Alas para el soccer neoyorkino
Después de nueve jornadas, el New York Red Bulls está en lo más alto de la tabla de la conferencia Este de la Liga de fútbol estadounidense. Una buena noticia para un equipo que comenzó el año con polémica. El New York Red Bulls antes era conocido como MetroStars, pero la famosa empresa de refrescos enérgicos compró el club y decidió cambiar el nombre. Buena parte de la afición, que cada año aumenta por la abundante inmigración latina, se lo tomó muy mal. Casi nadie vio bien que las estrellas fueran sustituidas por toros rojos.
Pero parece que la fórmula funciona y la llegada de Red Bull ha dado alas al conjunto neoyorkino, que lleva casi toda su vida ofreciendo una imagen muy pobre, desde que en 1996 se fundó la liga estadounidense. El año pasado sólo llegó a cuartos de final, a pesar de tener un presupuesto generoso. En estos once años, de hecho, nunca han conseguido un título, aún teniendo un catálogo de ilustres jugadores en su plantilla.
El primero de ellos fue Roberto Donadoni. Después de pasar por un glorioso Milán, rindió a un nivel suficiente cómo para que se especulara su fichaje por el Real Madrid. Con él coincidió Branco, el lateral zurdo brasileño que nunca desmereció a balón parado a Roberto Carlos. Sin embargo, Matthäus trajo el mejor palmarés. El incombustible capitán alemán llegó a la Gran Manzana por todo lo alto. Otros jugadores que mejoraron la fotografía de la plantilla neoyorkina fueron Youri Djorkaeff, Adolfo "Tren" Valencia o Alexis Lalas, considerado en su día el jugador estadounidense más valioso de la historia.
David Bechkam era siguiente en esta lista, según los nuevos dueños del MetroStars, pero el inglés terminó fichando por Los Ángeles Galaxy. A comienzos de año, New York Red Bull perdían un gran profesional, y un contrato publicitario por millones de dólares, que daba alas hasta el equipo menos afortunado del mundo.
*Artículo publicado por el diario La Voz del Deporte en la colaboración de los martes.
Localizada al oeste de la Calle Cuatro en su intersección con la Sexta Avenida, La Jaula es garantía de entretenimiento. Tanto, que si un turista pregunta en el Village dónde ver un buen partido de baloncesto en la ciudad, el neoyorkino de turno, seguramente, le aconsejará dirigir sus pasos hacia la zona de Washington Square antes que al Madison Square Garden. Y tiene su sentido. La Jaula es la quintaesencia del baloncesto callejero, que en Estados Unidos tiene una legión de fieles seguidores desde la década de los años 60.
Con su gorra de los antiguos Brooklyn Dodgers, Jackie destacó en el campo como un jugador repleto de cualidades, capaz de ponerse al frente de un equipo con el que ganó seis campeonatos, aunque no hubo nadie con su paciencia y perseverancia. Durante sus primeros años, Jackie fue diana de una colección de insultos racistas mientras su buzón se llenaba cada semana de cartas con amenazas de muerte. En el terreno de juego, tuvo que soportar que algunos lanzadores le tiraran a dar con la pelota a la cabeza o las piernas y más de un catcher le escupiera al pasar a su lado. Pero Jackie terminó por ganar la batalla. Llegó a ser reconocido el jugador más valioso del campeonato y su dorsal 42 fue retirado a modo de homenaje.
Presumen los neoyorkinos que el Madison Square Garden es la mejor ‘arena' del mundo. Al menos, cuando se inauguró fue la más espectacular. Ciertamente, todavía hoy vivir un partido en el Madison es toda una experiencia.
El imprescindible Billy Wilder, que dio al séptimo arte obras maestras como El apartamento o Con faldas y a lo loco, pasó los últimos años de su vida con no más hobbies que el béisbol, ante una industria del cine que terminó por quitarle su mayor ilusión. Bajo la luz radiante del sol de California, cada mañana acudía a su despacho de Hollywood, donde se perdía en las cifras y crónicas de la prensa, después de haber visto algún partido la tarde anterior en su residencia de Beverly Hills. De alguna manera, Wilder tomó una decisión: dejó el cine por el béisbol.

