Wednesday 11 de July de 2007

Ocho cosas

Las reglas:


1. Cada jugador (a) comienza con un listado de ocho cosas sobre sí mismo.
2. Tiene que escribir en su blog esas ocho cosas, junto con las reglas del juego.
3. Tiene que seleccionar a ocho personas más para invitar a jugar, y anotar sus blogs/nombres.
4. No olvides dejarles un comentario en sus blogs respectivos de que han sido invitadas a participar, refiriendo al post de tu blog: "El Juego".


A decir verdad, no soy dado a estas cosas, pero la buena de Rain se ha acordado de mí y me ha invitado a participar en este juego. Así que recojo el guante.

Como este blog sólo fue concebido por y para Nueva York, aunque puede que como telón de fondo o en mitad de la orquesta servidor se encuentre por ahí revoloteando, no puedo por menos que relacionar el listado de ocho cosas con Nueva York, más concretamente con mi experiencia neoyorkina.


1. Creo que la perfección es el mayor enemigo del amor. Nunca he creído que Nueva York sea la mejor ciudad del mundo para vivir. De hecho, Nueva York es tremendamente imperfecta. Cualquier pueblo costero seguro que ofrece más calidad de vida que esta ciudad. Pero es que estoy convencido: si Nueva York hubiese sido alguna vez perfecta, no habría robado el alma a tanta gente. A mí tampoco.

2. Adoro Madrid, o al menos todo lo que para mí representa mi ciudad. Hay una parte de mí que tiene ganas de volver. Pero odio cuando la gente me compara Madrid, u otra ciudad, con Nueva York, o viceversa. A mí no se me pasa por la cabeza. Odio cuando la gente me pregunta cuál ciudad es mejor. Ya no es elegir entre mamá y papá, es que esa pregunta no tiene respuesta. Siempre hago por decirme: la gente que diga y haga lo que quiera. Ahora, yo digo: Madrid es mi hogar, mi tierra; Nueva York es mi cielo. Unas veces se vive en uno, otras veces en otro.


3. Me siento más seguro con los dementes que pueblan las calles de Nueva York, esos locos genuinos de estas aceras que silban como pájaros para pedir un perrito caliente, se cubren de papeles el cuerpo o gritan solos ante un escaparate, que con cualquiera de los patrones de lo correcto que de traje y corbata te sonríen, te estrechan la mano y parecen predestinados a ayudarte sin nada a cambio.

4. Creo que la rutina en su justa medida es saludable. No hablo del trabajo en cadena ni de las cadenas del trabajo. Hablo de las rutinas que uno mismo cultiva como pequeños jardines secretos donde descansar el espíritu. Al contrario de lo que pueda parecer a primera vista, Nueva York, esa ciudad disparatada en su ritmo frenético, está sujeta a millones de fuertes y diminutas rutinas. He llegado a comprobar que un mejicano se presenta a la misma hora todos los días en uno de los parquecitos de Herald Square para sentarse siempre en la misma silla y ver pasar a las mujeres a la luz del sol. Sus ojos son como la cámara de Harvey Keitel en el personaje de la película "Smoke".

5. A riesgo de ganar algún improperio, considero que Paul Auster está sobrevalorado. Posiblemente, sea el escritor que más oportunidades he dado en mi vida para que me llame con más intensidad. Pero no ha habido manera. Me encanta el guión de "Smoke", lo demás, creo, no merece tan buenos calificativos y galardones.

6. Dos de mis platos favoritos son la paella y el gazpacho. En Nueva York, te ponen una pseudopaella con tropezones de chorizo, entre otras lindezas, o te la cobran a cambio de un riñón. Por ahora, siempre he necesitado un riñón para vivir, por lo que llevo meses esperando un buen y auténtico plato de paella. El gazpacho, otro artículo de lujo para los neoyorkinos, no sé de dónde lo sacan, pero su color ya sólo recuerda a un puré de zanahorias. En el colegio, cuando estaba en preescolar, escondía el dichoso puré de zanahorias dentro del vaso de plástico para poder irme de una vez al patio.


7.- No vivo en Nueva York, vivo en Jersey City, en el estado de Nueva Jersey. De hecho, nunca he vivido en Nueva York. La otra vez que estuve aquí por unos meses fue también en Jersey City. Supongo que alguno podrá sentirse estafado. Qué le vamos a hacer. Puede que quedase mejor que estas "Serenatas" tuviesen su epicentro en cualquiera de los cincos distritos neoyorkinos, pero todo vibra desde Nueva Jersey, el estado a la sombra de Nueva York y que sólo está a diez y veinte minutos según el tren que cojas. Además, es más barato. Lo que puede bajarme a un segundo escalón, para mí es toda una declaración de intenciones. Vivo en el estado y en la onda de Bruce Springsteen, el mismo Sinatra, el doctor House y, cómo no, Tony Soprano. Por cierto, el otro día me crucé en persona por el Greenwich Village con Steve Schirripa, que interpreta a Bobby Baccarieli, el cuñado un poco tonto de Toni Soprano.


8.- A "Serenatas de Nueva York" le quedan menos de ocho mensajes para dejar de sonar. Pero estoy convencido que mí me quedan muchas cosas que contar sobre esta ciudad y es mi verdadero reto. Espero que algún día sepáis de ello, sino podéis acordaros de este blog como lo que pretendió ser: una canción nocturna, personal e imperfecta de Nueva York.


Paso el testigo, si lo quieren coger y andan por ahí, a Cielo Vacío, Cuentos prescindibles, El lagarto, Botxo Follies, K, La interrogación, The Constant Sorrower y Lex Lleixes.

Posted by Fernando Navarro at 07:20:13 | Permanent Link | Comments (16) |

Wednesday 25 de April de 2007

Pinchando música III

Es una de las mejores 500 canciones de todos los tiempos para el salón de la Fama del Rock'n'Roll. El público estadounidense entendía esta canción como un verdadero himno del rock'n'roll de siempre, inquebrantable, inocente, apasionado. La gente sabía que el cancionero de Bruce Springsteen era espectacular pero ellos y ellas habían hecho de esta canción la fiesta del rock´n´roll.

Podías haber llorado, podías haber creído, podías haber suplicado, podías haber soñado, pero al final del concierto, todo se resumía en la canción de rock'n'roll por excelencia. Durante muchísimos años, Bruce y sus chicos cerraban sus actuaciones con esta canción. Eran los mismos años en los que creció y se hizo real la leyenda de que Bruce y sus chicos ofrecían el mejor espectáculo de rock'n'roll sobre un escenario. Luego, de un día para otro, la canción dejó de sonar en los conciertos y se convirtió en una rareza que los fans pedían con pancartas.

Con la llegada del videoclip en los ochenta, sólo había una forma de mostrarla a todos aquellos que nunca la habían disfrutado en un concierto. El videoclip mostraba a Bruce y sus chicos interpretando este tema en directo, sin añadiduras, sin cortapisas. La revista Rolling Stone lo seleccionaría como uno de los 100 mejores videoclips de todos los tiempos.

Fue grabada en 1973. Por entonces, la E Street Band estaba a medio hacer. Pero Clarence Clemons ya tocaba con Bruce Springsteen. En la contraportada del álbum The Wild, the Innocent & the E Street Shuffle, Clemons aparecía sonriente en una banda de jóvenes desaliñados.

La radio estadounidense no es tonta. Especialmente, las emisoras de rock clásico, que siempre saben mejor que nadie lo que pinchan. Como escuché a un locutor una vez antes de pincharla, "a todos se nos han roto las piernas bailando esta canción"

Hazme sitio, Rosie / El doctor va a venir para soltar las riendas de su chica / Saldremos juntos esta noche / A correr por la autopista

Rosalita (Come Out Tonight)

alt : http://www.youtube.com/v/5WL25NcSIgM

PD. ¡Jose, enhorabuena! Mándame un privado a mi cuenta de correo y te envío la sorpresa musical. A los demás muchas gracias por participar. ¡Siento haber provocado más de un dolor de cabeza! Fue Sergio quien la nombró el primero pero después de decir tres o cuatro canciones de una tirada y eso no podía ser. Terminó cogiendo ‘Spirit in the night’, otro temazo. Lo siento.

No me deja colgar el conocido vídeoclip, así que he puesto otro del concierto de Hammersmith en Londres de 1975. Pero recomiendo, para el que nunca lo haya visto que pinche sobre la palabra subraya del videoclip, e irá directo a un final de locura.

 

Posted by Fernando Navarro at 07:11:27 | Permanent Link | Comments (6) |

Thursday 19 de April de 2007

Pinchando música

La radio estadounidense es un chollo para quien le guste el rock´n´roll. Estás en el supermercado y puedes escuchar un clásico del hilo radiofónico, mueves un poco el dial de la radio de casa y te encuentras con buen tema o enciendes tu MP3 y rápidamente coge una emisora que no te defrauda. Lo que en España sólo puede escucharse a cuenta gotas, aquí abunda. Cada día es una sorpresa. Algunas emisoras especializadas en rock, pop o jazz son monumentos para el disfrute de los oídos. Sin ir más lejos, Bruce Springsteen es uno de los más pinchados.

Quisiera proponer una cosa. Quien adivine que canción del señor Springsteen es la más pinchada, o al menos la que más he escuchado desde que estoy en Nueva York, será premiado con una sorpresa musical. Sólo se puede decir un título de canción por persona y contará el orden de llegada de los comentarios. La sorpresa irá por correo ordinario. Doy dos pistas: la canción no es del último álbum publicado y cuenta con el sonido del saxofón de Clarence Clemons. Esperaré una semana desde hoy jueves o hasta que alguien acierte.

Puede que todo esto sea una tontería, pero es que no encuentro otra manera de celebrar, con todos los que os molestáis en pasar por "Serenatas de Nueva York", que hoy me cae otro año. Mis deseos: salud, paz... y Rock On!

Posted by Fernando Navarro at 06:48:30 | Permanent Link | Comments (24) |

Thursday 08 de March de 2007

La música de Tomi

Mi amigo Tomi nunca ha estado en Nueva York. Que yo sepa, a Tomi le gustaría conocer esta ciudad pero tampoco Tomi, por lo que te cuenta, es de los que parece llevar un alma neoyorkina dentro. O puede que sí. Nunca se sabe. Las pasiones no las elegimos, nos eligen ellas a nosotros. Me atrevo a calificar mi amistad con Tomi como una verdadera pasión. Me eligió hace hoy muchos años y desde entonces no podría ponerle un solo pero.

No recuerdo cuando fue la primera vez que Tomi supo de mí y yo de él. Fue gracias a Internet, eso sí lo sé. Y fue a través de la música. Yo era un chaval imberbe y él era un tío más mayor que yo que sabía mucho de música. Cuando hablaba de ella en un foro sobre Bruce Springsteen yo sentía que era como abrir una enciclopedia musical que nunca se había escrito, pero con la salvedad de que los mensajes de Tomi no llevaban esas palabras académicas que uno nunca entiende. Tomi escribía para mí. Supongo que porque escribía para él. Cuando Tomi escribía de música no lo hacía como pasatiempo, era, creedme, puro sentimiento. El mismo que desprendía cada uno de sus mensajes cuando se salía de la música y trataba otros temas que podían tocar a todos. Era una persona lúcida como pocas.

Fue por eso que pronto, y como nadie, empezó a poner palabras a mis inquietudes musicales. Hablaba de soul, de funk, de rock'n'roll de los cincuenta, de punk, de pop y rock españoles, de cualquier género, con una claridad de ideas y una fuerza que ya la quisieran para si muchos. Sin duda, Tomi me empujó a enamorarme de la música. El chaval que quería saber un poco más allá de Bruce Springsteen se puso a correr hacia las tiendas de discos en busca de los discos de Tomi. Creo que él nunca lo ha sabido, pero me pasé muchos años apuntando en un cuaderno cada uno de los nombres y discos que en sus mensajes se recogían.

Lo mejor fue entablar amistad con Tomi. Cada un tiempo te mandaba discos por correo, siempre perfectamente presentados con sus carátulas y con una preciosa postal de alguna película clásica acompañándolos. Los discos que te hacía llegar Tomi eran casi imposibles de encontrar en las tiendas. Rarezas, nuevas bandas, artistas de culto... verdaderas joyas. Al chaval que yo era también le fue guiando con recopilaciones y discos de los más grandes artistas que ha dado este arte. Todavía recuerdo cómo disfruté la primera vez que puse mi primer disco de Sam Cooke de la mano de Tomi. Era una tarde radiante de primavera después de la Universidad y Sam Cooke cantaba "Wonderful World" que encogía el corazón.

Después de un par de años, terminé por conocer a Tomi en persona. Seguía siendo un chaval y me temblaban las piernas por encontrarme con gente más mayor que yo y que sólo conocía por Internet. De alguna manera, sentía que me había escapado del patio del colegio. Sin embargo, mejor huída fue imposible. Tomi era mejor en carne y hueso. No era el ratón de biblioteca que me había imaginado; al contrario, era un auténtico hombre de la calle, radiaba humanidad por los cuatro costados.

Aquella noche en la que nos pusimos cara fue en un concierto de Willie Nile en la Boca del Lobo de Madrid. Tomi me dio un par de discos, me dijo que Willie era casi Dios y se cogió el coche y se volvió de camino a Valladolid. La sincera pasión de Tomi por la música tenía estas cosas. Era normal que se fuera a ver a un cantante a Madrid, para regresar después del concierto a altas horas de la noche a Valladolid porque al día siguiente tocaba ir al trabajo.

A todo esto hay que poner el presente; porque sigo apuntado los discos a los que Tomi hace referencia, porque Tomi escribe y habla de música con la ilusión del primer día, porque Tomi baila y va conciertos con la ilusión de la primera vez, porque Tomi te trata y te hace sentir como si fuera tu primer amigo, porque Tomi, en definitiva, es como la mejor música, tan imprescindible como siempre. El talento de Tomi no se encuentra en ninguna escuela. Como le dije un día, medio en broma medio en serio, eres un artista de la vida, y eso a la larga es más difícil que componer la mejor canción del mundo.

Digo todo esto hoy, que vivo en Nueva York, la ciudad de la música. Digo todo estoy hoy, que no sabría vivir sin música, no concibo mi vida sin ella, por eso es normal que me sienta en deuda para siempre con Tomi. Por eso, es normal que me duela no estar presente en la boda de Tomi, que se casa este sábado con Blanca mientras yo brindaré al sol en Nueva York por ellos. Blanca es una mujer afortunada, a partir de ahora su vida va a tener una banda sonora de película cinco estrellas. También Tomi es afortunado. Lo poco que conozco a Blanca me dice que es una persona en la que se podría confiar en los peores momentos, que son al fin y al cabo en los que la confianza se necesita más que el agua en el desierto. Les auguro una vida llena de buena música. Son dos corazones mejor que uno. Son dos en la carretera.

Salud y AMOR.

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Friday 02 de March de 2007

Patos (II)

El taxista era un listo.

-Aquí no puedo dar la vuelta, amigo. Esta calle es de dirección única. Tendremos que seguir hasta la Diecinueve.

No tenía ganas de discutir:

-Está bien - le dije. De pronto se me ocurrió preguntarle si sabía una cosa-. ¡Oiga! -le dije-. Esos patos del lago que hay cerca de Central Park South... Sabe qué lago le digo, ¿verdad? ¿Sabe usted por casualidad adónde van cuando el agua se hiela? ¿Tiene usted alguna idea de dónde se meten?

Sabía perfectamente que cabía una posibilidad entre un millón. Se volvió y me miró como si yo estuviera completamente loco.

-¿Qué se ha propuesto, amigo? -me dijo-. ¿Tomarme un poco el pelo?

-No. Sólo quería saberlo, de verdad.

No me contestó, así que yo me callé también hasta que salimos de Central Park en la calle Diecinueve.

El guardian entre el centeno (The Catcher in the Rye - J. D. Salinger)


A los pocos días de llegar a Nueva York cogí un tren que recorre a cielo abierto Nueva Jersey hasta la ciudad de Newark. Pasé por los mismos paisajes que salen en muchos capítulos de Los Sopranos. El tren iba por esos puentes industriales de acero y hierro. El skyline de Manhattan aguardaba cada vez más pequeño a lo lejos, hasta desaparecer envuelto en el humo de las chimeneas de las fábricas de Jersey.

En mitad del viaje, al otro lado de la ventanilla, una bandada de patos apareció de la nada. Me acordé de Toni Soprano, que nunca fue el mismo después de la marcha de los patos. Así se lo confesó a su psicóloga. Y, en cambio, la vida de Toni no varió mucho, si acaso se complicó un poquito más. Pero entiendo a Toni. Aquel día, los patos volaban rumbo al horizonte naranja de una tarde en retirada. Y es cuando me lo imaginé más que nunca sentado en su piscina y sin patos. Me dio mucha pena.

Han pasado los días. El frío se adueñó de Nueva York hace tiempo con nevadas y temperaturas de -20 grados bajo cero. Y tengo algo que decirle a Holden Caufield. Fui a Central Park. Y los patos, colega, se abren paso no sé cómo cuando el agua se hiela. Terminan por reunirse todos juntos, como cuando vuelan, en un pequeño espacio de agua en mitad del lago congelado. Tal vez, Toni tendría que venir también a verlo a Central Park South. Mientras tanto, lo único importante es preocuparse por los patos. Creo que lo estoy aprendiendo. Lo demás es superfluo.

 

Posted by Fernando Navarro at 05:53:33 | Permanent Link | Comments (6) |

Friday 09 de February de 2007

Capítulo primero

Capítulo primero. Él se había prometido que algún día dedicaría a Nueva York su serenata más personal. Él sabía que había llegado a la ciudad de sus sueños por más razón de la que le tenía ocupado en estos momentos. Buscaba fundir la ciudad en él, o a lo mejor buscaba fundirse él en la ciudad. Sentía que el sitio más inexplicable del mundo guardaba el mismo extraño compás que sus vibraciones. Creía en la palabra, en la tinta y en la soledad. El tren de la noche está para cogerlo, una voz susurraba desde la lejanía. Nueva York. Pero siempre... pero siempre.... pero siempre aparecía el capítulo primero.


Manhattan (Woody Allen - 1979)

Capítulo primero. Él adoraba Nueva York. La idolatraba de un modo desproporcionado. No, no, mejor así: Él la sentimentalizaba desmesuradamente. Eso es. Para él, sin importar la época del año aquella seguía siendo una ciudad en blanco y negro que latía a los acordes de las melodías de George Gershwin. Ahh, no, volvamos a empezar...

Capítulo primero. Él sentía demasiado románticamente Manhattan. Vibraba con la agitación de las multitudes y del tráfico. Para él, Nueva York era bellas mujeres y hombres que estaban de vuelta de todo. No, tópico, demasiado tópico y superficial, hazlo más profundo. A ver.

Capítulo primero. Él adoraba Nueva York. Para él, era una metáfora de la decadencia de la cultura contemporánea, la misma falta de integridad que empuja a buscar las salidas fáciles convertía a la ciudad de sus sueños en... umm... no, no, suena a sermón, en fin, tengo que reconocerlo; quiero vender libros.

Capítulo primero. Adoraba Nueva York, aunque para él era una metáfora de la decadencia de la cultura contemporánea. Qué difícil era sobrevivir en una sociedad insensibilizada por la droga, la música estrepitosa, la televisión, la delincuencia, la basura. Umm. No, demasiado amargo, no quiero serlo.

Capítulo primero. Él era tan duro y romántico como la ciudad a la que amaba. Tras sus gafas de montura negra, se agazapaba el vibrante poder sexual de un jaguar. Ja, esto me encanta. Nueva York era su ciudad, y siempre lo sería.

Posted by Fernando Navarro at 05:26:37 | Permanent Link | Comments (2) |

Tuesday 16 de January de 2007

Born to run

Cuando escuché por primera vez "Born to run" sentí que se me revolvía el estómago. Recuerdo que estaba tirado sobre la cama y acabé de pie, en esa medianoche cualquiera, preguntándome el camino que tomaban esas guitarras desbocadas al unísono, ese órgano desorbitado y ese saxofón trepidante cuando ese melenudo de la cazadora de cuero se partía la voz, cada segundo más, para terminar diciendo aquello de "vagabundos como nosotros, nena, nacimos para correr".

Desde entonces y durante unos meses, intenté explicar torpemente a mis amigos más cercanos el significado de esa música y esa letra. Nada me hacía más ilusión que cogieran ese disco y se lo llevarán a casa y al día siguiente me dijeran que también acabaron de pie, en mitad de la habitación preguntándose no sé el qué. Pero fue vano. No es que me molestara pero llegué a sentirme muy frustrado porque nadie de la gente que más quería era capaz de engancharse a la canción como yo.

Esa canción se convirtió en una especie de himno para mí. Cuando estaba solo en casa me la ponía y me arranca a soñar. Cuando estaba con los amigos y surgía la posibilidad de escucharla, me sentía en mi territorio, extraño conocedor de algún secreto, mientras unos y otros, incrédulos y cálidos, me decían "tu canción". Cuando iba algo borracho y sonaba esa zumbante batería, saltaba de un brinco y podía acabar soltando alguna lágrima.

Sin embargo, el tiempo hizo que esa canción quedase aparcada en algún rincón, como un viejo coche en perfectas condiciones pero eclipsado por otros modelos más modernos. También fue algo natural. No quería cargarme el coche y lo reservaba para el momento oportuno, si lo había.  

Cuando dudé si me venía a Nueva York por encima de todas las cosas, pinché esa canción y esperé a la reacción. Hoy, un buen amigo, gran profesor que he tenido en la carrera de Historia y mejor maestro, me ha recordado, vía Internet, lo qué significa Nueva York. Con su sabiduría, me ha asegurado que el coche aspira a llegar al final del camino, bajo el sol, bajo las estrellas. Hoy, todavía, muchos años después, he sentido las mismas tremendas ganas de escuchar "Born to run" y sigo preguntándome hacia dónde lleva ese camino, dispuesto ahora a saber si es real.

Posted by Fernando Navarro at 07:44:24 | Permanent Link | Comments (9) |

Monday 08 de January de 2007

El paraíso imperfecto

-Es cierto -dijo melancólicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno-; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve. (Augusto Monterroso - El Paraíso imperfecto)

El paso por Madrid ya se ha terminado. De nuevo, esta pantalla en blanco y yo, a pocas horas de coger un vuelo para Nueva York. Menudo suspiro la vida. Cuando me temblaban las manos hace unos meses para abrir este blog, cuando me flojeaban las piernas hace unos años para partir por primera vez, y esta noche, de nuevo, el cielo estrellado y la misma figura amparada por una tímida luz.

La intensidad de los días no me ha dado respiro. Parece imposible pero unos veinte días no dan para tanto. Siempre se quedaba algo por hacer. Sin embargo, en menos de tres semanas he podido recuperar sensaciones para mucho tiempo. He visto mi Madrid más fascinante que nunca, mostrando su particular caos de siempre y sobreviviendo con vida y fuertes impulsos a las obras y los desajustes. Saber que espera Madrid no puede ser mala noticia.

Éste es un motivo para no marchar. Hay muchos más, cada uno con su nombre. El más grande la familia. Ella lo sabe mejor que nadie. Y los amigos. Cada copa que me he tomado con cada uno de vosotros, cada conversación, cada anécdota, cada canción, cada sorpresa, cada recuerdo, cada ilusión y cada secreto que hemos compartido son, cada uno, un motivo para no marchar. Como también lo sois cada uno con los que he hablado por teléfono y no hemos podido estrecharnos un abrazo, o cada uno que no nos hemos visto pero nos hemos tenido presente en algún momento; cada uno, habéis sido un motivo.

Me siento muy afortunado. Tengo que decirlo. Ya lo dijo el poeta, vende más, siempre ha sido así, una historia de desesperanza, el drama de un personaje que no tiene solución o los finales tristes, pero hoy por hoy esta serenata no está aquí para vender. No tengo ningún motivo para venderla. Me han regalado lo que soy.

Podría, podríamos quedarnos. No pasaría nada malo. Todo lo contrario, habría un montón de cosas buenas. Pero no son sólo las cosas buenas las que forjan el espíritu de las personas. Siento, como un viajero que abandona el hogar de noche, que hay que ir al encuentro. En esta duermevela, me confieso. Ahora más que nunca estoy dispuesto a ir al encuentro. No diviso los horizontes pero he llegado hasta aquí y necesito adentrarme en este camino. Estos días he visto, me han contando, otras direcciones que pude haber tomado si no hubiese partido. Las tuve en mi mapa, pero ahora regreso, de nuevo, a Nueva York porque allí siento que sigue siendo la única forma de ver todo lo demás.

"Serenatas de Nueva York" espera exprimir al máximo esa ciudad para todos vosotros. Y yo espero ver el cielo entre las luces de los rascacielos.

Posted by Fernando Navarro at 04:22:40 | Permanent Link | Comments (8) |

Friday 29 de December de 2006

Blood Brother

Se acaba el año y, como siempre, es inevitable echar la vista atrás. Sin duda, mi 2006 está protagonizado por Nueva York, por estas serenatas que suenan y que ya cubren, injustamente o no, todo lo que ha pasado este año, que por otro lado ha sido fructífero y lleno de buenos momentos. Un año que comenzaba lleno de dudas y esperanzas y acaba posiblemente con muchas de unas y otras todavía en el aire, y otras nuevas, pero con la más importante resuelta, tangible: Nueva York. Este blog es en la medida de lo que cabe un testimonio de ello. Pero acaba el año y, entre reflexiones y recuerdos, quiero hablar del comienzo de todo, de la inspiración. Porque Nueva York se lo debo a Toni.

Visto desde la distancia que ofrece el tiempo, conocí a Toni de la única forma que podía conocerle: de una manera extraordinaria. La primera vez que le vi en persona fue en Nueva York, que era el sitio en el que el destino había querido que nos encontráramos.  

Durante años, sabíamos el uno del otro a través de Internet. Por una lista de correo sobre Bruce Springsteen, por un chat o por emails. Él sabía cómo me iba en la carrera mientras me recomendaba películas antiguas y me contaba anécdotas de su vida. Tampoco era una relación muy regular. A veces, había meses en los que no sabía nada de él y viceversa. Era lo normal. Pero un día sucedió que le dije que estaba pensando en irme unos meses fuera, a estudiar inglés, y él me facilitó todo.

Fue gracioso. El día antes de coger el avión hacia Nueva York, me pidió por un email urgente que le mandara una foto mía. Ninguno habíamos caído: no nos conocíamos físicamente. En los dos o tres meses previos a llegar a Nueva York, cuando ya tenía claro que me iba para allá, recuerdo no haberme preocupado en absoluto por Toni, es decir, como me decía mucha gente: qué era eso de irse a casa de un tío que no conoces de nada. Ciertamente, ser precavido era lo más normal. La gente que me quería de verdad lo decía para protegerme, los que no tanto sólo decían tonterías. Pero para mí era como una certeza, quizás porque alguien que me había recomendado fervorosamente a Charles Chaplin, cuando uno es un chaval inocente y con todo el mundo por delante, era garantía suficiente.

Aún recuerdo, como si fuera hoy, mi primera noche en Nueva York. El impacto de la ciudad fue tremendo, pero no menos fue mi primera charla con Toni. Bajo la lamparita verde del diner, con un pequeño jukebox de mesa haciendo sonar a Elvis Presley, Toni me resumió su vida mientras se fumaba un cigarrillo tras otro en lo que dura una cena en la que uno se come una Rock´n´roll Burger. Con el don de la palabra, se dejó de anécdotas y fue al grano. Como él mismo me dijo, el primer día ya sabes quién es Toni, de principio a fin. La opción de elegir fue mía. De nuevo, el tenerlo claro fue la cosa más natural del mundo.

Los dos llegamos a Nueva York huyendo de algo. Cada uno con sus cosas y yo, sinceramente, impulsado por la desorientación habitual de todo adolescente en edad de crecer. El tener Nueva York como lugar de destino podía ser coincidencia pero el compartir juntos una amistad que crecía cada minuto no lo era. El haber conocido como conocí Nueva York, o el haber visto a Bruce Springsteen a dos metros de mí en el Stone Pony durante un concierto memorable y poder darle la mano al final como si fuera mi vecino, o el haberme sentido más periodista que nunca desde Nueva York, eran hechos suficientes para hablar de la experiencia de mi vida. Sin embargo, nada podía compararse a lo que significaba mi amistad con Toni. Cuando nos despedimos en el aeropuerto, de regreso a Madrid, lloré. Pero no lo pasé peor que cuando esa misma mañana haciendo las maletas escuchamos juntos y en silencio la canción de Serrat; Decir amigo. Lo peor de la vida es cuando no te deja opción. Y cuando nos dijimos hasta la próxima no la había.

Creo que vivir juntos durante tres meses nos cambió para siempre a los dos. Nos hizo ver lo que nos faltaba y nos hizo apostar por lo que nos dictaba nuestro corazón. Dos años después, él ya tuvo claro que dejaba Nueva York y yo tuve claro que regresaba con Nines. Y es verdad que al principio me daba miedo volver a Nueva York por mí mismo pero sobre todo por Toni. Nueva York sin él podía no ser Nueva York. Yo sin él en Nueva York podía no ser yo. En los primeros días en la ciudad, veía el fantasma de Toni por todas partes. Un día me acerqué a la puerta de la que fue casa de Toni y pensé en llamar. Quería saber si el fantasma existía. Pero fue el propio Toni el que me dijo desde la distancia que no había fantasma y una tarde paseando por Manhattan sentí que cada loco detalle de esa ciudad me pertenecía.  

Hoy Toni está perdido por algún remoto lugar de Centroamérica. La vida le ha vuelto a poner a prueba. A todo el mundo nos pone, seguramente, pero con Toni a veces se ensaña y parece que trata de ponérselo más difícil que al resto. Pero Toni siempre sale ganando. Por lo que sé de él, para alcanzar el cielo no hace falta estirar un edificio hacia las nubes, basta con intentar que cada mañana haya un motivo. Toni no cree en Dios. Así que ese no es su motivo. De hecho, tiene más de un motivo. Como yo con este mensaje, mi motivo es que una de estas serenatas esté dedicada a Toni.

Hay amigos que pasan a convertirse en hermanos. Hay hermanos que justifican la vida. Lo mejor es que no soy el único hermano de Toni. Los tiene en abundancia, ellos lo saben, y todos sabemos, gracias a él, que nunca hay retirada, que nunca hay rendición.

Posted by Fernando Navarro at 22:27:42 | Permanent Link | Comments (11) |

Friday 22 de December de 2006

Patos

Los patos siempre han sido la verdadera cuestión.

Los que sean, como yo, fieles seguidores de esa maravillosa serie llamada Los Sopranos entenderán de lo que hablo. Para los que todavía no hayan tenido el placer de disfrutar de esta obra maestra por capítulos intentaré explicarlo, aunque lo mejor es acudir a las tiendas, videoclubs, bibliotecas públicas o al fin del mundo y hacerse con las temporadas de la serie.

En su primer episodio, unos patos salvajes habitan el patio de Tony Soprano, el capo de una mafia de New Jersey. No sé sabe de dónde han llegado, pero lo han hecho para quedarse nadando en el agua de la piscina de Tony, que los contempla entusiasmado. No son patos más bonitos que los otros patos, ni más grandes, ni tan siquiera más raros. Son unos patos normalitos, que pasarían desapercibidos en mitad del campo, pero son los patos que se han instalado en la vida de Tony.

Tony está casado con una gran mujer y es padre de dos hijos sanos e inteligentes. Una familia que podría ser perfecta en cualquier serie de televisión pero en ésta no lo es tanto, y además pasan de los patos del cabeza de familia. Tony se preocupa por sus patos pero para su mujer e hijos son sólo patos. Tony podría hablar de los patos en el trabajo, rodeado de sus chicos, cuando se reúnen en el Bada Bing o en el café italiano, pero los chicos de Tony no lo entenderían, por muy fieles que sean a él, o al menos intenten serlo.

El problema viene cuando un buen día los patos se van volando. Tony se prepara para hacer una barbacoa junto a la piscina en el día del cumpleaños de su hijo. Está solo, con su puro encendido, observando los patos en el agua. De repente, los patos agitan sus alas y salen volando, camino de alguna parte con una música de ópera de fondo, lejos de la vida de Tony. En ese momento, Tony siente un mareo, tal vez un ataque de pánico, y cae al suelo tras perder el conocimiento, mientras los patos se van surcando el cielo.

Resulta que es el principio de todo. La serie arranca con Tony sentado frente a su psiquiatra. Un jefe de la mafia abriendo su alma ante una psiquiatra. Cierto. Tony cuenta todo esto; cómo llegaron los patos y cómo se fueron hasta que cayó al césped, rendido por la marcha de los patos. No se sabe muy bien qué significado tienen los patos. No lo sabe la psiquiatra, no lo sabe Tony, no lo sé yo. Sólo se puede decir que para Tony fueron algo especial, tan intangible como auténtico.

Bien pensado, todo el mundo necesita tener unos patos. No sé muy bien qué significa esto, pero creo que forma parte de la condición humana: el tener unos patos, el proyectar parte de lo que llevamos dentro en unos patos. Según se puede ver en las andanzas de Tony Soprano, la vida es imperfecta, irreal, sencilla, difícil, auténtica, mágica, descreída, grande, diminuta, imposible, irremediable. Y Tony vive mucho la vida. Y es verdad, en algún momento, por breve que sea, hacen falta unos patos. El problema es saber vivir sin ellos.  

Posted by Fernando Navarro at 02:18:36 | Permanent Link | Comments (5) |
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