Monday, February 19, 2007

La Quinta Avenida

Querida, la Quinta Avenida es el lujo, el adorno y la pompa. Querida, la Quinta Avenida brilla y ciega. La Quinta Avenida es la arteria de Manhattan que nunca podrá ser pinchada, no hay pico que la coloque de más, es la vena que esconde su propia droga. Tiene a todo el mundo girando alrededor de ella. A ti también, y a mí, no creas.

Cada día hay miles y miles de personas entrando y saliendo por sus tiendas, con sus dependientes abriendo puertas y ofreciendo las más grandes de las sonrisas. Todo es perfecto en la Quinta Avenida. Nadie se cansa de pasar por la Quinta Avenida. O puede que sí. No lo sé. Yo no paso tanto por la Quinta Avenida como para saber qué cansa y qué no. Lo único que me parece que la Quinta Avenida es demasiado para mí. Y ya sé que sólo hablamos de la Quinta Avenida, en su recorrido entre la calle 42 y 59, pero qué recorrido. Es mucho para mí, para ti, para cualquiera que no pertenezca al resto de la Quinta Avenida.

Querida, te veo cogiendo un taxi, sola y con gafas de sol. ¿Acaso no eres tú? Sí, eres, como soy yo el que escribe estas líneas. Te veo bajando del taxi, dirigiendo tus pasitos a la joyería y te veo desayunando con ese café y ese bollo guardados en una bolsa. Observas el escaparate, mientras masticas cada bocado de ese simple bollo, que es más real que ese collar por el que giras la cabeza, y sorbes ese café destemplado como tragas cada cosa que te sale al paso cada día. Espero que lo entiendas. La vida, para ti y para mí, no es más que eso: un bollo y un café a compartir.

Querida, estás preciosa. Déjame que te lo diga. No te hace falta ir hasta la Quinta Avenida. Vístete así en casa, o cuando salgamos a cenar. Hay otras avenidas además de la Quinta. Incluso hay calles en las que esperan buenos momentos. Secretos que serán tuyos, si los quieres.

Querida, ¿pero no ves que no hay nadie por la Quinta Avenida? Está vacía. Simplemente es un sueño. Un sueño vacío, que sólo brilla y ciega. Deja la Quinta Avenida para otros. La Quinta Avenida es todo lo que no somos. Pero aquí me tienes, observándote, feliz con lo que soy, feliz con lo que eres, feliz sabiendo que algún día tendremos un gato y lo pondremos el nombre que tú quieras, cuando giremos la esquina y, querida, dejemos atrás la Quinta Avenida.

 

P.D. Quisiera dedicar esta semana al cine. El próximo domingo, como todos sabéis, se celebrará la entrega de los Oscars. Es la mejor excusa para recuperar la parte cinéfila de Nueva York, la ciudad más cinematográfica del mundo.

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Friday, February 16, 2007

La multitud

No conocemos el poder de la multitud ni la oposición que ejerce hasta que dejamos de marchar a su ritmo” - The Crowd (…Y El Mundo Marcha, 1929)

John nació en una humilde casa, como otro bebe cualquiera. John es, posiblemente, el nombre más común de Estados Unidos. Pero, al menos, John nació un 4 de julio, nada más y nada menos. Algo querrá decir eso.

Pasados los años, un joven John llega a Nueva York, donde está seguro que sus cualidades le alzarán por encima del rebaño. Es el Nueva York de los años 20, no muy distinto al de ahora, puede que con más gabardinas y sombreros que abrigos de diseño y peinados modernos pero el mismo hervidero humano, de ritmo frenético y vapor escupido de sus alcantarillas, donde la multitud a diario circula como la sangre.

John no es más que un glóbulo rojo desorientado. John es un aspirante a héroe que se queda por el camino, y mientras esto sucede puede llegar a enamorarse, casarse y tener hijos. Y pasará que de la cumbre del 4 de julio irá cayendo como una bola rueda a trompicones ladera abajo. John pierde su trabajo, gana su desconfianza y la de los demás y se termina distanciando de la multitud, incapaz de transportar oxígeno como cualquier otro glóbulo rojo. 

La vida de John es vista a través de la mirada maestra de King Vidor. Es una mirada muda pero vibrante de significados, de un poder imaginativo admirable. Billy Wilder quedó fascinado de esta mirada, y no pudo por menos que rendir su particular homenaje a Vidor en El Apartamento (The Apartment, 1960). El contrapicado de la oficina de C.C. Buxter es sólo un discípulo de la oficina inmensa de John.

Los avatares de John a través de sus fundidos, perspectivas y escenas naturalistas hacen referencia al otro lado del sueño americano, donde conviven los cabizbajos perdedores y tirados por el camino con las caras que todavía mantienen el gesto, bajo la sombra de promesas rotas e ilusiones inalcanzables.

El sueño americano no se compadece y la multitud no se detiene, porque, como dice un policía a John, “el mundo no puede pararse porque su hija esté enferma.” John terminará convirtiéndose en lo que ya era antes y siempre fue: un indistinguible entre la multitud.

Y en Nueva York un verdadero problema, mucho tiempo después de vivir John en ella, ya no reside en ser sólo un indistinguible, sino que muchos de estos indistinguibles se han acostumbrado, nos hemos acostumbrado, a ver en un día tantas limusinas por la calle como personas sin hogar durmiendo y malviviendo en ella.

A día de hoy, la multitud sigue con su ritmo acelerado, avanzando a borbotones en su hemorragia sin fin.

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Thursday, February 15, 2007

Nieve

A veces, no se encuentran las palabras que se buscan para dar salida a determinados sentimientos. Puede que suceda esto más de la cuenta, pero especialmente cuando esos sentimientos nunca han llamado a la puerta o, si lo han hecho, esta vez suenan diferentes.

Nunca antes había visto nevar en Nueva York. Para mí, la nieve siempre es motivo de una noticia especial. Esta vez la nieve ha traído ese sentimiento novedoso acompañado de una intensa plenitud. Creo que pocas veces me he sentido tan fuera de lo cotidiano como ayer por la noche, cuando al pasar por Washington Square los copos de nieve volaban sobre aceras blancas y luces difuminadas mientras el arco presidía mis pasos. Tuve que quedarme ahí, parado, solo, para intentar asimilarme a mí mismo y al viento en blanco y negro que me rodeaba.

La nieve ya ha cubierto Nueva York. Así que hoy sólo tenía un objetivo vital: ir a Central Park. Me esperaba que fuera un momento imborrable. Y, sinceramente, esa naturaleza muerta me ha dejado sin palabras. Llevo dos días que no abro la boca. Tan sólo me refugio en mi silencio y me pierdo, lleno de no sé qué.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Más fotos de Central Park nevado en el álbum de la derecha. Espero que lo disfrutéis.

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Wednesday, February 14, 2007

American Dream

Fue el psicólogo y antropólogo francés Clotaire Rapaille quién posiblemente hizo la definición más certera de Estados Unidos cuando aseguró: “América no es un lugar. Es un sueño.” El American Dream (sueño americano), que tanta tinta ha consumido desde hace décadas, es lo más parecido a una carrera hacia el éxito en la que todos están obligados a participar y sólo unos consiguen terminar, mientras los demás se quedan por el camino.

Peyton Manning, el ‘quarterback’ de los Potros de Indianápolis, acaba de cruzar la línea de los ganadores, es el último gran ídolo americano. Elegido mejor jugador de la reciente Super Bowl liderando al equipo vencedor, este mariscal de campo de 30 años lleva desde niño la pasión por el fútbol americano pegada a la solapa. Sin embargo, una hoja de servicios intachable nunca había sido suficiente. Era cuestionado por su falta de títulos y éxito.  

Hasta la pasada Super Bowl, Peyton se antojaba como un gran jugador de temporada regular que tenía el dudoso honor de no cumplir en los partidos decisivos. Nueve años haciendo méritos como el mejor ‘quaterback’ de su generación y el mismo tiempo cargando sobre sus espaldas con las grandes dudas de una afición deseosa de héroes. Si los Potros de Indianápolis contaban con buena parte del apoyo popular en la pasada final era porque se esperaba que Peyton ganase y entrase a formar parte de la historia.

La historia y una calidad capaz de conseguir 25 pases completados para 247 yardas en el partido más importante de su carrera han querido que Peyton Manning pueda pronunciarse, desde ahora, junto a nombres como Shaquille O’Neal o Tiger Woods. Si Peyton llega a fallar, al menos para él, la publicidad, siempre más generosa que la afición, ya se había volcado con su imagen a través de contratos millonarios. Pero el American Dream exige alcanzar la meta.

*Artículo publicado por el diario La Voz del Deporte cada martes de la semana.

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Monday, February 12, 2007

The Grey Dog’s Coffee

Dos barriles de madera que hacen de grandes macetas con un diminuto árbol cada uno y un banco también de madera decoran la entrada del número 33 de Carmine Street, más conocido como The Grey Dog’s Coffee, una pequeña cafetería que recoge en apenas sesenta metros cuadrados toda la actividad vital de Greenwich Village.

The Grey Dog’s Coffee es uno de los últimos establecimientos en llegar al barrio con más solera de Manhattan. En Greenwich Village, se amontonan algunas de las cafeterías, restaurantes y bares más históricos de la ciudad. Sin embargo, The Grey Dog’s Coffee se creó en 1996. Una fecha que no ha sido un impedimento para que el local se convierta en un clásico.

Al parecer, el establecimiento debe su nombre a dos perros labradores llamados Moose y Goose, uno blanco y otro negro. Los dueños de los perros, futuros dueños también de la cafetería, pensaron que lo mejor sería juntar el blanco de Moose y el negro de Goose para dar nombre al pequeño comercio. De ahí surgió The Grey Dog’s Coffee.

Desde la calle, a modo de taberna, se puede ver un letrero de madera roída con el nombre del local colgando sobre la entrada. Tras cruzar una doble puerta, se accede a una sala, no más grande que el salón de muchas de las casas que se dejan ver desde la calle de Greenwich Village, que recibe a los transeúntes bajo su decoración de luces de colores, radiadores iluminados y macetas colgando de techos y paredes de oscuro ladrillo chocolate. Unos pequeños cuadros de trazos impresionistas, que muestran varios perros grises, y unas fotografías de los distintos equipos infantiles de béisbol que patrocina la cafetería completan el paisaje del local. A primera vista, la impresión que despierta en el recién llegado es la de sentirse como en mitad de una de esas habitaciones del Manhattan más cool, que está a medio camino entre lo espléndido y lo aparatoso.

En esta línea, es recomendable acudir a The Grey Dog’s Coffee un sábado o domingo a nuestra hora del aperitivo y a la del almuerzo. No porque sea más tranquilo, sino porque esconde una agitada e inconmensurable actividad, la misma que desprende cada una de las calles del barrio. No se viene a The Grey Dog’s Coffee con la idea de buscar comodidad, más bien se espera formar parte del joven ajetreo, regatear a cada uno de los minutos un poco más de ambiente.

La gente en cola espera para que el camarero les asigne una de las pequeñas y apiñadas mesas del local, mientras se pide en la barra del fondo y se deja el nombre. El camarero sólo está para llevar los platos a la mesa. Una vez en el sitio se puede uno distraer durante un rato con los mapas de colores de los Estados Unidos que se recogen en los tableros redondos de las mesas. También con el peculiar mapa que muestra la cafetería, donde grupos de universitarios de la New York University conviven con parejas de recién enamorados y solitarios de gafas de pasta negra y estómagos sin fondo que parecen haber pasado antes por alguna de las viejas librerías de la zona.

En un soleado mediodía de sábado, el murmureo de ese ambiente desordenado es casi tan apetitoso como cualquiera de los menús que ofrece The Grey Dog’s Coffee. Todo merece la pena, desde las ensaladas hasta los postres, pero son los menús de Michigan Sandwiches los que forman parte de la especialidad de la casa. Cada uno con su correspondiente número rondando los 7,50$ y 8,50$, es difícil decantarse por un menú u otro, pero el número 8, compuesto por una mezcla de ensalada de atún y cebolla, o el número 5, liderado por un pollo a la barbacoa, son garantía de buen provecho.

El mismo propósito de utilidad, que da comer cualquiera de estos sándwiches, invade al abandonar The Grey Dog’s Coffee. Pues, a veces, no hay nada mejor que verse dentro del bullicio para recordar que, al fin y al cabo, hay que alegrarse de estar vivos.

 

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Saturday, February 10, 2007

Kiko Veneno en Nueva York

El pasado sábado fui al concierto de Kiko Veneno, que era el invitado especial de Jonathan Ritchman. Ambos tocaron en una serie de dos conciertos en uno durante cuatro noches en el Knitting Factory de Nueva York. A mí Kiko Veneno me gusta desde hace años. Si queréis saber cómo fue la gira de Veneno por la Gran Manzana podéis consultarlo en la revista musical Efe Eme. Tuve la oportunidad de entrevistarle después de los dos conciertos, el suyo y el de Ritchman. Por cuestiones de espacio, no pude escribir sobre Ritchman, pero sólo comentar que en esta ciudad se le adora y harían bien los programadores de televisión en concederle un show nocturno. Sería un éxito. Ritchman no sólo es un músico muy bueno, sino que además hace reír hasta un muerto. Disfrutad del fin de semana.

 

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Friday, February 9, 2007

Capítulo primero

Capítulo primero. Él se había prometido que algún día dedicaría a Nueva York su serenata más personal. Él sabía que había llegado a la ciudad de sus sueños por más razón de la que le tenía ocupado en estos momentos. Buscaba fundir la ciudad en él, o a lo mejor buscaba fundirse él en la ciudad. Sentía que el sitio más inexplicable del mundo guardaba el mismo extraño compás que sus vibraciones. Creía en la palabra, en la tinta y en la soledad. El tren de la noche está para cogerlo, una voz susurraba desde la lejanía. Nueva York. Pero siempre… pero siempre…. pero siempre aparecía el capítulo primero.


Manhattan (Woody Allen - 1979)

Capítulo primero. Él adoraba Nueva York. La idolatraba de un modo desproporcionado. No, no, mejor así: Él la sentimentalizaba desmesuradamente. Eso es. Para él, sin importar la época del año aquella seguía siendo una ciudad en blanco y negro que latía a los acordes de las melodías de George Gershwin. Ahh, no, volvamos a empezar…

Capítulo primero. Él sentía demasiado románticamente Manhattan. Vibraba con la agitación de las multitudes y del tráfico. Para él, Nueva York era bellas mujeres y hombres que estaban de vuelta de todo. No, tópico, demasiado tópico y superficial, hazlo más profundo. A ver.

Capítulo primero. Él adoraba Nueva York. Para él, era una metáfora de la decadencia de la cultura contemporánea, la misma falta de integridad que empuja a buscar las salidas fáciles convertía a la ciudad de sus sueños en… umm… no, no, suena a sermón, en fin, tengo que reconocerlo; quiero vender libros.

Capítulo primero. Adoraba Nueva York, aunque para él era una metáfora de la decadencia de la cultura contemporánea. Qué difícil era sobrevivir en una sociedad insensibilizada por la droga, la música estrepitosa, la televisión, la delincuencia, la basura. Umm. No, demasiado amargo, no quiero serlo.

Capítulo primero. Él era tan duro y romántico como la ciudad a la que amaba. Tras sus gafas de montura negra, se agazapaba el vibrante poder sexual de un jaguar. Ja, esto me encanta. Nueva York era su ciudad, y siempre lo sería.

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Thursday, February 8, 2007

TV (Parte III)

Que me perdone Latinoamérica desde el Caribe hasta la Patagonia, pero nunca conseguiré explicarme cómo un continente que ha dado, entre otros, a García Márquez, Neruda, Vargas Llosa, Fuentes, Buñuel, Cortázar o Alejo Carpentier puede tener una televisión tan chapucera. Llevo días pensando cómo definir a la televisión latinoamericana de Estados Unidos y siempre me viene el mismo adjetivo. Así que lo escribo, aún a riesgo de que me nieguen la entrada en algunos de los fascinantes países que forman América del Sur y a sabiendas de que las definiciones son tan odiosas como las comparaciones.

Existen tres canales hispanos en la televisión pública; Univision, Telefutura y Telemundo. Por cable, luego existe la posibilidad de hacerse con paquetes digitales con la mayoría de los canales más importantes del continente. No es para menos. Se estima que la población hispanohablante en Nueva York ronda el 30 por ciento, según las cifras oficiales que se dejan siempre por el camino a un gran número de indocumentados.

Precisamente, la televisión digital en España tiene un canal el cual, si la memoria no me falla, se llama Telenovela, con 24 horas del género. En Estados Unidos, casi se puede afirmar que Telenovela existe en cualquiera de los tres canales hispanos a disposición. La programación está protagonizada por estos seriales de apuestos hombres y radiantes mujeres que apenas actúan mejor que una piedra con esas lágrimas postizas de cocodrilo y esas miradas miopes de corta distancia. Desde primera hora de la mañana hasta la noche, pasan innumerables telenovelas, una detrás de otra. Incluso hay reposiciones de éxitos del pasado. Al menos, a los guionistas imaginación no les falta. Un protagonista terminara sabiendo que el padre, al que nunca conoció, es su hermano pequeño y que su futura esposa pasará, antes del futuro divorcio, por un vaivén de romances, accidentes y violaciones para terminar reconociendo que está enamorada del hermano pequeño de su antiguo esposo, es decir, del padre del protagonista.

El verdadero problema viene cuando la cadena se sale del guión del serial suramericano. Presentar a bombo y platillo “La semana de los machos”, en donde se programan las mejores películas de Steven Seagal y Patrick Swayze, decepciona tanto como troncha de la risa. Y, para alguna película buena que emiten, has de afrontar el doblaje latino con los oídos más humildes. Cuesta acostumbrarse a escuchar las características voces de Harrison Ford, Sean Penn o Robert de Niro en boca del ostentoso español americano.

Cuando lo que sólo se busca es información, los canales latinos ofrecen sus dosis diarias de noticias que se mueven entre el profundo sentimiento de comunidad hispana y los consejos para telespectadores. Esto quiere decir que se pueden picar noticias, llamémoslas de interés mundial o general, entre las que afectan exclusivamente a la población latina (leyes contra o a favor de la inmigración, sucesos con latinos por medio, noticias de los países suramericanos…) y las recomendaciones que se dedican a dar en mitad del informativo para prevenir tanto el alto consumo de calefacción en invierno o el aumento de peso en las navidades. Quitando las abundantes historias sensacionalistas, el fuerte sentimiento de comunidad, con documentados e indocumentados, es comprensible y gratificante cuando en la mayoría de las veces sólo se tienen ellos mismos para con las autoridades estadounidenses, pero el ofrecer en unas noticias (noticiero, como lo llaman ellos) consejos para que el amor en pareja no caiga en la rutina roza el disparate informativo. Claro que si se quieren escuchar los primeros consejos de cómo ahorrar dinero con la calefacción, se encuentran tales como apagar la calefacción, mirar que esté a temperatura baja o utilizar mantas para dormir que nos ayudan a no depender de la calefacción.

En estos días tan próximos a San Valentín, además se puede ver como el noticiero muestra fotos a pantalla completa de distintas parejas de enamorados. Los atravesados por la flecha de Cupido mandan su instantánea y los presentadores del informativo la dan paso al final del todo con alguna dedicatoria especial. Por cierto, es imposible que te pique la curiosidad cuando el presentador de todas las noches falta a su puesto dentro del televisor. El encargado de sustituirle te indica, sólo más abrir el noticiero, qué es lo que le ha sucedido al conocido rostro de la pantalla. “Fulanito está de vacaciones y se ha ido unos días de viaje y hoy estaré yo, Menganito, con ustedes” o “Alfonsina se encuentra indispuesta y esperamos desde este noticiero que se recupere pronto porque la queremos tener entre nosotros cuanto antes” son algunos de los motivos que se dejan oír.

Así que puesto a ver Univision, Telemundo o Telefutura me siento como Alfonsina y necesito hacer como Fulanito: irme unos días de viaje a lejanos mundos y apagar el televisor.

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Wednesday, February 7, 2007

Perfecta Americanada

Llegará el día en el que los estadounidenses conseguirán controlar hasta la lluvia para que todo les salga tal y como quieren ellos. A la espera de que eso pueda suceder, la lluvia, que apareció por primera vez en una Super Bowl, no empañó un espectáculo preparado al milímetro como es la celebración de esta final de finales. Tampoco se interpuso en el camino de los Potros de Indianápolis, favoritos desde el principio ante los Osos de Chicago.

Es tarea casi imposible ver Nueva York tan poco activa como la pasada tarde de domingo. Buena parte de los neoyorkinos se encontraban preparando la fiesta en casa, otra buena en los bares deportivos. Allí, entre decenas de pantallas gigantes y litros de cerveza, se reunieron miles de aficionados al fútbol americano.

Los bares deportivos son templos de culto al deporte. Poco se asemejan estéticamente con los bares de debajo de casa de los barrios madrileños donde se va a ver el fútbol, aunque unos y otros guardan la misma función: atraen el retiro voluntario de los ‘locos’ por el deporte. El bar deportivo está decorado con auténtica mitomanía, donde cuelgan fotos de jugadores de todos los deportes, guantes de boxeadores, autógrafos y banderas. Son espaciosos a pesar de sus numerosas barras, mesas y sillas.

Durante las cuatro horas de retransmisión, se pudo ver desde el estadio de Miami un preámbulo de acrobacias, desfiles, globos y fuegos. Un intermedio con Prince actuando sobre un fulgurante escenario. Y a Billy Joel interpretando al piano el himno nacional, que fue coreado por todos los presentes del bar y del estadio, con lágrimas por medio. Lágrimas como las que sacó en primer plano la realización televisiva del ojo emocionado de un jugador de los Osos de Chicago, mientras fundían con imágenes vía satélite de soldados firmes en Bagdad.

Tan americano todo que te quedas con menos perfección y el bar del barrio.

*Artículo publicado por el diario La Voz del Deporte cada martes de la semana.

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Tuesday, February 6, 2007

You talkin´ to me?

Desde que estoy aquí, cada día me encuentro una sorpresa. Es un tópico, lo sé, pero Nueva York no deja de sorprender nunca. Es un conglomerado de sucesos diarios al que la vista no se acostumbra. Bueno, tal vez sí, cuando asocio todo a esta urbe que tiene por costumbre revolver lo más pintado y echar abajo las ideas preconcebidas, cuando me digo para mí mismo que al fin y al cabo esto es Nueva York y que lo inimaginable es normal.

Pero a pesar de todo, igualmente, llama la atención. Es imposible numerar todas las excentricidades que he visto en mis días neoyorkinos. Habría necesitado un bolígrafo con mucha tinta y un cuaderno de tantas hojas que no podría transportar. A lo mejor, hubiese sido preferible hacer de este blog un cuaderno de apuntes de estas cosas sorprendentes, que no tienen nombre ni parangón, e ir añadiendo diariamente cada una que sale al camino. Aún consciente de que me dejo varias, y que dentro de dos meses tendré que escribir otro mensaje como éste, paso a comentar a vuela pluma algunas de las que más me sorprendieron.

Por ejemplo, resulta que en el tren que tengo que coger todos los días para ir al centro de Manhattan he visto a una mujer que transporta una silla. Es una actitud muy funcional. Lo hace porque así tiene donde sentarse siempre durante los 25 minutos que dura el viaje hasta el Midtown. Cuando ella sube al tren nunca quedan asientos libres. La primera vez que la mujer estaba con la silla y la desplegó en medio del vagón pensé que aquella mañana tendría que dejar la silla en algún sitio. Todo esto se vino abajo cuando a la semana siguiente la misma mujer con la misma silla volvía a subirse en la misma parada y desplegaba la silla, se sentaba y se ponía a leer. Desconozco si luego, al llegar al trabajo, ata la silla a un árbol como una bicicleta o la saca el mismo provecho que en el vagón del tren.

Times Square se lleva la palma. Por allí, pasean grupos de Hare Krishna que buscan el estado puro de la mente y el placer infinito, y alguna moneda, en la multitud incierta de del lugar más transitado de Manhattan. También de fiesta me he topado con judíos ataviados con sus túnicas y tambores bailando en un cerco policial ante los flashes de turistas. También he visto a un tío de dos metros que completamente trajeado, sin quererlo ni beberlo, se ha tirado al suelo en mitad de la calle 42 y se ha puesto a hacer flexiones con los nudillos. Como poseído, no paró hasta que el traje estuvo empapado en sudor. No buscaba monedas ni aplausos. Tan sólo se apartó un poquito, se puso en un lado de la acera y pareció intentar superar su propio récord de flexiones en mitad de la calle.

Aunque más difícil me parecía lo que vi el otro día por la Sexta Avenida. Un hombre transportando una considerable caja en la cabeza mientras llevaba las manos en el bolsillo y silbaba. Por cierto, que lo normal es ver gente cantando por la calle, a grito en voz, sumergida en sus interpretaciones musicales sin importarles cuánto llaman la atención. Como corrientes son las ejecutivas que visten de traje con deportivas blancas y los zapatos en una bolsa para ponérselos a la entrada de la oficina. Esto último, realmente, es cuestión de comodidad, pero no lo es que un hombre que tranquilamente pasea por la calle al ver que un coche pita más de la cuenta en la carretera salga corriendo y le pegue patadas a la ventanilla, con la consiguiente pelea, en un acto de purificación.

Entiendo, por lo tanto, que un joven Martin Scorsese se interesara en profundizar en personajes como el inigualable Travis, que da vida otro joven Robert De Niro en Taxi Driver (1976). Hablarle al espejo puede ser el primer paso a la locura, o tan sólo lo más normal del mundo, quiero decir, de Nueva York.

PD. He colgado más fotos en el albúm. Ya sabéis, está en la barra de la derecha. Sólo tenéis que pinchar dos veces. Son fotillos de andar por casa, pero espero que sirvan para mostrar un poco más NY.

Posted by Fernando Navarro at 02:40:24 | Permalink | Comments (5)