Friday 30 de March de 2007

Sounds of New York City

Giovanni Paolo Panini fue un pintor italiano que según cuentan los textos de los especialistas estaba obsesionado con Roma. Dedicó gran parte de su vida y obra a representar a través de sus cuadros la antigua Roma. Igual ponía su atención en plasmar con el pincel la gloriosa época pasada de la ciudad de ciudades, que conocía mediante documentos y estudios, como en las ruinas que se encontraba por la Roma que le tocó vivir en siglo XVIII, toda vez que abandonó su Piacenza natal. Por lo que sus obras que más se conocen son las ruinas de la ciudad de sus amores y las fidedignas representaciones de un pasado que nunca llegó a vivir. Tanto que su cuadro Interior del Panteón es la ilustración más utilizada por los profesores de Historia para que sus alumnos se hagan una idea de cómo era el monumental edificio por dentro.

Existen dos cuadros de Panini en el Metropolitan Musuem de Nueva York, que se encuentran, como una historia de dos partes, uno al lado del otro. Se llaman Roma Antigua y Roma Moderna. El mundo entero de Roma se guarda en esos dos lienzos. El pasado y el presente. Lo que fue y lo que es. A primera vista, ambas obras parecen iguales, pero no tienen nada que ver. Bueno, sí, ambos cuadros tiene un nexo en común: la oda a Roma.

Roma Antigua

Roma Moderna

Cuando estás frente a ellos, puedes sentarte en un banco y tener uno a tu derecha y otro a tu izquierda. La primera vez que los vi sólo pensé una cosa: de alguna manera, yo también querría hacer algo parecido con Nueva York. Comprimir toda esta inabarcable ciudad para dejarla al alcance de todos. Es tarea imposible. Pero me siento un poco como Panini; obsesionado y con las manos pidiéndome que escriba de esto y de lo otro. Cada vez lo tengo más difícil para con Serenatas, pero el siguiente paso de esta obsesión, y a la que os animo a formar parte como en Serenatas si todavía no estáis lo suficientemente cargados de mí, es otro blog. Esta vez con el soporte de la revista musical Efe Eme. Sounds of New York sólo tratará música. Se actualizará más o menos semanalmente. Puede que Serenatas pierda algo de fuelle por este nuevo blog y por otras cuestiones que me comen el tiempo, pero sólo espero que algún día os acordéis de Serenatas y Sounds of Nueva York como si de los cuadros de Panini se trataran, repletos de postales formando un humilde y apasionado collage de una ciudad que lo merece.

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Wednesday 28 de March de 2007

La fuerza y el carisma

Hubiera escrito antes del atracón de rock americano que me he metido este fin de semana, pero el tiempo es lo que más me falta estos días. Sinceramente, llevo unas semanas cada vez más cargadas de cosas, y las próximas no se presentan mejores. Creo que Serenatas se verá afectado por ello. Espero y deseo que lo menos posible porque al mismo tiempo hay muchísimo que merece ser contado.

Pero al grano. El pasado sábado estuve en la sala B. B. King para un concierto con cartel doble: Bettye Lavette y los North Mississippi All Stars. Dos auténticos pesos pesados. Los North Mississippi tocaron en formato acústico no más de una hora para ofrecer un recital que, desde sus raíces de hillbilly, paseó las mejores maneras de la música en vivo con una emoción que se podía cortar con un cuchillo. Es difícil hacerlo en un local donde los camareros no paran llevando los platos de hamburguesas y las patatas fritas de los que ocupan las mesas, pero los hermanos Dickinson manejan los secretos del directo con un rock de raíces irresistible.

Bettye Lavette es de la misma harina pero en otro costal. Esta cantante nacida en Michigan es otra fiera del directo pero en clave soul. La fuerza que desprenden sus discos se traslada al escenario multiplicándose. Sin cortapisas, su soul nace en las entrañas y empantana a los presentes. Con todo su legendario nombre, el B. B. King, a veces, recuerda a un circo con los platos volando de un lado para otro y Lavette supo interpretar el papel, pero cuando se dejó llevar por su instinto subió la temperatura a lo bestia, gracias a su poderosa voz que te arranca una parte del alma a las mínimas de cambio. De hecho, una mujer que abultaba más que la batería que había en el escenario terminó bailando ella sola en medio de la sala y sin camiseta. Al ritmo del soul subido de cilindrada de Lavette, la señora puso a danzar como flanes sus grandes lorzas. Lavette cerró su actuación con una canción sentada y sola al micrófono demostrando ser de una naturaleza innata.

Sin embargo, estos dos conciertos, que merecen protagonizar una semana, no pueden por menos que quedar en segundo plano cuando un día antes Lucinda Williams tocó en el Radio City Music Hall. Para el amante del rock estadounidense, o para el que le guste la buena música, o simplemente para quien le interese ver cómo una persona carismática no tiene que ser aquélla que hace más por llamar la atención y ser más estrafalaria, os recomiendo ver el siguiente vídeo. Si os interesa realmente saber cómo fue el concierto de Lucinda Williams, os instó a leer la crónica que he escrito para la revista Efe Eme. Allí, intentando ser objetivo, terminó diciendo que Ms. Williams es una grande entre grandes en el rock.

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Monday 26 de March de 2007

Hombre pájaro

Subestimé a Nueva York. Las posdatas de Travis siempre podrán superarse.

Hora: 1,15 p.m. Avenida de las Américas, en el cruce de la Sexta Avenida con Broadway a la altura de la calle 34. El sol cae picado. Manhattan anda con un punto de excitación distinta. Es hora del almuerzo. El tiempo acompaña y son muchos los que van camino de algún parque donde disfrutar de su comida recién comprada. Se oye el cantar de un pájaro. Parece un gorrion. Puede que sea un ruiseñor. El parque más cercano queda a mi espalda, un pequeño descansadero entre la Sexta y Broadway. Pero no viene de allí. Llega de la acera. Un hombre negro vestido de verde camuflaje soporta un enorme sombrero con plumas. También lleva una mochila estilo macuto. El canto viene de su garganta. Ese hombre canta como un pájaro. El problema es que es un pájaro en celo, sin jaula y alterado. Está graznando a toda voz, moviendose inquieto entre la muchedumbre. Los neoyorkinos no se sorprenden por nada, pero esta vez llamó la atención del menos pintado. Ese hombre llevaba un bicho dentro.

Pensé en los hombres de negro, en llamar a los cazafantasmas, porque ese hombre era un ave con los ojos de un loco y el cuerpo de un tío negro de metro y ochenta centímetros. Ese hombre no estaba de caza, tenía miedo de ser cazado y por eso graznaba. Estoy convencido que al girar la manzana, en la siempre oscura y triste calle 33, ese hombre salió volando, o escupió el ganso vivo que se había tragado.

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Friday 23 de March de 2007

El valor del cero se incrementa

De siempre, el valor de un cero a la izquierda ha sido igual a nada. Por el contrario, el de un cero a la derecha es sinónimo de mucho. Lo que aún no se sabe es lo que significa un cero a la espalda. O sí. En el baloncesto universitario estadounidense llevar un cero en la parte de atrás de la camiseta tiene su valor desde esta temporada.

El otro día el New York Times dedicaba un buen reportaje a este hecho. Cuando Michael Jordan era la sensación de la NBA, todos los jóvenes jugadores querían llevar el número ‘23' a la espalda. Ahora, el fenómeno es llevar el número ‘0'. Tal vez, recuerden que se habló en esta sección de Gilberto Arenas, de los Washington Wizards y conocido como ‘Agente Zero' por el número ‘0' que luce orgulloso. Arenas es uno de los grandes jugadores del momento y dice que llevar el cero es "una declaración poderosa." Tanto como para que el mismo número sea el más cotizado del baloncesto universitario.

Antes el número cero solía ser el asignado a las camisetas de las mascotas de los equipos. Incluso algunas universidades no disponían de este dorsal. Para muchos jugadores siempre ha guardado una connotación negativa o era el idóneo para el más suplente calienta banquillos. Sin embargo, ahora las estrellas colegiales se disputan vestir este número, que a veces aparece por partida doble como ‘00'. Además se adueñan del mensaje de Arenas: "¿Piensas que soy un cero? Pues mírame anotar 30 puntos."

Dicen los que creen en la numerología práctica, que pretende adivinar el futuro a través de los números, que el cero es un número que actualmente presagia muy buena fortuna. Puede. Pero para la mayoría de estos aspirantes a estrellas creer en el cero merecerá la pena sólo si se multiplica en el futuro, a la derecha de la cuenta corriente como toda la vida en este mundo de Dios.

*Artículo publicado por el diario La Voz del Deporte en la colaboración semanal de cada martes.

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Thursday 22 de March de 2007

New York vs. London

Hubo un tiempo en que mi vida ya estaba planificada para vivir en Londres. Después de decidir que dejaba todo y me iba al extranjero una larga temporada, la opción que se coló hasta quedarse casi definitiva fue la vivir en Londres. Allí habíamos viajado unos días del invierno pasado para ver a un gran amigo y aprovechar e ir cerrando cosas. Teníamos casa pillada, teníamos academias vistas, teníamos menos kilómetros con España, teníamos conocidos viviendo en la ciudad y yo tenía una opción de trabajo más que tentadora de colaborar con un importante medio de comunicación. Todo y casi todos decían que Londres, menos mi corazón.


En la última portada de la revista New York, aparece una morena de pelo corto que se ha enchufado unos guantes de boxeo y una camiseta con la bandera británica. Es la imagen central de un asalto, que es el reportaje especial de la revista, titulado: New York vs. London.

New York dedica este amplio y entretenido reportaje para medir que ciudad es mejor. Partamos de dos premisas: las comparaciones siempre son odiosas y la revista, como su propio nombre indica, podrá pecar de amor propio. Aún así merece la pena valorar algunas cosas.

La publicación no se deja ningún aspecto urbano. El nivel de vida, los servicios, los bienes inmuebles, el arte, el sexo, los negocios, la moda, la comida, la seguridad o el ocio en variantes como el cine, la música o el teatro. Cada apartado con sus expertos, periodistas, editores y personajes de cada tema de ambos lados del charco.

Londres es una ciudad que está en alza. Como dice la revista, la ciudad se Manhattaniza. Se ha aprobado un gigantesco proyecto urbano de construcción de rascacielos. Para el año 2020, Londres tendrá su propio skyline. Además, como aseguran los reporteros, junto a este incremento ya se ha dado otro humano: por las calles de Londres se puede escuchar polaco, turco, portugués, vietnamita, bengalí o español. Al menos el 30% de la población de Londres ha nacido fuera de ella. La ciudad pronto tendrá el mismo ratio de inmigrantes nacidos fuera como Nueva York los tuvo en la primera década del siglo XX. Añádase a todo esto que, mientras Nueva York tiene su 11 de septiembre, Londres tiene su 7 de julio.

Aseguran guionistas y actores de teatro que hoy en Londres los productores tienen hambre de nuevas obras. Por así decirlo, Broadway es un mundo cada vez más cerrado y elitista. Londres tiene un cine pujante y además a los neoyorkinos les han robado uno de sus más preciados tesoros: Woody Allen, cuyas últimas películas se localizan en la ciudad inglesa. Londres, asimismo, organizará los Juegos Olímpicos de 2012, a los que aspiraba Nueva York, aunque esto último para la revista parece más un alivio que una pena.

Pero los reporteros de New York añaden que los londinenses están obsesionados con Nueva York. Hay artículos y fotos de Nueva York casi todos los días en los periódicos, y uno se encuentra, sin dificultad, con tiendas como NY Shoe o Manhattan Donut. Y los Beckham llamaron a su primer hijo Brooklyn. De hecho, uno de los periodistas cuenta como una importante editora londinense se le acercó en una fiesta y, al preguntarle al neoyorkino de dónde venía, le soltó: "¡Dios mío! ¿Y qué haces aquí pudiendo estar en Nueva York?"

Puede que entienda la pregunta de esta editora. Puede que guste más o menos pero el modelo con todo lo bueno y lo malo lo ha exportado Nueva York al resto del mundo, incluso a Asia donde la revista asegura que la capital del siglo XXI estará en Beijing. Y me identifico con cada palabra que en el reportaje se recoge de Sukhdev Sandhu, el principal crítico de cine del diario londinense Daily Telegraph, cuando se encontraba pasando una temporada en Nueva York: "Era a mitad de un invierno durísimo. Mi cartera estaba tiritando. Me sentía cansado y solitario, y mi corazón muy pesado. Pero luego pensaba para mi mismo: Estoy cansado y solo, mi corazón pesado, ¡pero estoy paseando por Broadyway!"


Y a mí me paso que una noche soñé que andaba de nuevo por Nueva York, me desperté a oscuras con un sonido extraño que venía de la ensoñación, y cambié todo Londres por Nueva York en cuestión de un mes. Nunca sabré que hubiese pasado de ir a Londres, pero sí sé lo que no hubiese pasado.

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Wednesday 21 de March de 2007

Pete's Tavern

Si la fiesta de St. Patrick se celebra por todo lo alto todos los años, un local lo ha hecho más veces que ningún otro en Nueva York. Su nombre Pete's Tavern, enclavado desde hace más de cien años en el 129 East de 18th Street, en el siempre poco conocido distrito de Gramercy.

Cuenta la historia que Pete's Tavern antes fue una licorería, que abrió sus puertas por primera vez en un caluroso verano de 1851, hasta que los mismos dueños decidieron abrir una taberna al uso irlandés en 1864. Por entonces, abrir una taberna irlandesa no era una cuestión de moda, sino toda una cuestión vital. Los censos nunca pudieron medir con exactitud la ola de inmigrantes irlandeses que llegaron desde principios del siglo XIX a la ciudad. A mediados de siglo, decenas de miles de irlandeses, que huían de la famosa crisis de la patata, poblaban las calles de Nueva York.

Desde ese día de 1864, Pete's Tavern se ha mantenido siempre abierto, consiguiendo el privilegiado honor de ser el bar-restaurante más antiguo de Nueva York. Un honor del que hace gala sin pudor pero el cual se disputa con dos o tres locales más de Manhattan. Dependiendo de la guía o del neoyorkino al que preguntes, te dirán uno u otro, pero todos reconocerán que Pete's Tavern merece la visita.

La entrada de Pete's Tavern es una fotografía de postal, donde para encajar en cualquier buena tienda de souvenirs se cruzan una bandera irlandesa y otra estadounidense. Por dentro, sin embargo, Pete's Tavern es una auténtica taberna irlandesa, que conserva su decoración tradicional con una barra de madera pulida y largos taburetes que descansan sobre un suelo de baldosas. De un techo de madera oscura y motivos florales cuelgan farolillos, como sacados de una residencia londinense.

La taberna tiene dos zonas bien diferenciadas: la barra, frente a la cual se disponen unas pocas mesas con ventanas que dan a la calle, y un salón, que hace de comedor. Este saloon era el preferido de O. Henry, pseudónimo que se puso el periodista y escritor William Sydney Porter tras pasar por la cárcel y llegar a Nueva York. Se dice que O. Henry escribió uno de sus más famosos relatos, El regalo de los Reyes Magos, bajo el humo de los cigarrillos y los hielos del whisky irlandés que servían en Pete's Tavern. El escritor americano se bebía hasta la última gota de las botellas para dar tinta a su estilográfica.

Con sus numerosas botellas de whisky y toda clase de marca de cervezas tras la barra, es para creer que Pete's Tavern fuese el mejor sitio de inspiración de O. Henry. La taberna no cerró ni durante la Prohibición de los años veinte, convirtiéndose en uno de los más legendarios speakeasies (término con el que se conocía a los bares clandestinos de la época que vendían alcohol y que utilizaban como contraseña para comprarlo)

Hoy, un antiguo jukebox, rodeado de paredes con incontables fotografías de famosos que han pasado por Pete's Tavern, se encuentra en mitad de su interior y lo más normal al sentarse es escuchar música de Dean Martin y Frank Sinatra, mientras una colección de camareros irlandeses, alguno de ellos con rostros como sacados de una pesadilla de Poe, friega vasos y recoge platos. Camareros que utilizan el extravagante pardon en una ciudad que sólo sabe de sorry y excuse me. Camareros que si no fuera por los precios de las cartas creería que llevan trabajando en Pete's Tavern desde 1864.

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Monday 19 de March de 2007

St. Patrick

Hace ya muchos años, Nueva York llegó a tener más irlandeses viviendo en sus calles que la propia Dublín. Ahora, parece que la cosa ha cambiado, pero todavía por la Gran Manzana se asegura que si se quiere vivir una fiesta de Saint Patrick (San Patricio) es mejor venirse a Nueva York que irse a Irlanda.

No sé hasta qué punto esto es cierto. Pero dos cosas son verdad: la catedral de St. Patrick de la Quinta Avenida es más conocida por el mundo entero que cualquiera de las irlandesas y la que montan los neoyorkinos con la fiesta del patrón irlandés es tan a lo bestia que mucho tendrían que multiplicarse los dublineses para armar tanto ruido.

Desde las diez de la mañana hasta las cinco de la tarde duró el desfile que recorre cada 17 de marzo la Quinta Avenida desde la calle 44 hasta la 86. Un desfile que más bien parecía un pasacalle siendo menos espectacular de lo que por costumbre son los neoyorkinos, como en el día de Acción de Gracias o Halloween. Aún así fue, como siempre, igual de concurrido con miles de personas subiendo la avenida bien formadas en bandas de música, ordenes religiosas, educativas o militares. Música folclórica tradicional de Irlanda, hombres con faldas y una ciudad que despertó cubierta de la nieve que había caído el día anterior. Pero esto último no fue problema para que una buena parte de Nueva York, que serían decenas de miles, se tirara a la calle vestida de verde con gorros, bufandas, guantes, camisetas o pantalones, siempre verdes.

Nueva York está lleno de pubs irlandeses y todos estuvieron desde primera hora de la mañana del sábado hasta los topes, con largas colas para entrar. A las doce del mediodía ya había decenas de perjudicados por la cerveza recorriendo la ciudad. No había alternativa. La gran mayoría de bares y pubs anunciaron días antes su programación y ofertas especiales para el día de San Patricio. Era la mejor manera de recibir a todos los miles de irlandeses que abandonaron sus casas y se tiraron a la calle en manadas y a todos los que no lo eran pero que estaban dispuestos a bailar hasta la última canción celta durante ese día. De esta manera, por ejemplo, un conocido pub de motivos japoneses y ambiente relajado cedía a la fiesta y se decoraba por completo con banderas irlandesas, adornos verdes y música irlandesa. U2, los Pogues, Van Morrison, los Cranberries, los Chieftains, Sinead O'Connor, Alanis Morrisette... así hasta que uno se llegó a cansar con la vigesima canción repetida de Van Morrison. Con otros de la lista, en cambio, no hizo falta pincharlos más de una vez.

Tónica general: bailes y desparrame. Los irlandeses, como los americanos, cuando beben a puertas abiertas montan un jaleo sólo comparable a una guerra de independencia.

Conclusión final a tanta fiesta irlandesa: para éste que escribe vino al día siguiente; primero, un dolor de estomago causado por un barril cerveza que debí tragarme en algún momento; segundo, una gorra verde que no recuerdo haberla comprado en mi vida.

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Friday 16 de March de 2007

Motherfucker

 

Creo que esta posdata de Travis será difícil de igualar.

Cruce de la Sexta Avenida con la calle 23. Servidor se dispone a cruzar como otro cualquiera. De lejos, entre coches que aminoran la marcha, se ve venir por la carretera a alguien montando en bicicleta con una especie de abrigo de visón muy llamativo. La bicicleta va dando tumbos, quién conduzca parece que está a punto de perder el equilibrio en cualquier momento y darse de bruces contra el capó de un taxi o el suelo. Semáforo en verde (blanco en Nueva York) para los peatones. Servidor empieza a cruzar.

Quién conduce la bicicleta, ya más cerca, es como un animal sacado de un circo, que se esconde en pantalones cortos bajo un enorme abrigo de piel de leopardo, que cuelga como un mantón de Manila, y lleva puesto un sombrero negro de paja y una inmensas gafas de sol de pasta blanca y reluciente. No se sabe si es una mujer o un hombre. Es una persona negra, como sacada de una alucinación pasada de rosca de LSD, que recorre con su piel de leopardo y en una vieja bicicleta una de las avenidas con más tráfico. Servidor va por mitad del camino hacia la otra acera, y ha aprendido a cazar estas cosas de un vistazo, sin necesidad de seguir con la mirada al personaje, como un primerizo. Pero algo falla. De repente, la persona negra debe haber atravesado a servidor con unos ojos que no se dejan ver tras los oscuros cristales. Se arranca a gritar: "motherfucker", "motherfucker"... Repetidamente, sin descanso.

Al principio, servidor piensa que ese insulto va dirigido a otro, tal vez a alguien que ni siquiera existe. Pero el motherfucker se acerca a servidor como un tiro de escopeta, poniendo la quinta y dando pedales histéricos. Servidor ya se halla en la acera, pero ese motherfucker sigue persiguiéndole, cada vez más alto, más estridente en una ciudad llena de ruido. Motherfucker, motherfucker... una y otra vez, y en dirección contraria, porque la bicicleta de circo ya no atiende al tráfico y a los coches que pintan, la bicicleta atiende al motherfucker que persigue y que haciéndose el despistado sabe que, primero, maldita la gracia que tiene todo, y, segundo, esto supera cualquier sorpresa. Pero en su torpe balanceo, al lado de la acera, la bicicleta se cansa de perseguir a su motherfucker y gira de vuelta a su anterior destino, y servidor deja de oír motherfucker, como aliviado y con una risa tonta que sólo da un chute neoyorkino. Junto a servidor camina un hombre negro, muy alto, descojonado e indiferente, que dice bien claro: "Fucking motherfucker... she is crazy... Jajajaja". Servidor también ríe, pero piensa: "¿cómo sabe que era una tía ese loco motherfucker?"

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Carreras de película

El Mundial de Fórmula 1 está a pocos días de arrancar con el Gran Premio de Australia, pero poco importa por aquí. No es que no gusten las carreras de coches en Estados Unidos, ya que existe una auténtica fiebre por el mundo del motor poco comparable a cualquier otra parte del mundo, sino que por estas tierras se llevan más las carreras de autos en serie, conocidas por todos como las carreras de NASCAR.

Estas competiciones se han visto en más de una película americana y en los programas de vídeos de impacto por la espectacularidad de sus accidentes. En las carreras de NASCAR, no se compite con monoplazas sino con turismos en serie que corren en óvalos asfaltados a velocidades de vértigo. Están diseñadas como las antiguas carreras de cuadrigas romanas, pero con caballos que se revolucionan en coches con potentes motores preparados por especialistas. En cada carrera, se queman neumáticos, se revientan tubos de escape y se produce algún brutal golpe.

La pasión por los coches NASCAR eclipsa a la Fórmula 1. Fernando Alonso es un nombre que casi no se conoce en Estados Unidos. Sin embargo, no sucede lo mismo con Juan Pablo Montoya. El colombiano, que salió el año pasado por la puerta de atrás de la Formula 1, se está haciendo un hueco en esta competición. El otro día sumó su primera victoria convirtiéndose en el primer hispano en ganar una carrera NASCAR. Puede que Montoya tenga algo más que decir en el futuro.

Un futuro que ya está cambiando para los estadounidenses. En su último número, la revista TIME dedicaba una reseña a la noticia. Este año se harán las primeras demostraciones de las carreras NASCAR en el cielo. Pequeños aviones supersónicos formarán parte de una liga en el aire. Al final, esto de NASCAR que empezó con ‘Ben Hur' terminará como ‘Las Guerras de las Galaxias'.

*Artículo publicado por el diario La Voz del Deporte en la colaboración de cada martes de la semana.

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Thursday 15 de March de 2007

La bandera

En el MOMA, la obra por la que más cola se monta para tirarse una fotografía y que más reclaman los estadounidenses, vengan de donde vengan, no es un Picasso, ni un Cezanne, ni un Van Gogh, ni un Monet, ni un Dalí, ni siquiera un Warhol. La obra que más aparece en el cuaderno de viaje neoyorkino de cualquier estadounidense, incluso de los mismos neoyorkinos, no es otra que la siguiente:

Dicen que Jasper Johns es uno de los más influyentes artistas estadounidenses del siglo XX. Cuando pintó esta bandera americana (The Flag) corría el año 1954. Entonces, Johns había ya entrado en contacto con el más hirviente nuevo arte neoyorkino que tenía en John Cage a su figura más innovadora. La bandera de Johns fue el primer paso hacia un imaginario personal que sirvió para abrir el camino del posterior movimiento Pop Art. Pero la obra de Johns, realmente, era una de tantas bifurcaciones que se dieron a partir de las expresiones artísticas de gente como nuestro ya comentado Marcel Duchamp y sus ruedas de bicicleta y urinarios de mármol.

La bandera es un gran panel blanco dominado por la evidencia de las barras y estrellas, donde los pigmentos de pintura se diluyen en cera caliente y están aplicados sobre pedazos de periódico a modo de collage. Como los expertos han dicho, este collage tenía una inspiración cubista. Uno no llega a tanto pero acercándose con cara de interés y mirada de crédulo se ven los pequeños detalles de trozos de diferentes periódicos, donde las letras de noticias y sucesos se agarran a diferentes capas de cera para plasmar desde lejos una gran bandera de Estados Unidos. A cuatro pasos del cuadro, aparece siempre la bandera. A medio paso, aparecen únicamente las insignificantes letras del periódico de un país, como cocinadas dentro de un caldo social.  

Aseguró en su día el propio Johns que pintar una bandera no tiene otro objetivo que pintar una bandera. Además, dijo que una noche lo soñó, y al día siguiente empezó el cuadro. El sueño de Jasper Johns hecho realidad artística cobró fuerza durante la época de la Guerra Fría y en los círculos más entendidos siempre se tuvo presente que una vez nació marcado de antemano por el Macartismo. La bandera de Jasper Johns escondía la réplica a la feroz política del senador McCarthy. Desde 1940 se había aprobado la Alien Registration Act (Ley de Registro de Extranjeros), que obligaba a todos los extranjeros mayores de 14 años, residentes en EEUU, a llenar un formulario con todos sus datos personales, incluyendo ocupación y declaración sobre cuáles eran sus creencias, tendencias o afiliaciones políticas. Ya se sabe, McCarthy, aprovechándose de su cargo, inició una persecución implacable en la que no se salvaba nadie que no fuera con sus principios, que por otra parte cada vez eran más reducidos.

Ahora, la bandera es un símbolo para todo estadounidense. Símbolo de un país en el que cuesta no encontrar una bandera colgando de una ventana, brotando de un jardín de una casa, tatuada en un brazo, cosida en una gorra o decorando un coche o una cazadora. Nueva York, que nada se parece al resto del país, está repleta de banderas.

Y en este mismo Estados Unidos, orgulloso de su símbolo, se ofrece públicamente a los inmigrantes ilegales facilidades para su regularización si se enrolan al ejército. Pero los principios no pueden obviar lo que siempre ha existido en este país. Con sus histerias, Estados Unidos no ha cambiado tanto. Sigue teniendo la misma bandera y la misma gente desde la época de Jasper Johns, y también desde la de John Dos Passos en los años 20 cuando cerró de esta manera el prólogo de su trilogía de USA. 


USA es la tajada de un continente, USA es un grupo de holdings empresariales, el conjunto de algunos sindicatos, un paquete de leyes encuadernadas en piel, un canal de radio, una cadena de cines, un repertorio de citas borradas y reescritas por un chico de la Western Union en una pizarra, una biblioteca pública repleta de periódicos viejos y manoseados libros de historia con protestas garabateadas a lápiz en los márgenes. USA es el mayor valle orlado de montañas y colinas del mundo, USA es una colección de oficiales bocazas con demasiadas cuentas bancarias. USA es un montón de hombres aburridos en sus uniformes en el cementerio de Arlington. USA son las letras al final de una dirección cuando estás lejos de casa. Pero sobre todo USA es el habla del pueblo.

Paralelo 42 (The 42nd Parallel - John Dos Passos - Primera parte de su trilogía de USA)

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