarias venas de los USA, un verdadero chupito de carretera secundaria con su rock y country sin barreras. Así, el último trabajo de Earle hasta la fecha se titula The revolution starts now! publicado en un acto de compromiso consigo mismo semanas antes de las últimas elecciones presidenciales, que ganó George W. Bush y al que Earle no votó. Pero volviendo al concierto de Sexsmith, lo grande de la música es que los polos se atraen, y si a Steve Earle le gusta tanto Sexsmith como a mí puede que sea porque este hombre es un orfebre, de la escuela de Paul McCartney, ofreciendo canciones mesuradas, cuidadas, agradables y luminosas, dejando un regusto a café recién hecho, a viejo amigo.

Posted by Fernando Navarro at 03:00:56 | Permalink | Comments (1) »

Tuesday, January 16, 2007

Born to run

Cuando escuché por primera vez “Born to run” sentí que se me revolvía el estómago. Recuerdo que estaba tirado sobre la cama y acabé de pie, en esa medianoche cualquiera, preguntándome el camino que tomaban esas guitarras desbocadas al unísono, ese órgano desorbitado y ese saxofón trepidante cuando ese melenudo de la cazadora de cuero se partía la voz, cada segundo más, para terminar diciendo aquello de “vagabundos como nosotros, nena, nacimos para correr”.

Desde entonces y durante unos meses, intenté explicar torpemente a mis amigos más cercanos el significado de esa música y esa letra. Nada me hacía más ilusión que cogieran ese disco y se lo llevarán a casa y al día siguiente me dijeran que también acabaron de pie, en mitad de la habitación preguntándose no sé el qué. Pero fue vano. No es que me molestara pero llegué a sentirme muy frustrado porque nadie de la gente que más quería era capaz de engancharse a la canción como yo.

Esa canción se convirtió en una especie de himno para mí. Cuando estaba solo en casa me la ponía y me arranca a soñar. Cuando estaba con los amigos y surgía la posibilidad de escucharla, me sentía en mi territorio, extraño conocedor de algún secreto, mientras unos y otros, incrédulos y cálidos, me decían “tu canción”. Cuando iba algo borracho y sonaba esa zumbante batería, saltaba de un brinco y podía acabar soltando alguna lágrima.

Sin embargo, el tiempo hizo que esa canción quedase aparcada en algún rincón, como un viejo coche en perfectas condiciones pero eclipsado por otros modelos más modernos. También fue algo natural. No quería cargarme el coche y lo reservaba para el momento oportuno, si lo había.  

Cuando dudé si me venía a Nueva York por encima de todas las cosas, pinché esa canción y esperé a la reacción. Hoy, un buen amigo, gran profesor que he tenido en la carrera de Historia y mejor maestro, me ha recordado, vía Internet, lo qué significa Nueva York. Con su sabiduría, me ha asegurado que el coche aspira a llegar al final del camino, bajo el sol, bajo las estrellas. Hoy, todavía, muchos años después, he sentido las mismas tremendas ganas de escuchar “Born to run” y sigo preguntándome hacia dónde lleva ese camino, dispuesto ahora a saber si es real.

Posted by Fernando Navarro at 06:44:24 | Permalink | Comments (9)

Monday, January 15, 2007

Album de fotos

Cada día voy aprendiendo algo nuevo de las tecnologías. Así, como podéis ver en la barra lateral a la derecha, he abierto una especie de álbum de fotos de Nueva York, que en la medida de lo que pueda iré actualizando. Lejos de ser buenas fotografías, son pequeñas muestras aficionadas que esperan aprovechar un poco más las posibilidades que brindan Internet y una ciudad como ésta. Por desgracia, sólo he subido unas pocas, las únicas que tengo a mano pues he perdido la mayoría. Espero colgar más. Para verlas sólo tenéis que pinchar sobre el album.

Posted by Fernando Navarro at 06:02:57 | Permalink | Comments (1) »

Amor y odio

Hace un año más o menos murió Rosa Louise Parks, aquella costurera negra que en una mañana de diciembre de 1955 viajando en autobús se negó a ceder su asiento a un blanco. Cuenta la historia que el hombre estaba en todo su derecho de mandar a la señora a la parte de atrás del vehículo y quedarse con el asiento, a pesar de llegar más tarde y estar ocupado. Al contrario de lo que era costumbre en Montgomery, la señora Parks no se levantó y no acató lo que obligaba la ley Jim Craw, que obligaba a las personas negras a ceder su asiento a las personas blancas.

Tal hecho no quedó aislado. Por entonces había un joven pastor de la Iglesia Baptist de Dexter Avenue de la localidad, que había estudiado Sociología y Filosofía. Su nombre era Martin Luther King Jr. Después del simbólico acto de la señora Parks, pasó a convertirse en líder de lo que se conoció como el boicot al bus de Montgomery. A pesar de la violencia con la que fue atacado por ciudadanos y autoridades de color blanco, el reverendo King continuó con sus protestas pacificas en su activismo por los Derechos Civiles de la población negra. Antes de convertirse en el ganador más joven del Premio Nobel de la Paz en 1964, la historia de Martin Luther King, como la de todo aquel agitado periodo, fue uno de los capítulos más fascinantes de los Estados Unidos de América.

Un país que hoy 15 de enero celebra el Día Martín Luther King, coincidiendo con la fecha de su nacimiento. La administración pública y varias empresas cierran en este lunes, mientras que todos los medios de comunicación harán todas las oportunas menciones. De hecho, en este domingo en el que se escribe este texto, hay canales que han dedicado una programación especial emitiendo varios de sus discursos y alguna película documental.

El más famoso de sus discursos es el que ha pasado a la memoria popular, y todavía emociona escucharlo, “I Have a Dream (Yo tengo un sueño)”, dado en frente del Monumento Lincoln durante la Marcha en Washington por el trabajo y la libertad en 1963.

Con todo, la historia de Martin Luther King es la historia de la humanidad, la historia de la mano derecha y la mano izquierda, la historia del odio y el amor. Una historia que se sigue escribiendo y que si no conoces te invito a hacerlo de la mano de Spike Lee, nacido bajo la simbólica sombra de Martin Luther King. Aunque no quede otra, el amor tiene que vencer por K.O. al odio. Haz lo que debas (Do the Right Thing, 1989)

Posted by Fernando Navarro at 05:42:00 | Permalink | Comments (3)

Friday, January 12, 2007

Dichosa pasión por el fútbol

Ante la llegada de fechas tan señaladas, servidor se subió al avión y regresó, como el turrón, a casa por Navidad. Qué mejor momento para disfrutar de la familia y los amigos y reencontrarse con lo que se echa de menos. Y, entre mazapanes y uvas, apareció el fútbol.

Dijo hace tiempo el escritor uruguayo Mario Benedetti que “el fútbol es una excusa para ser felices”. No cabe duda que el buen aficionado al fútbol, el de toda la vida, puede hacer de estas palabras un territorio personal. Habrá quién clame estupefacto ante tal afirmación, más cuando existe como existe un calendario saturado que exprime al indiferente, pero el fútbol si no existiera, para muchos, habría que inventarlo.

De regreso a Nueva York, con las pilas cargadas, me sigue resultando extraño y digno de estudio el caso de los Estados Unidos, que aún con su herencia británica se les ha escapado esto del fútbol. Es una excepción para la máquina más absorbente y productiva de estilos de ocio del planeta. Como asegura el prestigioso historiador Eric Hobsbawn en su repaso al siglo XX; “En la esfera de la cultura popular, el mundo era o norteamericano o provinciano”. Y el fútbol, que nada tiene que ver con los USA, es una rama popular desde hace tiempo genuinamente internacional y con preeminencia mundial.

Dichoso fútbol, pensarán más de uno y de dos. Seguro que sí. Pero para sus amantes guarda algo indescifrable, que se entiende a pedazos pero cuyo significado completo se escapa. Un sentimiento al que se refería décadas atrás el sabio entrenador del Liverpool, William Shankly: “Mucha gente piensa que el fútbol es un juego a vida o muerte, pero es mucho más importante que eso”. Tal vez, porque es una pasión, y como apuntaba el escritor francés Nicole Chamfort, “todas las pasiones son exageradas y son pasiones sólo porque exageran”

*Artículo publicado en el diario deportivo La Voz del Deporte cada martes de la semana.

Posted by Fernando Navarro at 03:09:40 | Permalink | Comments (3)

Thursday, January 11, 2007

Denuncia

Tenía pensado hablar de otro tema pero hoy la actualidad manda, y no sólo involucra a Nueva York sino también a todo Estados Unidos y gran parte del mundo.

El presidente de los EE.UU., George W. Bush, ha dado su primer discurso del año a la hora de mayor audiencia (las 21.00, hora local) para hablar de la nueva estrategia en la guerra de Iraq, después de que los demócratas tomaron el poder en las dos cámaras (Senado y Congreso) y Donald Rumsfeld dimitió como vicepresidente del Gobierno.

Retransmitido por todas las cadenas de televisión, en su discurso Bush ha reconocido y asumido los “errores” de la estrategia en Iraq y ha descartado la opción de la retirada porque, en su opinión, provocaría “el desplome” del Gobierno iraquí. Según ha dicho el presidente estadounidense, el plan incluye el envío de 24.000 soldados, de los cuales al menos 17.500 estarán destinados en Bagdad. De los 6.800 millones de dólares adicionales del nuevo plan, 5.600 millones irán destinados al aumento de tropas, mientras que los 1.200 restantes financiarán los programas de reconstrucción y de empleo.

No seré yo quién analice esta nueva estrategia del gobierno más poderoso del mundo. Eso es asunto de los expertos. Pero no puedo evitar el pronunciarme, de nuevo, contra una guerra que siempre me ha parecido, como la mayoría,  injusta, innecesaria y, como todas, brutal para los de siempre, los civiles e inocentes que las sufren. Soy de los que piensan como Jean Paul Sastre que dijo que cuando los ricos hacen la guerra, son los pobres los que mueren. Y escuchando las palabras de Bush, me han venido muchas cosas a la cabeza, pero por poner una de ellas, dejadme que pinche en este tablón que es “Serenatas” un texto que además está relacionado con esta metrópoli. Es un poema de Federico García Lorca de un libro imprescindible como Poeta en Nueva York (1929), del que seguro se volverá a hablar en este blog. No es el mejor escrito para referirse a una situación de guerra como ésta, pero está íntimamente ligado con Nueva York y, sobre todo, con la denuncia y con esa “otra mitad, la mitad irredimible”.

NUEVA YORK (OFICINA Y DENUNCIA)

“Debajo de las multiplicaciones
hay una gota de sangre de pato;
debajo de las divisiones
hay una gota de sangre de marinero;
debajo de las sumas, un río de sangre tierna.
Un río que viene cantando
por los dormitorios de los arrabales,
y es plata, cemento o brisa
en el alba mentida de New York.
Existen las montañas. Lo sé.
Y los anteojos para la sabiduría.
Lo sé. Pero yo no he venido a ver el cielo.
Yo he venido para ver la turbia sangre.
La sangre que lleva las máquinas a las cataratas
y el espíritu a la lengua de la cobra.
Todos los días se matan en New York
cuatro millones de patos,
cinco millones de cerdos,
dos mil palomas para el gusto de los agonizantes,
un millón de vacas,
un millón de corderos
y dos millones de gallos,
que dejan los cielos hechos añicos.
Más vale sollozar afilando la navaja
o asesinar a los perros
en las alucinantes cacerías,
que resistir en la madrugada
los interminables trenes de leche,
los interminables trenes de sangre
y los trenes de rosas maniatadas
por los comerciantes de perfumes.
Los patos y las palomas,
y los cerdos y los corderos
ponen sus gotas de sangre
debajo de las multiplicaciones,
y los terribles alaridos de las vacas estrujadas
llenan de dolor el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.
Yo denuncio a toda la gente
que ignora la otra mitad,
la mitad irredimible
que levanta sus montes de cemento
donde laten los corazones
de los animalitos que se olvidan
y donde caeremos todos
en la última fiesta de los taladros.
Os escupo en la cara.
La otra mitad me escucha
devorando, orinando, volando, en su pureza
como los niños de las porterías
que llevan frágiles palitos
a los huecos donde se oxidan
las antenas de los insectos.
No es el infierno, es la calle.
Nos es la muerte, es la tienda de frutas.
Hay un mundo de ríos quebrados
y distancia inaccesibles
en la patita de ese gato
quebrada por el automóvil,
y yo oigo el canto de la lombriz
en el corazón de muchas niñas.
Oxido, fermento, tierra estremecida.
Tierra tú mismo que nadas
por los números de la oficina.
¿Qué voy a hacer? ¿Ordenar los paisajes?
¿Ordenar los amores que luego son fotografías,
que luego son pedazos de madera
y bocanadas de sangre?
San Ignacio de Loyola
asesinó un pequeño conejo
y todavía sus labios gimen
por las torres de las iglesias.
No, no, no, no; yo denuncio.
Yo denuncio la conjura
de estas desiertas oficinas
que no radian las agonías,
que borran los programas de la selva,
y me ofrezco a ser comido
por las vacas estrujadas
cuando sus gritos llenan el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite. “

Posted by Fernando Navarro at 05:06:18 | Permalink | Comments (3)

Wednesday, January 10, 2007

Vida perra

Se puede afirmar que los perros viven mejor que las personas en Nueva York. A primera vista, al menos, hay detalles que hablan del importante papel que juegan en la sociedad neoyorkina, como que existen abundantes tiendas por todo Manhattan exclusivas de productos caninos o que en las fechas más marcadas del año a los perros se les tiene siempre en cuenta con disfraces para Halloween, comida con envoltorios especiales para Acción de Gracias o regalos para Navidad. Ellos forman parte de esta ciudad como el que más. Hasta la justicia ahora se pone de su lado.

No hace mucho saltó la polémica cuando el importante grupo ciudadano Juniper Park Civic Association llevó a los tribunales una demanda solicitando que los perros fueran siempre con correa por cualquiera de los 1.700 parques neoyorkinos. Alegaban que era lo más seguro e higiénico para todos. Sin embargo, la corte suprema de Queens, donde se llevó el caso, ha rechazado la denuncia y ha reconocido “el derecho de los perros ha pasear libres alrededor de los parques”. Ningún parque puede oponerse a que un dueño pasee a su mascota sin correa pues está amparado por la ley. Victoria para los perros. De esta manera, por Central Park, afortunadamente, seguirán viéndose perros sueltos corriendo libres y sin problemas tras las pelotas de béisbol que lanzan sus dueños.

Sin duda, la cuestión canina es un tema de peso. Nueva York cuenta con casi un millón y medio de perros. Por eso, hay una estampa de auténtica naturaleza neoyorkina que algunos ya conoceréis por las películas. Se trata del cuidador de perros, al que se ve pasear por las calles rodeado de ellos, especialmente por las zonas de Greenwich Village o el Upper Side. Cada uno de estos cuidadores forma parte del Club K-9, un hábil negocio que nació en 1989 para proveer cuidados especiales a las mascotas de los neoyorkinos demasiado ocupados por el trabajo.

Club K-9 ofrece diversos servicios. El más común es el de sacar al perro a pasear. El empleado recoge a la mascota en su casa, ya que sus dueños están trabajando, y se la lleva dos horas de paseo. Como hay tanta demanda, estos paseos suelen ser en grupo con el cuidador rodeado de unos 7 o 10 perros. También existen los paseos privados, que son más caros pero que son perfectos para dueños recelosos de que su mascota levante la pata bajo la atenta mirada de otro perro. Según he podido saber hablando con algún de estos cuidadores, por cada perro que se saca a pasear durante las dos horas, normalmente, se cobra 15 dólares. No importa la raza ni el tamaño del canino. Y algunas veces se han encontrado con dueños que exigen un determinado itinerario para el perro.

Pero Club K-9 no sólo saca a los perros a pasear. También oferta visitas a los cachorros (puppies). Un chico o chica va a la casa del dueño ausente y se dedica a jugar con el cachorro, asistirlo y enseñarlo con cortos paseos a hacer sus necesidades. Es la posibilidad de dar a tu perrito lo mejor. El otro servicio es una acogida de perros durante largas ausencias. Club K-9 hace de hotel o casa para perros cuando sus dueños deben dejar la ciudad. Y la habitación por día (50 dólares) es más barata que la de cualquier hotel de Nueva York, y encima con comida y cuidados médicos. En fin, que es mejor ser perro en Nueva York.  

Posted by Fernando Navarro at 02:48:59 | Permalink | Comments (5)

Monday, January 8, 2007

El paraíso imperfecto

-Es cierto -dijo melancólicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno-; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve. (Augusto Monterroso - El Paraíso imperfecto)

El paso por Madrid ya se ha terminado. De nuevo, esta pantalla en blanco y yo, a pocas horas de coger un vuelo para Nueva York. Menudo suspiro la vida. Cuando me temblaban las manos hace unos meses para abrir este blog, cuando me flojeaban las piernas hace unos años para partir por primera vez, y esta noche, de nuevo, el cielo estrellado y la misma figura amparada por una tímida luz.

La intensidad de los días no me ha dado respiro. Parece imposible pero unos veinte días no dan para tanto. Siempre se quedaba algo por hacer. Sin embargo, en menos de tres semanas he podido recuperar sensaciones para mucho tiempo. He visto mi Madrid más fascinante que nunca, mostrando su particular caos de siempre y sobreviviendo con vida y fuertes impulsos a las obras y los desajustes. Saber que espera Madrid no puede ser mala noticia.

Éste es un motivo para no marchar. Hay muchos más, cada uno con su nombre. El más grande la familia. Ella lo sabe mejor que nadie. Y los amigos. Cada copa que me he tomado con cada uno de vosotros, cada conversación, cada anécdota, cada canción, cada sorpresa, cada recuerdo, cada ilusión y cada secreto que hemos compartido son, cada uno, un motivo para no marchar. Como también lo sois cada uno con los que he hablado por teléfono y no hemos podido estrecharnos un abrazo, o cada uno que no nos hemos visto pero nos hemos tenido presente en algún momento; cada uno, habéis sido un motivo.

Me siento muy afortunado. Tengo que decirlo. Ya lo dijo el poeta, vende más, siempre ha sido así, una historia de desesperanza, el drama de un personaje que no tiene solución o los finales tristes, pero hoy por hoy esta serenata no está aquí para vender. No tengo ningún motivo para venderla. Me han regalado lo que soy.

Podría, podríamos quedarnos. No pasaría nada malo. Todo lo contrario, habría un montón de cosas buenas. Pero no son sólo las cosas buenas las que forjan el espíritu de las personas. Siento, como un viajero que abandona el hogar de noche, que hay que ir al encuentro. En esta duermevela, me confieso. Ahora más que nunca estoy dispuesto a ir al encuentro. No diviso los horizontes pero he llegado hasta aquí y necesito adentrarme en este camino. Estos días he visto, me han contando, otras direcciones que pude haber tomado si no hubiese partido. Las tuve en mi mapa, pero ahora regreso, de nuevo, a Nueva York porque allí siento que sigue siendo la única forma de ver todo lo demás.

“Serenatas de Nueva York” espera exprimir al máximo esa ciudad para todos vosotros. Y yo espero ver el cielo entre las luces de los rascacielos.

Posted by Fernando Navarro at 03:22:40 | Permalink | Comments (8)