Tuesday 27 de February de 2007

What is salvation?

¿Has hecho ya tu elección? ¿Has rendido tu vida a Dios? ¿Estás viviendo bajo la obediencia de Cristo y la Biblia? ¿O ha muerto Jesús por ti en vano?

Estas preguntas son algunas de las que se recogen en rojito y subrayado en uno de los cientos de trípticos que diariamente se reparten por Nueva York. Respeto todas las respuestas, pero según indican los mismos papeles: si no haces la elección rechazas la salvación. De esta elección depende tu destino.

Cada mañana, cada tarde, y desconozco si cada noche, es fácil encontrarse con alguno de los fieles de alguna Iglesia relacionada con el cristianismo que te recuerda que tu vida no está salvada si no lo remedias. Para ello, tienen toda clase de maneras para llamar la atención. Una de ellas es el reparto de folletos en plena calle. Dos tíos, por ejemplo, se colocan en la entrada del metro o en la puerta de la Virgin y se dedican a dar compulsivamente papelitos. Algunas veces el gesto serio que muestran es lo más parecido al pecado original, aunque más asustan cuando sonríen de forma descolocada a lo Jack Torrance en El Resplandor (The Shining, 1980) Otra opción es el buzoneo, que consiste en los mismos tíos recorriendo la calle mientras regalan los papeles de la buena nueva. Ambas formas de repartir la palabra suele ir acompañada de gritos constantes, fuertes exclamaciones y profundas desesperaciones, que dejan muy atrás a los vendedores de periódicos. Los hay que llevan megáfono para darse a oír entre tanto ruido.

Los folletos se mueven entre el diseño indie, que se pregunta en la portada What is salvation? (¿Qué es salvación?), o el modelo de antigua imprenta, que en grandes letras señala que es The most important thing you must consider... (La cosa más importante que tú debes considerar...) Todos utilizan citas de la Biblia, en un cóctel de versículos. Algunos seleccionados con mala uva (el salario del pecado es la muerte - Romans 6:23) cuando el lector en potencia suele ser un tipo consciente que por cuatro perras gordas intenta ir tirando mal que bien en Nueva York con algún capricho que otro. Si te da la paciencia para leer todo el papelito, al final, otra vez en rojo y subrayado, te recuerdan que tienes que ser salvado ahora mismo (right now!) porque al contrario podrías morir hoy (you could die today). A modo de prospecto de medicamento, se cierra el texto con la dirección donde hay que dirigirse para solicitar más ayuda.

Y lo sé, no es la primera vez que se hablaba del tema religioso y pensaréis que tengo fijación por estas cosas. Pero, a veces, es inevitable sentir que Nueva York es un purgatorio donde todos los días te machacan con tanta pregunta sin salvación.

Posted by Fernando Navarro at 05:46:51 | Permanent Link | Comments (4) |

Monday 26 de February de 2007

Magazine NY

Como ya comenté en su día, Magazine NY es un cajón desastre que hace las funciones de revista con reportajes sobre Nueva York, que se me van ocurriendo o que ya tenía escritos pero que nunca habían visto la luz por distintas razones. Con los astros del cine alineados en orden espiritual en la semana de los Oscars, acabo de publicar un reportaje que desde hace tiempo tenía en mente sobre la saga de El Padrino y su relación con la historia real de la Mafia en Nueva York. El anterior reportaje del CBGB queda archivado dentro de la revista siempre para vuestra consulta.

Desde que estoy aquí, la lectura de algunos libros de la Cosa Nostra en EEUU me ha servido para poner un poco en orden el puzzle e intentar dar una relación cierta a la ficción con la realidad. La verdad que, mirando detenidamente la historia, podrían haberme salido el doble de palabras por la cantidad de hechos de la Mafia que conectan con toda la saga. El reportaje es tan sólo el ejercicio resultante de la búsqueda de las escenas en off, pero siempre bajo la perspectiva de un simple apasionado a la vida de los Corleone y la ciudad de Nueva York, nada más.

 

Posted by Fernando Navarro at 07:41:31 | Permanent Link | Comments (0) |

Oscars

Seguro que al abrir este blog ya sabéis cómo se han repartido los premios de los últimos Oscars, pero a cinco minutos de haberse terminado la ceremonia quiero recoger unos rápidos apuntes, a vuelapluma.  

No se ha producido el milagro español: Penélope Cruz no se ha llevado el Oscar a la mejor actriz. La ganadora ha sido Helen Mirren por The Queen. Ha sido curioso porque cuando han presentado a la actriz española en la habitual ronda de nominadas han ido a escoger el momento en que Penélope Cruz hace que canta "Volver", porque está doblada por la voz de Estrella Morente. Es un momento bastante emocionante en la película, pero podrían haberse dado cuenta del detalle, incluso la misma actriz ha sido pillada en un pequeño renuncio con unos ojos de sorprendida como diciendo esa voz no es mía.

Tampoco El laberinto del fauno se ha llevado la preciada estatuilla a la mejor película de habla extranjera, y eso que comenzó metiendo la directa con premios secundarios, en los que estaban representantes españoles. Una pena por la cinta y su director, Guillermo del Toro. No he visto el resto de nominadas en esa categoría, pero me parece muy difícil conseguir una obra a la altura de El laberinto del fauno.

Aparte de todos los premiados, dos han sido los protagonistas de la gala. Jack Nicolson no ha dejado de chupar cámara con ese glamour extravagante que le caracteriza. Añádasele su cabeza sin un pelo y un cuerpo más hinchado de lo común en él. Con todo, ha acaparado la atención de la cámara y repartido el Oscar a la mejor película, precisamente, su película, Infiltrados (The Departed) El otro ha sido Al Gore, que fuera presidente de los Estados Unidos de América por unas horas y ahora ganador de un premio de la Academia por su documental Una Verdad Incomoda (An Incovenient Truth). El demócrata ha aparecido por el escenario en un par de ocasiones y se ha llevado los elogios del público por su campaña. El mismo Leonardo Di Caprio ha apoyado con sincera energía su documental. Una Verdad Incomodad es un trabajo necesario, que, según leí el otro día en la revista Time, su onda expansiva por suerte no tiene límite: conciertos multitudinarios para combatir el cambio climático, miles de libros para las escuelas, una campaña de dvds gratuitos por el país y más de 1.000 voluntarios alrededor del movimiento.

El capítulo de recordatorios a los que han muerto durante el último año ha empezado con Glenn Ford hasta terminar con la imagen congelada de Robert Altman y el aplauso emocionado del auditorio. Otro homenajeado ha sido el viejo e irrepetible Enno Morricone, hacedor de algunas de las mejores bandas sonoras de la historia. Ha recibido el Oscar de manos de Clint Eastwood, que ha traducido como buenamente podía el italiano de Morricone, único en no dirigirse en inglés a los presentes durante toda la noche. Una alegría ver a este hombre reconocido como se merece.

Sin embargo, para mí, el momento más emocionante lo ha protagonizado mi querido Forest Whitaker cuando ha subido al escenario a coger el Oscar al mejor actor por El último rey de Escocia (The Last King of Scotland) Con ese parpado caído y ese gesto de conserje de instituto, ha dado un discurso intenso como pocos. El premio a Whitaker vale la ceremonia.

Pero si los Oscars tienen un nombre este año ese es el de Martin Scorsese, con el premio al mejor director y película por Infiltrados (The Departed) Parece mentira que nunca hubiese ganado uno antes y a la séptima haya sido la vencida. Como parece mentira que la Academia del Cine siempre llegue tan tarde a tantas cosas. No he visto Infiltrados pero se me antoja inferior a las obras célebres de Scorsese y a otras candidatas de este año. Lo que puede que demuestre que esto de los premios hace justicia menos que más, pero parece que sirve para entretener un rato al respetable, a mí incluido.

Posted by Fernando Navarro at 07:21:08 | Permanent Link | Comments (4) |

Sunday 25 de February de 2007

Agente Zero

En la semana del All-Star, Gilbert Arenas, el base de los Washington Wizards y conocido por todos como ‘Agente Zero' por el dorsal que luce a su espalda, protagonizó reportajes en diversos medios, entre ellos la revista ‘Time', como la gran sensación del año en la que se ha convertido.

‘Agente Zero' también podría llamarse ‘agente rarito'. Acostumbrado a darse una buena ducha, completamente uniformado, a mitad de un partido para relajarse, el jugador de los Wizards asegura que es un maniático de cosas sin sentido. Colecciona películas malas de puñetazos y disparos en DVD, jerséis antiguos y balones cutres y usados de baloncesto. Su entrenador, Drew Cleary, habla de él como un "obsesivo compulsivo" que haría bien en no probar ningún tipo de droga porque arrasaría con ella y sería el fin de su carrera.

Por suerte, para él y la NBA, su obsesión más grande es el baloncesto. Enganchado como está a meter canastas, en lo que va de temporada ha superado los 50 puntos por partido en tres ocasiones. Pero, antes de este año, tuvo que ver cómo en el 2001 pasaron de él todos los equipos en la primera ronda del ‘draft' y se quedaba fuera el año pasado de la selección estadounidense para el Mundial.

Peor es su historia personal, como sacada de una película de sobremesa. Su madre le abandonó a los cuatro años en Miami y su padre, que no vivía con ellos, se hizo cargo a regañadientes del pequeño Arenas. Nunca más supo de ella hasta hace cuatro años en un partido con su antiguo equipo de los Golden State Warriors, donde una mujer desde la grada le gritó: "¡Gilbert! Soy tu madre." Arenas se quedó congelado. Tras el partido, apuntó su teléfono pero nunca llamó. Y, seguramente, no lo haga, porque ‘Agente Zero' está obsesionado en demostrar hasta a su madre que los que no apostaron por él se equivocaron.

*Artículo publicado por el periódico La Voz del Deporte cada martes de la semana.

Posted by Fernando Navarro at 16:59:52 | Permanent Link | Comments (4) |

Friday 23 de February de 2007

Little Italy

Little Italy no es más que una calle de caras pastelerías y restaurantes italianos por la que pasean turistas ávidos de los decorados que vieron en El Padrino (The Godfather) Apenas se abandona Mulberry Street y la pequeña Italia se esfuma entre los comercios del gigante chino, que crece sin pausa más allá de su histórico enclave en Chinatown.

Pero Mulberry Street se ha convertido en una parodia de sí misma. Todavía se ven los quesos, las salchichas y los salamis importados colgando de los escaparates pero, como los capuchinos de las cafeterías y las pastas de las panaderías, son productos destinados a satisfacer la recreación turística y al ciudadano despistado o, por qué no, más nostálgico de lo normal. Los cada vez menos italianos que por ahí andan son de postillo. Para ir a las zonas verdaderamente italiamericanas de la ciudad hay que dirigir los pasos a Belmont, en El Bronx, o Carroll Gardens, en Brooklyn.

Como si de la entrada a un parque se tratase, en la acera se puede ver un letrero que da la bienvenida a los llegados a Little Italy. La decoración es tan perfecta en algunos casos cuesta creérsela. Los camareros esperan en las puertas de los restaurantes intentando atraer al personal con su variedad de acentos. Debidamente uniformados, todos están dispuestos a saludar en el idioma que haga falta y orgullos de ofrecer la ‘mejor' pasta de Nueva York. Y, precisamente, pasta es lo que hace falta para comer en Little Italy. Ninguno de sus restaurantes es sitio recomendado para el mochilero.

No hay carros de frutas. No hay un gentío incontrolado por sus aceras. A un lado y otro de la calle, se disponen las numerosas tiendas de souvenirs, aparte de los restaurantes. No hace falta recorrer muchos metros para percatarse que Little Italy es una colección de cromos. El viejo Vito Corleone, el joven Vito Corleone, el joven Michael Corleone, el viejo Michael Corleone, la familia Corleone al completo, Toni Soprano, Christopher Soprano, la familia Soprano al completo... cada uno de ellos y todos juntos se encuentran a la venta en postales, fotografías y posters que se amontonan en cajas para el manoseo diario. Los mafiosos comparten espacio con las imágenes y autógrafos de algunas de las leyendas italianas del béisbol americano.

Si el día acompaña y los rayos de sol caen en horizontal, al menos, cuando se alza la mirada se puede apreciar una estampa inquietante sobre las azoteas de los edificios de Mulberry Street. Parece como si todavía ese escalonado paseo de azoteas con sus chimeneas y escaleras de incendios permaneciese intacto al circo del tiempo. Dicen que fue lo único que Francis Ford Coppola no tuvo que retocar para convertir Little Italy en la antigua pequeña Italia de principios del siglo XX. De ese tiempo a esta parte, el cine y la televisión han pasado por Little Italy. Poco importa si para bien o para mal porque Nueva York siempre termina por imponer su regla, como ha hecho en otros barrios y otras cosas de la ciudad. Pero nadie quita que Little Italy quede asociada para siempre a un monumento del séptimo arte como El Padrino. Si la historia de Vito Corleone y su familia se forjó en Little Italy, entonces, valga el decorado y toda la parafernalia.

Posted by Fernando Navarro at 14:22:11 | Permanent Link | Comments (2) |

Thursday 22 de February de 2007

Un tiempo atrás

Cuando los líderes de la Cosa Nostra ya vivían en mansiones, hubo un tiempo que los bajos fondos de Nueva York estaban repletos de aspirantes a mafiosos y matones de poca monta. Lejos de los lazos de cualquier familia, muchos de estos personajes se pasaban la vida en las calles, intentando salir al paso con lo que conseguían de trapicheos y pequeños golpes. Tal vez, ahora suceda lo mismo pero seguro que no es igual.

Era un tiempo en el que en Little Italy no había letreros colgando sobre la entrada de los comercios por los portazos que se daban todos los días en la parte de atrás de cada uno. En Nueva York reinaba el sálvese-quién-pueda de siempre pero gobernaban alcaldes desastrosos que coreografiaban las deudas millonarias, la huída de empresas y la falta de servicios a ritmo de fiascos y escándalos, que habían dejado de sorprender en una ciudadanía que vivía entre el desencanto y el hedonismo. Fue también el tiempo de las drogas, el sexo ilícito y las bandas callejeras.   

Era, por supuesto, un tiempo en que el rock´n´roll explotaba cada día con un nuevo single en las narices de los señores y señoras de la época dorada. Para todos esos maleantes y jóvenes desorientados, que pinchaban canciones en sucias gramolas y echaban el humo de los cigarrillos a la cara, era un tiempo en el que los viejos tiempos se habían ido por la alcantarilla.

Era un tiempo en el que Martin Scorsese sacaba de Nueva York las historias que nunca antes se habían contado. Era un tiempo en el que Scorsese, además, hacía un cine tan carnal que se podía cortar con una cuchilla y ver la sangre derramarse. Era un tiempo en el que Robert De Niro estaba a punto de comerse el mundo y hacía tragar saliva con cada una de sus interpretaciones. Por entonces, encima, hacía una pareja incendiaria con otro que tendría mucho que decir como Harvey Keitel. Era un tiempo que llamar a alguien mook (un palabro que todavía no tiene ningún significado aparente, pero que debe sonar muy mal) era motivo de una buena pelea. Era un tiempo, en definitiva, donde en Nueva York abundaban las malas calles, y los chicos que las habitaban.

Malas Calles (Mean Streets, 1973)

Posted by Fernando Navarro at 06:15:34 | Permanent Link | Comments (4) |

Wednesday 21 de February de 2007

La rejilla

Entre Lexington Avenue con 52th Street, todavía permanece la más deseada de las rejillas del subterráneo de Nueva York, por la que cada día pasan neoyorkinos acelerados, inconscientes, seguramente, de lo que un día supuso esa salida de aire caliente que se dispara de vez en cuando de las mismas profundidades del organismo oculto de la ciudad. 

En Lexington Avenue con 52th Street, esta rejilla fue protagonista hace ahora más de cincuenta años de uno de los momentos más cinematográficos de la historia. Bien es cierto que el ardor que desprendía obligó a cambiar su localización, pero la historia de la rejilla original, que el cine ha difundido por todo el mundo durante tanto tiempo, merece ser recordada. Su impacto ha salpicado hasta el último tonto de la fila, aunque sólo fueron los neoyorkinos más avispados los privilegiados testigos que disfrutaron de la rejilla y todo lo que la acompañaba en mitad de la madrugada de Manhattan.

Recomiendo leer encarecidamente Conversaciones con Billy Wilder (Alianza Editorial) donde el director en sus charlas con su compañero de oficio Cameron Crowe recuerda con su particular humor cómo se las ingeniaron para sacar adelante la escena ante la fuerte moralidad reinante en la industria del cine. El código Hays, un instrumento de autocensura dentro de la Asociación de Productores y Distribuidores de Cine, determinaba que era aceptable o no en una película. Se aplicaba con firmeza desde los años treinta y señalaba que el sexo o la obscenidad eran cosas vulgares y burdas que estaban prohibidas en la pantalla. Marilyn Monroe sobre esa bocanada de aire fue una escena censurada, como otras más de La tentación vive arriba (The Seven Year Itch, 1955) Pero Wilder, que era más inteligente que media industria pensando al mismo tiempo, se las arregló para maquillar y grabar su escena de otra manera menos explícita, pero con el mismo poder de sugerencia. Aún así Wilder y su equipo recibieron cartas de indignación por parte de los moralistas, entre otros, de la Legión Católica para la decencia.

Por suerte, lo que ha quedado para la posteridad es la película de Billy Wilder y las faldas de Marilyn Monroe, bajo las cuales descansó durante un tiempo la rejilla por donde, gracias al cine, todavía viaja echando humo el tren de los deseos.

Posted by Fernando Navarro at 06:01:19 | Permanent Link | Comments (5) |

Tuesday 20 de February de 2007

Black Oscars

La semana pasada la revista Newsweek sacó un buen reportaje sobre los Oscars para llamar la atención que este año se ha batido un record porque cinco actores negros han recibido nominaciones a los premios en diferentes categorías. Como actores principales: Forest Whitaker por The Last King of Scotland y Will Smith por The Pursuit of Happyness. Mejor actor de reparto: Djimon Hounsou por Blood Diamond y Eddie Murphy por Dreamgirls. Mejor actriz de reparto: Jennifer Hudson por Dreamgirls.

Durante décadas, los actores afroamericanos han celebrado, una noche antes del gran espectáculo de los Oscars, su particular gala de premios en un encuentro privado en Beverly Hills. Es lo que se llamaba los Oscars del ‘Hollywood Negro', que ha contado con el respaldo activo de importantes figuras como James Earl Jones, Whitney Houston, Samuel L. Jackson o el propio Will Smith. Además, uno de los organizadores de las últimas galas ha sido el primo de Spike Lee.

Todo esto porque los actores negros se han sentido siempre marginados por la academia del cine norteamericano. Y bien visto, tienen sus motivos. En 78 años de premios, sólo nueve afroamericanos han ganado alguna estatuilla. La primera actriz negra en ganar un Oscar fue Hattie McDaniel por Lo que el viento se llevó (Gone with the wind, 1939), cuando hacía el papel de criada sureña de nobles ricos blancos. Hubo que esperar más de veinte años para que Sidney Poitier recibiera el premio al mejor actor por Los Lirios del Valle (Lillies of the field, 1963), en lo que muchos consideraron una limosna para el público negro. Hasta el 82 no se supo nada más de ellos con Louis Gosset Jr. por Oficial y Caballero (An Officier and a Gentleman, 1982). Para el mejor año, en el 2001, cuando Denzel Washington ganó el mejor actor por Training Day y Halle Harry hizo lo mismo por Monster´s Ball, muchos no se conformaron porque, decían, Hollywood tuvo que reconocer a estos actores cuando no debían, en parte porque sus películas eran menores con respecto a otras que habían hecho antes y en parte porque cumplían con estereotipos de los negros: Washington era un poli corrupto y Harry era una prostituta que se enamora de un racista.

De cualquier manera, la situación que se presenta para el próximo domingo ha sacado declaraciones como la de Sidney Poitier que asegura que había esperado este día desde hace mucho. El día en el que los actores negros protagonizan la gala de antemano.

Así que este año es la primera vez en más de 25 años que no se celebrarán los ‘Oscars negros' porque, según los implicados, la fiesta se traslada al teatro Kodak con la nominación de cinco actores negros. Y es curioso, extraño e injusto para el cine que se haya tenido que esperar tanto con la cantidad de buenos actores negros que han poblado las pantallas. Y algunos con verdadero carácter, como Samuel L. Jackson. Cómo atreverse a no darle un Oscar al señor Mulo. Hay que tenerlos muy grandes. ¿No creéis?

Posted by Fernando Navarro at 04:40:52 | Permanent Link | Comments (2) |

Monday 19 de February de 2007

La Quinta Avenida

Querida, la Quinta Avenida es el lujo, el adorno y la pompa. Querida, la Quinta Avenida brilla y ciega. La Quinta Avenida es la arteria de Manhattan que nunca podrá ser pinchada, no hay pico que la coloque de más, es la vena que esconde su propia droga. Tiene a todo el mundo girando alrededor de ella. A ti también, y a mí, no creas.

Cada día hay miles y miles de personas entrando y saliendo por sus tiendas, con sus dependientes abriendo puertas y ofreciendo las más grandes de las sonrisas. Todo es perfecto en la Quinta Avenida. Nadie se cansa de pasar por la Quinta Avenida. O puede que sí. No lo sé. Yo no paso tanto por la Quinta Avenida como para saber qué cansa y qué no. Lo único que me parece que la Quinta Avenida es demasiado para mí. Y ya sé que sólo hablamos de la Quinta Avenida, en su recorrido entre la calle 42 y 59, pero qué recorrido. Es mucho para mí, para ti, para cualquiera que no pertenezca al resto de la Quinta Avenida.

Querida, te veo cogiendo un taxi, sola y con gafas de sol. ¿Acaso no eres tú? Sí, eres, como soy yo el que escribe estas líneas. Te veo bajando del taxi, dirigiendo tus pasitos a la joyería y te veo desayunando con ese café y ese bollo guardados en una bolsa. Observas el escaparate, mientras masticas cada bocado de ese simple bollo, que es más real que ese collar por el que giras la cabeza, y sorbes ese café destemplado como tragas cada cosa que te sale al paso cada día. Espero que lo entiendas. La vida, para ti y para mí, no es más que eso: un bollo y un café a compartir.

Querida, estás preciosa. Déjame que te lo diga. No te hace falta ir hasta la Quinta Avenida. Vístete así en casa, o cuando salgamos a cenar. Hay otras avenidas además de la Quinta. Incluso hay calles en las que esperan buenos momentos. Secretos que serán tuyos, si los quieres.

Querida, ¿pero no ves que no hay nadie por la Quinta Avenida? Está vacía. Simplemente es un sueño. Un sueño vacío, que sólo brilla y ciega. Deja la Quinta Avenida para otros. La Quinta Avenida es todo lo que no somos. Pero aquí me tienes, observándote, feliz con lo que soy, feliz con lo que eres, feliz sabiendo que algún día tendremos un gato y lo pondremos el nombre que tú quieras, cuando giremos la esquina y, querida, dejemos atrás la Quinta Avenida.

 

P.D. Quisiera dedicar esta semana al cine. El próximo domingo, como todos sabéis, se celebrará la entrega de los Oscars. Es la mejor excusa para recuperar la parte cinéfila de Nueva York, la ciudad más cinematográfica del mundo.

Posted by Fernando Navarro at 03:27:38 | Permanent Link | Comments (2) |

Friday 16 de February de 2007

La multitud

"No conocemos el poder de la multitud ni la oposición que ejerce hasta que dejamos de marchar a su ritmo" - The Crowd (...Y El Mundo Marcha, 1929)

John nació en una humilde casa, como otro bebe cualquiera. John es, posiblemente, el nombre más común de Estados Unidos. Pero, al menos, John nació un 4 de julio, nada más y nada menos. Algo querrá decir eso.

Pasados los años, un joven John llega a Nueva York, donde está seguro que sus cualidades le alzarán por encima del rebaño. Es el Nueva York de los años 20, no muy distinto al de ahora, puede que con más gabardinas y sombreros que abrigos de diseño y peinados modernos pero el mismo hervidero humano, de ritmo frenético y vapor escupido de sus alcantarillas, donde la multitud a diario circula como la sangre.

John no es más que un glóbulo rojo desorientado. John es un aspirante a héroe que se queda por el camino, y mientras esto sucede puede llegar a enamorarse, casarse y tener hijos. Y pasará que de la cumbre del 4 de julio irá cayendo como una bola rueda a trompicones ladera abajo. John pierde su trabajo, gana su desconfianza y la de los demás y se termina distanciando de la multitud, incapaz de transportar oxígeno como cualquier otro glóbulo rojo. 

La vida de John es vista a través de la mirada maestra de King Vidor. Es una mirada muda pero vibrante de significados, de un poder imaginativo admirable. Billy Wilder quedó fascinado de esta mirada, y no pudo por menos que rendir su particular homenaje a Vidor en El Apartamento (The Apartment, 1960). El contrapicado de la oficina de C.C. Buxter es sólo un discípulo de la oficina inmensa de John.

Los avatares de John a través de sus fundidos, perspectivas y escenas naturalistas hacen referencia al otro lado del sueño americano, donde conviven los cabizbajos perdedores y tirados por el camino con las caras que todavía mantienen el gesto, bajo la sombra de promesas rotas e ilusiones inalcanzables.

El sueño americano no se compadece y la multitud no se detiene, porque, como dice un policía a John, "el mundo no puede pararse porque su hija esté enferma." John terminará convirtiéndose en lo que ya era antes y siempre fue: un indistinguible entre la multitud.

Y en Nueva York un verdadero problema, mucho tiempo después de vivir John en ella, ya no reside en ser sólo un indistinguible, sino que muchos de estos indistinguibles se han acostumbrado, nos hemos acostumbrado, a ver en un día tantas limusinas por la calle como personas sin hogar durmiendo y malviviendo en ella.

A día de hoy, la multitud sigue con su ritmo acelerado, avanzando a borbotones en su hemorragia sin fin.

Posted by Fernando Navarro at 06:22:19 | Permanent Link | Comments (3) |
1 2