Wednesday, March 14, 2007

Buen vecino

La visita de George W. Bush a México es la noticia de la semana en Estados Unidos. Todos los medios de comunicación atienden a lo que se cuece estos días del encuentro entre los mandatarios de ambos países. Así, en su último número, la revista Time ha dedicado al presidente mexicano, Felipe Calderón, su famoso perfil (profile), que cada semana analiza a un personaje de la vida pública. En grandes letras, Time se refiere a Calderon como “el buen vecino”.

La revista indaga en el personaje político de Calderón para acercar el perfil del que puede ser “el mejor amigo de Washington en América Latina”. Algo así como un nuevo insurgente de derechas contra la predominante izquierda latinoamericana que extiende su antiamericanismo por el continente. Sin duda, las buenas relaciones entre Estados Unidos y México son una necesidad para ambos. Se sabe que, al menos, diez millones de mexicanos viven en Estados Unidos. A estas cifras, habría que sumar los indocumentados. En Manhattan, resulta imposible no encontrarse con un mexicano en un restaurante o en el servicio de la limpieza.

Pero mientras las buenas palabras políticas se establecen, la realidad parece girar por otro camino. Con Calderón pasando por el aro del gobierno estadounidense, todavía no se ha escuchado ninguna referencia al muro que Estados Unidos va a levantar en la frontera con México, que el anterior presidente, Vicente Fox, calificó de “muro de la vergüenza” En este caso, el destino fue caprichoso. En los mismos días que George W. Bush firmó la ley que autoriza la construcción de una doble muralla a lo largo de más de 1.000 kilómetros de frontera con México, como parte de un plan para reforzar la seguridad nacional, se conoció que Estados Unidos se convirtió en el tercer país, después de China e India, en alcanzar los 300 millones de habitantes, impulsado por el auge de la población inmigrante. Ese número 300 millones que podría haberse celebrado a bombo y platillo como se hizo con el 200 millones de la época baby-boom, se dejó para otra ocasión ante la poderosa duda de que el afortunado fuera un inmigrante ilegal.  

Si las cuestiones de Estado están de esta manera es porque las cuestiones de andar por casa andan por el estilo. Mientras se levanta la gran muralla, por el mismo camino se encuentran los Minutemen, un nombre de fuertes connotaciones patrióticas que alude a la milicia anticolonial contra el ejército británico en la colonia de Massachutesetts en 1775. Los Minutemen actúan al margen de la ley en su intento, según dicen, de “proteger” al país contra la “invasión” de los extranjeros procedentes del Sur y contra posibles amenazas “terroristas”. Voluntarios que se mueven como soldados de asalto en la zona desértica de la frontera de Arizona y México, mientras que sus miembros más influyentes se arriman al ala más reaccionaria de los republicanos, solicitando la construcción de muros y el uso de la fuerza militar. Arnold Schwarzenegger, gobernador de California e inmigrante austriaco, ha elogiado en más de una ocasión a estos chicos.

Ya en Nueva York, hace dos semanas la noticia estuvo en un grupo de estudiantes republicanos de la Universidad de Nueva York (NYU) que puso en práctica un juego llamado “Find the Illegal Immigrant” (Encontrar al Inmigrante Ilegal), en el que los participantes debían encontrar a un compañero escondido en la zona que cubre Washington Square y ataviado con un letrero que lo identificaba como inmigrante ilegal. Para ello, tenían que ir vestidos como agentes policiales fronterizos con distintivos de la INS, en referencia a la antigua Immigration and Naturaliation Service.

Como se puede comprobar, a veces, los “buenos vecinos” pueden joderte la vida.   

Posted by Fernando Navarro at 04:04:41 | Permalink | Comments (3)

Tuesday, March 13, 2007

Historias de Nueva York

Una temporada en Nueva York cambia a cualquiera, para bien y para mal. La vida en Nueva York es un deporte de velocidad y reflejos en el que, al final, decide la suerte. Eso tiene que ver, seguramente, con el tipo de persona al que atrae la ciudad. Pocas van a Nueva York para retirarse o para llevar una vida tranquila. A Nueva York se va a trabajar y a vivir con la mayor intensidad posible, lo cual acarrea riesgos.

Historias de Nueva York - Enric González


Nueva York es una ciudad para periodistas. Me dirán unos y otros que en Nueva York lo que realmente abundan son los actores, los bailarines, los dibujantes, los fotógrafos o las estrellas de teatro. Sí, por supuesto, Nueva York es la ciudad del cine, pero no se sabe si hay tantas películas como canciones de Nueva York, por lo que Nueva York también es una ciudad de músicos. No se puede negar que Nueva York es la ciudad de los negocios, con sus brokers manejando el dinero de medio mundo en Wall Street y su concentración de tiendas por toda la isla de Manhattan. Es, claro, la ciudad de la publicidad donde en Madison Avenue se roban ideas a cada segundo del día y te bombardean con ellas cada día. Nueva York es, ya se sabe, poesía en si misma, o al menos lo era, por lo tanto también es una ciudad de escritores. Nueva York es, además, una ciudad de regateadores, hombres bañados en oro, supervivientes y aspirantes a cualquier cosa. Pero dejadme que os diga que Nueva York es, especialmente, una ciudad para periodistas.

El que escribe y que vosotros leéis se conformaría con ser la mitad de buen periodista que es Enric González, que fuera corresponsal en Nueva York para el diario El País durante cinco años y ahora ejerce desde Roma para el mismo periódico con sus más que recomendables crónicas deportivas Historias del Calcio. No conozco a Enric González en persona pero se me presupone uno de esos tipos que si leyese un halago soltaría una risita tímida, casi pidiendo permiso para creérselo. Creo que cualquiera afirmaría lo mismo después de leer su pequeño gran relato neoyorkino Historias de Nueva York (RBA, 2006)

Sigo a Enric González desde mis primeros años universitarios cuando escribía para El País indistintamente desde Nueva York o Washington, antes había pasado por las corresponsalías de París y Londres. Estoy convencido que aprendí más leyendo cualquiera de sus artículos de prosa certera y estilo absorbente que con cualquiera de las asignaturas de la carrera.

Me parece apropiado hacer una advertencia, tal vez decepcionante, al lector europeo. Los ciudadanos de Nueva York gastan famas de cínicos, descreídos y materialistas porque así les ven los demás americanos; la verdad es que casi cualquier español es más cínico y descreído que el jefe supremo de los chulos del Bronx. En materia de nihilismo, los europeos carecemos de rival

Historias de Nueva York es un libro fabuloso, relatado en primera persona, donde el periodista y la persona se asocian para dar salida a los retratos que cuenta el primero y los sentimientos que sugiere el segundo. Siempre bañado todo con el talento de alguien que domina el arte de contar. Uno lee el libro como si un amigo de toda la vida le estuviese contando en la terraza de un café cómo fue su viaje a Nueva York. Claro, sin olvidar que este amigo no sólo es inteligente sino que además tiene las llaves de las puertas menos conocidas de la ciudad.

Trata termas mil veces leídos y escuchados como los rascacielos, el alquiler de apartamentos, los restaurantes, la mafia, los negocios o el baseball con ojo clínico de quién pasea por Nueva York empapándose de ciudad. Rescataría varios párrafos del libro, pero hoy, cuando escribo sobre él, los rayos del sol han dado un barniz diferente a una ciudad que ha soportado dos meses de temperaturas bajo cero y necesito rescatar este.

Hay que vivir en Nueva York el final de la primavera, cuando se olvida la nieve, se guardan los abrigos donde quepan (ésa es la operación tal vez más complicada, porque el espacio no abunda) y los neoyorkinos recuperan la calle y la brisa con aroma de mar, de alquitrán, de monóxido de carbono y de savia nueva: una combinación embriagante. Es un estallido suave, una invitación a vivir

Y, sí, leyendo a Enric González testifico que Nueva York es una ciudad para periodistas. Es el mundo del periodismo en estado puro; el reporterismo, la crónica y el artículo. Yo, al menos, así lo sentí la primera vez que caminé por Nueva York. Porque Nueva York, ya lo dice el propio Enric González, sólo adquiere su verdadero significado cuando se cuenta en presente.  

“En Nueva York, que no sabe de nuestra memoria sentimental ni de nuestro calendario, siempre es hoy y todos los momentos valen… El presente neoyorkino es tan poderoso que absorbe pasado y futuro”

Posted by Fernando Navarro at 04:13:36 | Permalink | Comments (11)

Monday, March 12, 2007

New York Times

De siempre se ha sabido que un periódico en jornada dominical abulta el doble o más que cualquier otro día de la semana, pero para llevarse un New York Times en domingo hace falta desayunar el doble que cualquier otro día, además de una fuerza fuera de toda duda.

En la Universidad de Nueva York (NYU), me da clases una profesora neoyorkina, que antes fue durante muchos años periodista del New York Times, y dice que el periódico de los domingos está pensado para leerse a lo largo de una semana, o para conseguir que alguien dedique toda la jornada dominical a su lectura. Es por eso que a mitad de semana, pongamos un jueves, puede verse a gente en el metro leyendo uno de sus múltiples suplementos. Y es por eso que el New York Times de los domingos sale publicado en una edición especial ya los sábados por la tarde-noche. Lo fácil por tanto es ver a muchos neoyorkinos comprando el Times (llamado así popularmente) a la salida de un restaurante un sábado por la noche en uno de los tantos delis abiertos 24 horas.

Pero se compre en sábado o domingo, hace falta mucho tiempo para leerlo y una buena forma física. No exagero. El diario, cargado de suplementos, pesa una barbaridad. Al periódico corriente, formado por este orden por las noticias internacionales, nacionales y opinión, le acompañan los domingos catorce secciones. Paso a comentar algunas. Arts&Leisure donde se habla de cine, música y teatro. Metro Section dedicada a sucesos y con artículos especiales. Travel donde se visitan ciudades y países a través de reportajes. Sports con especial atención a todos los deportes estadounidenses como el baseball, el fútbol americano o el basket. SundayStyles enfocada a la moda y nuevos restaurantes. Job Market que hace de guía de oportunidades para buscar trabajo. SundayBusiness que gira en torno al mundo de los negocios. Automobiles sobre coches. Real Estate sobre bienes inmuebles. Book Review que analiza nuevos libros y hace reportajes exhaustivos sobre autores. The City que recoge todas las noticias y reportajes sobre la ciudad de Nueva York.

El New York Times guarda todo el significado de la ciudad al ser un periódico incómodo de leer como ninguno al mismo tiempo que una referencia absoluta para cualquier neoyorkino. Sólo ellos, los neoyorkinos, tienen la coordinación suficiente como para leerlo en el metro sin pasar apuros, que las hojas se caigan o golpeen con su tamaño desmedido al de al lado. A pesar de una publicidad exagerada en sus páginas, la reputación del Times está intacta y sigue siendo un faro para una profesión, la periodística, cada vez más endeble y lejos del rigor y la calidad que se la presuponen.

Por cierto, que una de las cosas que más adoran los neoyorkinos de su New York Times son los crucigramas, que aumentan el grado de dificultad según avanza la semana, culminando con el dominical, en el New York Times Magazine. Y este escribiente se pregunta: ¿cómo lo hacen? Además de leerse ese legajo de papeles que parece una enciclopedia por entregas, sacan tiempo para crucigramas imposibles.

Posted by Fernando Navarro at 03:02:27 | Permalink | Comments (7)

Friday, March 9, 2007

Paseo hasta Vesubio

Existen pocas cosas más gratificantes que hacer en Nueva York durante un sábado soleado que pasear por Sullivan Street y alrededores, que se esconde al margen oeste del SoHo.

En el entramado de calles que forman el SoHo siempre destacan algunas de las fachadas más espectaculares de Manhattan, bajo las cuales descansan los famosos lofts, que dan cabida a algunas de las personas con más poder adquisitivo de la ciudad, y las galerías de renombre en las que uno puede perder media mañana con artistas que van desde los cuadros de pop-art a las esculturas de piedra maciza. Pero su arquitectura de hierro colado, que tanto atrajo a artistas y fotografías inspiró, hoy en día está habitada además por las tiendas de marca más famosas que son el segundo plato para los que se cansan de la Quinta Avenida.

Fuera de este ritmo comercial y de punto exquisito, se halla Sullivan Street, una de esas calles que guardan un espíritu fascinante, a medio camino entre el dinamismo bohemio del Greenwich Village y la tradición italoamericana de una zona que terminó por convertirse desde mediados del siglo XX en el asentamiento más perdurable de panaderías y tiendas de embutidos.

Por Sullivan Street se dan cita pequeños comercios como Pino’s Prime Meats, que tras abrir su puerta desprende un intenso olor a queso que transporta a un pueblo remoto, donde a media mañana los salchichones cuelgan y los grandes frascos de aceitunas se apiñan sobre viejas estanterías en una atmósfera genuinamente italiana. También se hallan mercados de auténtico acento mediterráneo como Richie’s Candy Store o una serie de cafés como Pepe Rosso to Go, donde apenas entran 15 personas y muchos asiduos llegan en bicicletas que aparcan a la puerta del diminuto local. La iglesia de San Antonio de Padua se encuentra enclavada en mitad de la calle con su románico fuera del contexto neoyorkino.

Sin embargo, a pocos pasos de Sullivan Street se esconde el verdadero tesoro de esta zona. Vivir en Nueva York supone privarse de ciertos menesteres. Para quién se ha alimentado más de bocadillos que de hamburguesas, Nueva York es un coto vedado donde el pan, la crujiente barra con miga dentro, es un producto para sibaritas al alcance sólo de poderosos bolsillos. Es difícil encontrar buen pan, y cuando se encuentra no baja de 4 dólares la barra. Esto ya no es problema si se va a Vesubio, ubicado en el 160 de Prince Street entre Thompson Street y West Broadway.

Vesubio es una panadería que empezó a vender su pan recién hecho en el año 1920. Especializada en toda clase de pan italiano, la pequeña tienda no sólo hace las funciones de una panadería al uso sino que también ofrece almuerzos en sus apenas 40 metros cuadrados, donde se recogen cinco mesas con dos sillas cada una. Para los cinéfilos, Vesubio aparece en la película El Príncipe de las Mareas (The Prince of Tides, 1991)

Parece imposible, pero Vesubio funciona como un organismo perfecto, donde el escaso espacio no altera su capacidad para organizar a su clientela. La gente que llega deseando comer alguno de sus grandísimos bocadillos parece estar de acuerdo para no amontonarse. Es un goteo constante de personas que llegan para comprar pan que llevarse a casa o para comer. A éstos últimos, si les toca esperar, se van a dar una vuelta por la zona, donde florecen cafés y galerías de arte.

Los bocadillos de Vesubio merecen más nombre que las hamburguesas de la mayoría de los diners. Lo que la panadería llama Vesubio Special Panini (8.50$) no es otra cosa que un pedazo de bocata de pan italiano (a elegir entre ciabatta, foccacia, whole wheat, Italian hero o roll) con atún, pollo, pavo o cualquiera de las múltiples variantes que se ofertan. De hecho, se puede hacer un bocadillo a la carta donde se elige el pan, dos ingredientes, el tipo de queso (provolone, parmesan, swiss, cheddar, aciago, brie o mozzarella) y dos condimentos (tomate, lechuga, pesto, pimientos…).

Como es de imaginar, y como servidor puede afirmar, el bocadillo de Vesubio es un tremendo órdago a grande, al que ni las mejores cartas pueden ganar con facilidad. Por cierto, los cubiertos no van con Vesubio. Mientras uno intenta hacerse con ese bocadillo, suena un hilo musical, a modo de cafetería, y se ven las fotos de unos italianos, que posando con sus delantales y sus gorros de panaderos, tuvieron la brillante idea de abrir Vesubio. Esos italianos color sepia sonríen de oreja a oreja a la entrada de la panadería, que ahora se mantiene igual que entonces, pareciendo indicar que lo que esperaba dentro ya en esos días era cualquier cosa menos comida americana.

Posted by Fernando Navarro at 05:25:56 | Permalink | Comments (6)

Thursday, March 8, 2007

La música de Tomi

Mi amigo Tomi nunca ha estado en Nueva York. Que yo sepa, a Tomi le gustaría conocer esta ciudad pero tampoco Tomi, por lo que te cuenta, es de los que parece llevar un alma neoyorkina dentro. O puede que sí. Nunca se sabe. Las pasiones no las elegimos, nos eligen ellas a nosotros. Me atrevo a calificar mi amistad con Tomi como una verdadera pasión. Me eligió hace hoy muchos años y desde entonces no podría ponerle un solo pero.

No recuerdo cuando fue la primera vez que Tomi supo de mí y yo de él. Fue gracias a Internet, eso sí lo sé. Y fue a través de la música. Yo era un chaval imberbe y él era un tío más mayor que yo que sabía mucho de música. Cuando hablaba de ella en un foro sobre Bruce Springsteen yo sentía que era como abrir una enciclopedia musical que nunca se había escrito, pero con la salvedad de que los mensajes de Tomi no llevaban esas palabras académicas que uno nunca entiende. Tomi escribía para mí. Supongo que porque escribía para él. Cuando Tomi escribía de música no lo hacía como pasatiempo, era, creedme, puro sentimiento. El mismo que desprendía cada uno de sus mensajes cuando se salía de la música y trataba otros temas que podían tocar a todos. Era una persona lúcida como pocas.

Fue por eso que pronto, y como nadie, empezó a poner palabras a mis inquietudes musicales. Hablaba de soul, de funk, de rock’n'roll de los cincuenta, de punk, de pop y rock españoles, de cualquier género, con una claridad de ideas y una fuerza que ya la quisieran para si muchos. Sin duda, Tomi me empujó a enamorarme de la música. El chaval que quería saber un poco más allá de Bruce Springsteen se puso a correr hacia las tiendas de discos en busca de los discos de Tomi. Creo que él nunca lo ha sabido, pero me pasé muchos años apuntando en un cuaderno cada uno de los nombres y discos que en sus mensajes se recogían.

Lo mejor fue entablar amistad con Tomi. Cada un tiempo te mandaba discos por correo, siempre perfectamente presentados con sus carátulas y con una preciosa postal de alguna película clásica acompañándolos. Los discos que te hacía llegar Tomi eran casi imposibles de encontrar en las tiendas. Rarezas, nuevas bandas, artistas de culto… verdaderas joyas. Al chaval que yo era también le fue guiando con recopilaciones y discos de los más grandes artistas que ha dado este arte. Todavía recuerdo cómo disfruté la primera vez que puse mi primer disco de Sam Cooke de la mano de Tomi. Era una tarde radiante de primavera después de la Universidad y Sam Cooke cantaba “Wonderful World” que encogía el corazón.

Después de un par de años, terminé por conocer a Tomi en persona. Seguía siendo un chaval y me temblaban las piernas por encontrarme con gente más mayor que yo y que sólo conocía por Internet. De alguna manera, sentía que me había escapado del patio del colegio. Sin embargo, mejor huída fue imposible. Tomi era mejor en carne y hueso. No era el ratón de biblioteca que me había imaginado; al contrario, era un auténtico hombre de la calle, radiaba humanidad por los cuatro costados.

Aquella noche en la que nos pusimos cara fue en un concierto de Willie Nile en la Boca del Lobo de Madrid. Tomi me dio un par de discos, me dijo que Willie era casi Dios y se cogió el coche y se volvió de camino a Valladolid. La sincera pasión de Tomi por la música tenía estas cosas. Era normal que se fuera a ver a un cantante a Madrid, para regresar después del concierto a altas horas de la noche a Valladolid porque al día siguiente tocaba ir al trabajo.

A todo esto hay que poner el presente; porque sigo apuntado los discos a los que Tomi hace referencia, porque Tomi escribe y habla de música con la ilusión del primer día, porque Tomi baila y va conciertos con la ilusión de la primera vez, porque Tomi te trata y te hace sentir como si fuera tu primer amigo, porque Tomi, en definitiva, es como la mejor música, tan imprescindible como siempre. El talento de Tomi no se encuentra en ninguna escuela. Como le dije un día, medio en broma medio en serio, eres un artista de la vida, y eso a la larga es más difícil que componer la mejor canción del mundo.

Digo todo esto hoy, que vivo en Nueva York, la ciudad de la música. Digo todo estoy hoy, que no sabría vivir sin música, no concibo mi vida sin ella, por eso es normal que me sienta en deuda para siempre con Tomi. Por eso, es normal que me duela no estar presente en la boda de Tomi, que se casa este sábado con Blanca mientras yo brindaré al sol en Nueva York por ellos. Blanca es una mujer afortunada, a partir de ahora su vida va a tener una banda sonora de película cinco estrellas. También Tomi es afortunado. Lo poco que conozco a Blanca me dice que es una persona en la que se podría confiar en los peores momentos, que son al fin y al cabo en los que la confianza se necesita más que el agua en el desierto. Les auguro una vida llena de buena música. Son dos corazones mejor que uno. Son dos en la carretera.

Salud y AMOR.

Posted by Fernando Navarro at 05:34:20 | Permalink | Comments (22)

Wednesday, March 7, 2007

Hombre negro con su blues

9:34 a.m. Estación de Metro de la calle 34. La gente sólo anda preocupada de llegar a su hora. Todos andamos atareados en cumplir con nuestro horario, en mantener la rutina en marcha, otro día más de diario. Todos menos uno. Es un hombre negro de unos 40 años pero que aparenta unos 60 pasados. Va vestido con traje gris, puede que de esos que llevaron los ejecutivos de Madison Avenue hace ahora 30 años. Parece que le queda dos tallas más grandes, pero en el fondo le va con su amplio sombrero negro que se estira en una circunferencia que es difícil que no llame la atención del más dormido de los transeúntes. El hombre se para en el andén, al contrario de la marcha unísona de la multitud sin un segundo que perder. El hombre se pone a cantar. Es un blues, es un loco y extraño blues a la desesperada. Se pone a cantarlo a gritos con una voz que realmente es de disco, pero se pone a cantarlo con los brazos en alto y a gritos, a marchas forzadas a contracorriente de todos, mientras los más educados le ignoran y le esquivan y los menos pacientes le insultan y le mandan a tomar por culo sin contemplaciones. Pero el hombre negro sigue con su blues a la desesperada caminando a codazos. Es imposible que coja ningún tren. Éste ha llegado a su última parada y la única salida es abandonar ese andén y tirar por donde van todos.

Posted by Fernando Navarro at 03:54:44 | Permalink | Comments (3)

Maldiciones sobre hielo

La temporada de los New York Rangers está siendo tan discreta que es casi seguro que se queden fuera de las eliminatorias de los playoff a las primeras de cambio. Algo que no es noticia en un equipo que sólo ha ganado cuatro campeonatos nacionales (Stanley Cup), a pesar de ser posiblemente el club más clásico del hockey americano.

Fundados en 1926, el equipo neoyorkino es uno de los seis conjuntos originales que pusieron en marcha la actual liga de hockey sobre hielo del país (NHL). Desde entonces, la parte atractiva de los Rangers no ha estado nunca en sus números sino en sus grandes historias.

Dicen los más viejos seguidores de los Rangers que el equipo es víctima de maldiciones. Una de las más conocidas es el mal de ojo que echó en 1942 el que fuera entrenador y director de los Americans, Red Dutton. Los Americans fueron otro equipo neoyorkino que se vio obligado a desaparecer por el tirón de los Rangers tras su título de 1940. Red Dutton se quedó sin equipo y sin trabajo y comentó entonces muy enfadado que los Rangers nunca ganarían una Stanley Cup mientras él estuviera vivo. Y así fue. Los Rangers no ganaron otro trofeo hasta 1994 con Dutton en la tumba.

Ahora, aseguran unos tristes seguidores que sufren ‘la maldición de Howard Stern’. Después de ganar el título en 1994, el equipo hizo una gira por la ciudad visitando bares e incluso un club de striptease. La gota que colmó el vaso para muchos fue la visita al programa del polémico Howard Stern, que no deja títere con cabeza en la sociedad estadounidense.

Los Rangers siguen sin ganar y son los peores de una competencia feroz con sus más directos rivales, los New Jersey Devils y los New York Islanders. Los malditos dioses del hockey, claman los seguidores de los Rangers, se están ensañando.

* Artículo publicado por el diario La Voz del Deporte en la colaboración de cada martes.

Posted by Fernando Navarro at 03:41:47 | Permalink | No Comments »

Tuesday, March 6, 2007

Lady Liberty

Si le preguntas a un neoyorkino cuantas veces ha estado en la Estatua de la Libertad es casi seguro que responda una o ninguna, siendo mayoría los de la última respuesta.

Dicen los neoyorkinos que he conocido que son pocos los que han estado alguna vez en su vida en la Estatua de la Libertad. Pero, evidentemente, ningún neoyorkino, ni nadie en el mundo entero, entiende Nueva York sin la Estatua de la Libertad, sin su Lady Liberty. Es uno de los elementos más evocadores de la ciudad, a pesar de que fue una construcción francesa y estaba concebida para adornar Alejandría aunque terminó como un regalo a Estados Unidos.

También es todavía el símbolo del sueño americano. Antiguamente, era lo primero que veían los recién llegados a la ciudad que entraban por los Verrazano Narrows para obtener esa primera imagen de La libertad iluminando al mundo, nombre verdadero de la gigantesca figura. Hoy, la inmensa mayoría de los llegados lo primero que ven son los pasillos del JFK.

Estos días la Estatua de la Libertad es noticia porque seguro que sabéis que entra a competir en la carrera por ser una de las siete maravillas del mundo contemporáneo. Un concurso público a nivel mundial que tendrá como jurado especial a la población civil, que podrá votar por vía telefónica, postal e Internet. Se espera que al menos lleguen 27 millones de votos de todas partes del mundo.

Esta historia nace con la idea de renovar la clásica lista de culto al ingenio humano que recogía maravillas que en la actualidad no se conservan, como Los jardines colgantes de Babilonia, la estatua de Zeus en Olimpia, el Coloso de Rodas o el Faro de Alejandría. Tan sólo la Gran Pirámide de Giza es la única que aún se puede contemplar.

De los 77 monumentos nominados al principio sólo han quedado 21 en la recta final. Seguro que la Estatua de la Libertad parte como una de las favoritas no por ser mejor que otras obras participantes sino por ser conocida en el mundo entero. Aún así, y hasta que se conozcan los ganadores el próximo 7 de julio, la ciudad ya se está movilizando para que su monumento sea seleccionado. Se pondrá en marcha una campaña en los colegios y desde diversas organizaciones se pide al alcalde Bloomberg que haga una declaración formal por la estatua y organice el apoyo popular.

No sé cómo lo veis. La Estatua de la Libertad realmente lo tiene difícil. Las otras 20 maravillas son como para caerse de espaldas. Por España compite la Alhambra. Y entre otras se encuentran la Torre Effiel, el Kremlin y la Plaza Roja de Moscu, el Taj Mahal de India, la Gran Muralla china, el Coliseo de Roma, la Acrópolis de Atenas, Machu Picchu de Perú o la Opera de Sidney. Podéis consultar la lista completa aquí. ¿Merece Lady Liberty estar entre las siete? Sería para hacer una porra, porque también es difícil elegir sólo siete.

Posted by Fernando Navarro at 03:30:03 | Permalink | Comments (8)

Monday, March 5, 2007

Ratas

Lo siento. Tengo que decirlo antes de hablar del tema. Llevo desde la semana pasada dándole vueltas, deshojando la margarita; “escribo de ello… no escribo de ello… escribo…” Así hasta que me he decidido por escribir, impulsado por un gran sentido del deber para con vosotros. Pensé que podría evitar hablar de este tema en toda mi estancia aquí, al menos por mí no iba a quedar, pero no ha podido ser. Lo siento. Seguro que no debería sentirlo tanto, pero sólo por pensar en ello, de nuevo, me entran ganas de dejar de escribir. A mí, me puede. Pero el deber es el deber.

En Nueva York, llevamos una semana hablando de ratas. Ratas por todas partes. No se salva nadie del tema. La televisión abriendo con reportajes sobre las ratas de Nueva York. El periódico dedicando espacios al tema de las ratas, e incluso el diario gratuito AmNY sacando en la portada del viernes la inmensa cara de una rata auténtica mirando fijamente al lector, bajo el titular: “La carrera de las ratas.” Así están las cosas.

¿Por qué? Porque uno de los miles de establecimientos de comida rápida de esta ciudad tenía ratas dentro, un KFC/Taco Bell localizado en Greenwich Village, de esos que sirven pollo refrito y seudo comida mejicana. Claro, que eso, que todo el mundo sabe pero de lo que nadie habla, se ha convertido en noticia de portada porque unos chicos grabaron con su cámara a las ratas en el interior del local cuando estaba cerrado. El vídeo corrió por Internet como un reguero de pólvora y estalló en todos los medios de comunicación. Toda la ciudad empezó a preguntarse cómo tantas ratas podían correr a sus anchas por un local de comida.

¿Es el único? Claro que no, vamos, ni en los mejores sueños del más utópico. El problema es que saber cuántos locales de comida, con sus sótanos y almacenes, pueden estar en una situación parecida es como buscar la respuesta de la creación. Las cifras hablan por sí solas. Nueva York tiene 20.000 restaurantes y 100 inspectores del departamento de salud trabajando en ellos. Y aunque los inspectores se dediquen a multar a los restaurantes, muchos terminan por pagar las infracciones pero sin solucionar el problema. De hecho, el KFC/Taco Bell invadido por las ratas tenía una elevada multa pendiente.

Saber que un restaurante puede tener ratas es asqueroso. Saber que un restaurante las tiene es aún más asqueroso. Ver cómo las tiene es lo más asqueroso. Ver la juerga que las ratas se pegan en esta ocasión es lo más asqueroso y puede llegar a traumatizar. Así me pasó a mí cuando lo vi. Pero ya soy un neoyorkino sin cura porque el mismo día, aún con el shock encima, cené fuera, y repetí el fin de semana. Será porque me dio por pensar más en los patos. Así que si estáis preparados, mi consejo es el siguiente: pensar después en los patos, aunque también os acordéis de mis santas muelas. No se os ocurra indagar más en los vídeos de los reportajes de las cadenas de televisión ya que contienen más imagenes aún peores. Estáis avisados. Me niego a colgarlo en el blog, pobres patos, por lo que tenéis que pinchar para ver el festín de las ratas.  

Posted by Fernando Navarro at 03:00:29 | Permalink | Comments (7)

Friday, March 2, 2007

Patos (II)

El taxista era un listo.

-Aquí no puedo dar la vuelta, amigo. Esta calle es de dirección única. Tendremos que seguir hasta la Diecinueve.

No tenía ganas de discutir:

-Está bien - le dije. De pronto se me ocurrió preguntarle si sabía una cosa-. ¡Oiga! -le dije-. Esos patos del lago que hay cerca de Central Park South… Sabe qué lago le digo, ¿verdad? ¿Sabe usted por casualidad adónde van cuando el agua se hiela? ¿Tiene usted alguna idea de dónde se meten?

Sabía perfectamente que cabía una posibilidad entre un millón. Se volvió y me miró como si yo estuviera completamente loco.

-¿Qué se ha propuesto, amigo? -me dijo-. ¿Tomarme un poco el pelo?

-No. Sólo quería saberlo, de verdad.

No me contestó, así que yo me callé también hasta que salimos de Central Park en la calle Diecinueve.

El guardian entre el centeno (The Catcher in the Rye - J. D. Salinger)


A los pocos días de llegar a Nueva York cogí un tren que recorre a cielo abierto Nueva Jersey hasta la ciudad de Newark. Pasé por los mismos paisajes que salen en muchos capítulos de Los Sopranos. El tren iba por esos puentes industriales de acero y hierro. El skyline de Manhattan aguardaba cada vez más pequeño a lo lejos, hasta desaparecer envuelto en el humo de las chimeneas de las fábricas de Jersey.

En mitad del viaje, al otro lado de la ventanilla, una bandada de patos apareció de la nada. Me acordé de Toni Soprano, que nunca fue el mismo después de la marcha de los patos. Así se lo confesó a su psicóloga. Y, en cambio, la vida de Toni no varió mucho, si acaso se complicó un poquito más. Pero entiendo a Toni. Aquel día, los patos volaban rumbo al horizonte naranja de una tarde en retirada. Y es cuando me lo imaginé más que nunca sentado en su piscina y sin patos. Me dio mucha pena.

Han pasado los días. El frío se adueñó de Nueva York hace tiempo con nevadas y temperaturas de -20 grados bajo cero. Y tengo algo que decirle a Holden Caufield. Fui a Central Park. Y los patos, colega, se abren paso no sé cómo cuando el agua se hiela. Terminan por reunirse todos juntos, como cuando vuelan, en un pequeño espacio de agua en mitad del lago congelado. Tal vez, Toni tendría que venir también a verlo a Central Park South. Mientras tanto, lo único importante es preocuparse por los patos. Creo que lo estoy aprendiendo. Lo demás es superfluo.

 

Posted by Fernando Navarro at 04:53:33 | Permalink | Comments (6)