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Hace no mucho tiempo recibí un mensaje de correo electrónico que quien me lo envió me preguntaba, entre otras cosas sobre Nueva York, si lo siguiente todavía era posible hacerlo.


Hace no mucho tiempo recibí un mensaje de correo electrónico que quien me lo envió me preguntaba, entre otras cosas sobre Nueva York, si lo siguiente todavía era posible hacerlo.













Sólo a estos americanos se les podía ocurrir. Es una "frikada" como pocas, pero he de reconocer que me gusta. Hace un par de semanas me encontré con el primero, y desde entonces ya he visto por Manhattan unos cuantos. A quién no le despierta una sonrisa el ver por la calle un buzón que representa a R2-D2.

Sí, imagino que lo sabéis. El Servicio Postal de Estados Unidos celebra el trigésimo aniversario de la filmación de La guerra de las galaxias (Star Wars, 1977) plantando cientos de buzones por todo el país que adoptan la forma del querido y adorable robot R2-D2. Además, ya están en circulación sellos especiales relacionados con la serie donde se ven personajes tales como Yoda o Darth Veider.
Yo ya tengo mi foto al lado de R2-D2. El parecido es importante. Sólo falta que emita su típico sonido robótico al echar la carta. Pero gana por goleada al resto de buzones.

Lou Reed se casó con su segunda mujer en su apartamento de Christopher Street, donde estuvo encerrado durante una buena temporada a finales de los setenta. En Central Park, a la altura de la calle 72, en el lado Este, se encuentra Bethesda Terrace and Fountain, una especie de plaza a la que se accede principalmente después de pasear por the Mall, el glorioso camino que ha servido para hacer algunas de las postales más vendidas de la ciudad. Después de cruzar unas galerías habitadas por lo general por un indio que canta y baila hasta el punto de ser protagonista de un aplaudido documental, una fuente corona Bethesda Terrace and Fountain. Sobre la fuente descansa Angel of Waters (Angel de las aguas), una escultura del siglo XIX cuyos puritanos Ángeles representan la Pureza, Salud, Paz y Templanza, en una metrópoli que seguramente carezca de cualquiera de estos atributos.
Me habían contado que alrededor de esta fuente los chinos solían fotografiarse para sus álbumes de boda. Pero el otro día, bajo un espléndido sol de primavera, una pareja de neoyorkinos, él con un pelo oscuro algo encrestado y ella rubia rizado, estaban casándose ahí mismo, en mitad de un mediodía de sábado en Central Park. El oficiante podía pasar por ser el mismo que estuvo en el apartamento de Lou Reed hace ya unos cuantos años. Todos, matrimonio y testigos, se mostraron felices y despreocupados por la cantidad de invitados espontáneos. Alrededor de los recién casados y compañía, un círculo de turistas, paseantes, curiosos y locos se sentaron para disfrutar del día y, por añadidura, de la ceremonia. Nunca había tirado una foto en una boda. Esta es la primera.

Por suerte, desde que estoy aquí, he tenido la suerte de hablar con muchos neoyorkinos. Por lo general, un neoyorkino clásico es aquel que sabe de todas las cosas, con una cultura que echa para atrás y preocupado por lo que pasa en el mundo. Con Terry, una amiga, el otro día hablé de todo, desde la guerra de Iraq, la política estadounidense y la dictadura de Franco. Terry tiene 60 años y lleva toda su vida viviendo en Nueva York.
Me sucedió también que un día se me puso hablar otro neoyorkino de unos 35 años en las mesas de Bryant Park. Me preguntó por el conflicto vasco, como él lo llamó, por el cine de Almodóvar, por la Unión Europea y por las playas españolas.
Pero... pero... pero... todo el mundo sabe, neoyorkinos y estadounidenses sobre todo, que Nueva York no son los Estados Unidos de América. Bien es cierto que hay neoyorkinos, los muy pocos, creedme, que podrían pasar por el típico estadounidense. Así que también me ha pasado que me he quedado a cuadros en alguna ocasión. A poco que se va uno alejando de Nueva York y se adentra en vastas tierras estadounidenses, lo más normal, creedme, es toparse con casos como los que se suceden a continuación. De hecho, yo me he encontrado más de uno en el mismo Manhattan. Confesaba el otro día una profesora que tengo de inglés que ella estudió en el colegio sólo historia de Estados Unidos y Geografía también de su país. En esta última asignatura, con preguntas tales como: ¿cuál es la diferencia entre un lago y un río?
Así que es normal ese ansia de invadir de algunos para conocer países y la respuesta a la pregunta de quién es Koffi Annan. Afirmo: el siguiente vídeo es real como la vida misma en los Estados Unidos de América.
Este mes de abril que se acaba de ir ha sido bastante duro. Aún me estoy preguntando cómo lo he hecho, pero todavía hoy necesito del último aliento antes de encontrarme en una situación, por fin, más relajada, que coincide con el establecimiento del verdadero buen tiempo en Nueva York. Aunque en esta ciudad nunca se sabe.
En Nueva York, por lo general, la gente es muy amable. Los neoyorkinos son realmente personas serviciales y atentas, de un primer tacto exquisito. El otro día alguien se preguntaba en uno de los comentarios de este blog que hasta la gente que pide dinero por la calle es amable. Es un hecho en más de una ocasión.
Pero también es un hecho, indudable, que Nueva York es puro movimiento, y el movimiento provoca roce. Los extremos siempre conviven en Nueva York. Y el lado desagradable, áspero, violento, parece que se calienta de más cuando los rayos de sol caen más a plomo. Desde hace un par semanas, el sol pega fuerte. Hay más gente que a la mínima estalla. No hablo de los locos o inadaptados que forman una posdata de Travis, seres más cerca de lo divino que de lo terrenal. No. Hablo de alguien como yo, corriente, que cuando forma parte del tráfico diario neoyorkino puede llegar a cagarse en la madre de más de uno sólo porque éste sube las escaleras del metro despacio y no me deja pasar cuando voy con prisas. O de alguien, que con la cabeza tan llena de obligaciones y tareas, le revienta hasta puntos insospechados tener que perder un tren.
Es un Nueva York real, donde parece que cuando el calor sube, florece lo peor de cada uno. Es un Nueva York tan abrasivo como éste, que retrata Spike Lee. Es Brooklyn pero podría ser cualquier otro sitio neoyorkino.
Haz lo que debas (Do the Right Thing - 1989)
Giovanni Paolo Panini fue un pintor italiano que según cuentan los textos de los especialistas estaba obsesionado con Roma. Dedicó gran parte de su vida y obra a representar a través de sus cuadros la antigua Roma. Igual ponía su atención en plasmar con el pincel la gloriosa época pasada de la ciudad de ciudades, que conocía mediante documentos y estudios, como en las ruinas que se encontraba por la Roma que le tocó vivir en siglo XVIII, toda vez que abandonó su Piacenza natal. Por lo que sus obras que más se conocen son las ruinas de la ciudad de sus amores y las fidedignas representaciones de un pasado que nunca llegó a vivir. Tanto que su cuadro Interior del Panteón es la ilustración más utilizada por los profesores de Historia para que sus alumnos se hagan una idea de cómo era el monumental edificio por dentro.
Existen dos cuadros de Panini en el Metropolitan Musuem de Nueva York, que se encuentran, como una historia de dos partes, uno al lado del otro. Se llaman Roma Antigua y Roma Moderna. El mundo entero de Roma se guarda en esos dos lienzos. El pasado y el presente. Lo que fue y lo que es. A primera vista, ambas obras parecen iguales, pero no tienen nada que ver. Bueno, sí, ambos cuadros tiene un nexo en común: la oda a Roma.
Roma Antigua

Roma Moderna

Cuando estás frente a ellos, puedes sentarte en un banco y tener uno a tu derecha y otro a tu izquierda. La primera vez que los vi sólo pensé una cosa: de alguna manera, yo también querría hacer algo parecido con Nueva York. Comprimir toda esta inabarcable ciudad para dejarla al alcance de todos. Es tarea imposible. Pero me siento un poco como Panini; obsesionado y con las manos pidiéndome que escriba de esto y de lo otro. Cada vez lo tengo más difícil para con Serenatas, pero el siguiente paso de esta obsesión, y a la que os animo a formar parte como en Serenatas si todavía no estáis lo suficientemente cargados de mí, es otro blog. Esta vez con el soporte de la revista musical Efe Eme. Sounds of New York sólo tratará música. Se actualizará más o menos semanalmente. Puede que Serenatas pierda algo de fuelle por este nuevo blog y por otras cuestiones que me comen el tiempo, pero sólo espero que algún día os acordéis de Serenatas y Sounds of Nueva York como si de los cuadros de Panini se trataran, repletos de postales formando un humilde y apasionado collage de una ciudad que lo merece.
De siempre se ha sabido que un periódico en jornada dominical abulta el doble o más que cualquier otro día de la semana, pero para llevarse un New York Times en domingo hace falta desayunar el doble que cualquier otro día, además de una fuerza fuera de toda duda.
En la Universidad de Nueva York (NYU), me da clases una profesora neoyorkina, que antes fue durante muchos años periodista del New York Times, y dice que el periódico de los domingos está pensado para leerse a lo largo de una semana, o para conseguir que alguien dedique toda la jornada dominical a su lectura. Es por eso que a mitad de semana, pongamos un jueves, puede verse a gente en el metro leyendo uno de sus múltiples suplementos. Y es por eso que el New York Times de los domingos sale publicado en una edición especial ya los sábados por la tarde-noche. Lo fácil por tanto es ver a muchos neoyorkinos comprando el Times (llamado así popularmente) a la salida de un restaurante un sábado por la noche en uno de los tantos delis abiertos 24 horas.
Pero se compre en sábado o domingo, hace falta mucho tiempo para leerlo y una buena forma física. No exagero. El diario, cargado de suplementos, pesa una barbaridad. Al periódico corriente, formado por este orden por las noticias internacionales, nacionales y opinión, le acompañan los domingos catorce secciones. Paso a comentar algunas. Arts&Leisure donde se habla de cine, música y teatro. Metro Section dedicada a sucesos y con artículos especiales. Travel donde se visitan ciudades y países a través de reportajes. Sports con especial atención a todos los deportes estadounidenses como el baseball, el fútbol americano o el basket. SundayStyles enfocada a la moda y nuevos restaurantes. Job Market que hace de guía de oportunidades para buscar trabajo. SundayBusiness que gira en torno al mundo de los negocios. Automobiles sobre coches. Real Estate sobre bienes inmuebles. Book Review que analiza nuevos libros y hace reportajes exhaustivos sobre autores. The City que recoge todas las noticias y reportajes sobre la ciudad de Nueva York.
El New York Times guarda todo el significado de la ciudad al ser un periódico incómodo de leer como ninguno al mismo tiempo que una referencia absoluta para cualquier neoyorkino. Sólo ellos, los neoyorkinos, tienen la coordinación suficiente como para leerlo en el metro sin pasar apuros, que las hojas se caigan o golpeen con su tamaño desmedido al de al lado. A pesar de una publicidad exagerada en sus páginas, la reputación del Times está intacta y sigue siendo un faro para una profesión, la periodística, cada vez más endeble y lejos del rigor y la calidad que se la presuponen.
Por cierto, que una de las cosas que más adoran los neoyorkinos de su New York Times son los crucigramas, que aumentan el grado de dificultad según avanza la semana, culminando con el dominical, en el New York Times Magazine. Y este escribiente se pregunta: ¿cómo lo hacen? Además de leerse ese legajo de papeles que parece una enciclopedia por entregas, sacan tiempo para crucigramas imposibles.