Ocho cosas
Las reglas:
1. Cada jugador (a) comienza con un listado de ocho cosas sobre sí mismo.
2. Tiene que escribir en su blog esas ocho cosas, junto con las reglas del juego.
3. Tiene que seleccionar a ocho personas más para invitar a jugar, y anotar sus blogs/nombres.
4. No olvides dejarles un comentario en sus blogs respectivos de que han sido invitadas a participar, refiriendo al post de tu blog: "El Juego".
A decir verdad, no soy dado a estas cosas, pero la buena de Rain se ha acordado de mí y me ha invitado a participar en este juego. Así que recojo el guante.
Como este blog sólo fue concebido por y para Nueva York, aunque puede que como telón de fondo o en mitad de la orquesta servidor se encuentre por ahí revoloteando, no puedo por menos que relacionar el listado de ocho cosas con Nueva York, más concretamente con mi experiencia neoyorkina.
1. Creo que la perfección es el mayor enemigo del amor. Nunca he creído que Nueva York sea la mejor ciudad del mundo para vivir. De hecho, Nueva York es tremendamente imperfecta. Cualquier pueblo costero seguro que ofrece más calidad de vida que esta ciudad. Pero es que estoy convencido: si Nueva York hubiese sido alguna vez perfecta, no habría robado el alma a tanta gente. A mí tampoco.
2. Adoro Madrid, o al menos todo lo que para mí representa mi ciudad. Hay una parte de mí que tiene ganas de volver. Pero odio cuando la gente me compara Madrid, u otra ciudad, con Nueva York, o viceversa. A mí no se me pasa por la cabeza. Odio cuando la gente me pregunta cuál ciudad es mejor. Ya no es elegir entre mamá y papá, es que esa pregunta no tiene respuesta. Siempre hago por decirme: la gente que diga y haga lo que quiera. Ahora, yo digo: Madrid es mi hogar, mi tierra; Nueva York es mi cielo. Unas veces se vive en uno, otras veces en otro.
3. Me siento más seguro con los dementes que pueblan las calles de Nueva York, esos locos genuinos de estas aceras que silban como pájaros para pedir un perrito caliente, se cubren de papeles el cuerpo o gritan solos ante un escaparate, que con cualquiera de los patrones de lo correcto que de traje y corbata te sonríen, te estrechan la mano y parecen predestinados a ayudarte sin nada a cambio.
4. Creo que la rutina en su justa medida es saludable. No hablo del trabajo en cadena ni de las cadenas del trabajo. Hablo de las rutinas que uno mismo cultiva como pequeños jardines secretos donde descansar el espíritu. Al contrario de lo que pueda parecer a primera vista, Nueva York, esa ciudad disparatada en su ritmo frenético, está sujeta a millones de fuertes y diminutas rutinas. He llegado a comprobar que un mejicano se presenta a la misma hora todos los días en uno de los parquecitos de Herald Square para sentarse siempre en la misma silla y ver pasar a las mujeres a la luz del sol. Sus ojos son como la cámara de Harvey Keitel en el personaje de la película "Smoke".
5. A riesgo de ganar algún improperio, considero que Paul Auster está sobrevalorado. Posiblemente, sea el escritor que más oportunidades he dado en mi vida para que me llame con más intensidad. Pero no ha habido manera. Me encanta el guión de "Smoke", lo demás, creo, no merece tan buenos calificativos y galardones.
6. Dos de mis platos favoritos son la paella y el gazpacho. En Nueva York, te ponen una pseudopaella con tropezones de chorizo, entre otras lindezas, o te la cobran a cambio de un riñón. Por ahora, siempre he necesitado un riñón para vivir, por lo que llevo meses esperando un buen y auténtico plato de paella. El gazpacho, otro artículo de lujo para los neoyorkinos, no sé de dónde lo sacan, pero su color ya sólo recuerda a un puré de zanahorias. En el colegio, cuando estaba en preescolar, escondía el dichoso puré de zanahorias dentro del vaso de plástico para poder irme de una vez al patio.
7.- No vivo en Nueva York, vivo en Jersey City, en el estado de Nueva Jersey. De hecho, nunca he vivido en Nueva York. La otra vez que estuve aquí por unos meses fue también en Jersey City. Supongo que alguno podrá sentirse estafado. Qué le vamos a hacer. Puede que quedase mejor que estas "Serenatas" tuviesen su epicentro en cualquiera de los cincos distritos neoyorkinos, pero todo vibra desde Nueva Jersey, el estado a la sombra de Nueva York y que sólo está a diez y veinte minutos según el tren que cojas. Además, es más barato. Lo que puede bajarme a un segundo escalón, para mí es toda una declaración de intenciones. Vivo en el estado y en la onda de Bruce Springsteen, el mismo Sinatra, el doctor House y, cómo no, Tony Soprano. Por cierto, el otro día me crucé en persona por el Greenwich Village con Steve Schirripa, que interpreta a Bobby Baccarieli, el cuñado un poco tonto de Toni Soprano.
8.- A "Serenatas de Nueva York" le quedan menos de ocho mensajes para dejar de sonar. Pero estoy convencido que mí me quedan muchas cosas que contar sobre esta ciudad y es mi verdadero reto. Espero que algún día sepáis de ello, sino podéis acordaros de este blog como lo que pretendió ser: una canción nocturna, personal e imperfecta de Nueva York.
Paso el testigo, si lo quieren coger y andan por ahí, a Cielo Vacío, Cuentos prescindibles, El lagarto, Botxo Follies, K, La interrogación, The Constant Sorrower y Lex Lleixes.
Fue por eso que pronto, y como nadie, empezó a poner palabras a mis inquietudes musicales. Hablaba de soul, de funk, de rock'n'roll de los cincuenta, de punk, de pop y rock españoles, de cualquier género, con una claridad de ideas y una fuerza que ya la quisieran para si muchos. Sin duda, Tomi me empujó a enamorarme de la música. El chaval que quería saber un poco más allá de Bruce Springsteen se puso a correr hacia las tiendas de discos en busca de los discos de Tomi. Creo que él nunca lo ha sabido, pero me pasé muchos años apuntando en un cuaderno cada uno de los nombres y discos que en sus mensajes se recogían.


Fue gracioso. El día antes de coger el avión hacia Nueva York, me pidió por un email urgente que le mandara una foto mía. Ninguno habíamos caído: no nos conocíamos físicamente. En los dos o tres meses previos a llegar a Nueva York, cuando ya tenía claro que me iba para allá, recuerdo no haberme preocupado en absoluto por Toni, es decir, como me decía mucha gente: qué era eso de irse a casa de un tío que no conoces de nada. Ciertamente, ser precavido era lo más normal. La gente que me quería de verdad lo decía para protegerme, los que no tanto sólo decían tonterías. Pero para mí era como una certeza, quizás porque alguien que me había recomendado fervorosamente a Charles Chaplin, cuando uno es un chaval inocente y con todo el mundo por delante, era garantía suficiente.
El problema viene cuando un buen día los patos se van volando. Tony se prepara para hacer una barbacoa junto a la piscina en el día del cumpleaños de su hijo. Está solo, con su puro encendido, observando los patos en el agua. De repente, los patos agitan sus alas y salen volando, camino de alguna parte con una música de ópera de fondo, lejos de la vida de Tony. En ese momento, Tony siente un mareo, tal vez un ataque de pánico, y cae al suelo tras perder el conocimiento, mientras los patos se van surcando el cielo.

